lunes, 14 de marzo de 2011

Acierto

(1o:35) En el fulgor del primer café con José Luis Sevillano. Me entrega En la belleza ajena, de Adam Zagajewski, como adelanto por mi cumpleaños. Y lo agradezco. Es un libro que siempre quise tener entre mis manos. Parece (es tan extraño como difícil) que acierta siempre con mi regalo. El año pasado fue Noches de blanco papel, de Roger Wolfe. Y el anterior El oficio de vivir y El oficio de poeta, de Pavese. No puedo tener yo queja. En el tren de cercanías, de regreso a Mieres, comienzo un relato que espero terminar esta semana. Llevará por titulo provisional "El regalo". Incluiré tal vez en él el nombre de Noelia, pues me está ayudando mucho con su escritura. Antes de llegar a casa hago balance de lo vivido en estos años. El sábado pasaré de los 3o y llego a la concusión de que el tiempo no me agobia, me gusta cumplir momentos. En ese sentido (en momentos vividos) podría decirse que ya soy bastante viejo. En días sucesivos trataré de cumplir, convengo conmigo mismo, tantos momentos cumplidos como promesas. Nunca es tarde.

domingo, 13 de marzo de 2011

Los objetos nos llaman

Amanece y llueve, y la lluvia nos moja por las calles de la ciudad en la que habitamos. Echo un vistazo al libro de prosa poética que me regaló Martín en la tertulia. Después leo un puñado de relatos de Los objetos nos llaman, la extraordinaria obra de Juan José Millás, y la impecable impresión que penetra en mis sienes, que se cuela íntegramente en mi interior, me llena de abrigo y abre el cielo. Ganas de escribir algunas líneas sobre maniquíes móviles y hombrecillos sacados de Gulliver. Ahora sé que lo misterioso acecha a la vuelta de una página. Ahora recuerdo qué debe ser vivir.

sábado, 12 de marzo de 2011

Mirarse a los ojos

El ladrido que más muerde es el del olvido, me susurra una voz al despertarme. Luego, al revolver entre antiguos papeles me encuentro con unas anotaciones, ya no sé si mías o ajenas, pero poco importa pues lo que uno escribe después de la adolescencia es ya siempre repetición de lo leído. Aquí os las dejo:

"El buen escritor desconoce si sabe o no sabe escribir realmente".

"Nunca es mañana, todavía es siempre".

"Pessoa nació para no publicar".

"Los días de lluvia las ausencias se transforman en catedrales".

"Aquí sin ti: un extraño".

"Escribir es la manera más profunda en que uno puede leer su propia vida".

"En el ascensor la seriedad es abundante".

"Luna: soledad indefinida".

"El buen recuerdo y la buena dicha nunca encogen".

"En las playas, nuestros zapatos se convierten en relojes de arena".

Álbum es un buen seudónimo para el olvido".

"El asfalto es la estancia de la derrota".

"Perro: sombra del hombre".

"Mirarse a los ojos no es sencillo cuando te vistes de viento".

viernes, 11 de marzo de 2011

Sobre el viaje

Melancolía de los viajes, sentido del tiempo del viajero, su desorientación (Miguel Sánchez-Ostiz).

jueves, 10 de marzo de 2011

Afán de incertidumbre

Leyendo un poema de Jorge Galán, de su libro El estanque colmado hay unos versos que me persiguen durante toda la mañana: “Diez millones de puertas acaban de cerrarse. Un millón de / palabras / se acaban de decir. Un millón. Una sola”. Ahora, mientras tomo un café sentado en una de las mesas de La Corte, tan mía y tan ambigua, te espero. Entre tanto miro, tras el cristal, la calle como si fuera un museo, plagado de cuadros hermosos y con prisas. El día está brillante, luz que quema en mi pecho y en mi ánimo. Pronto llegarás tú con tu mirada inequívoca, y sentiré nuevamente tu perfume que lo explica todo. Me costará despedirme.

miércoles, 9 de marzo de 2011

El espejismo

Oviedo es una ciudad amable en estos días contradictorios, casi omnipresente, al alcance de la mano, y a mí me gusta recorrerla mirándolo todo y sin rumbo fijo, tratando de seguir tu risa que siento cercana. Nos lo dijo el viejo Benedetti, que el amor es un sueño abierto, un centro con pocas filiales. Y tú y yo lo suscribimos. Oviedo huele a neumático recalentado y a ferrocarril subterráneo. Oviedo huele a ti, que estás entre mis párpados, a tu espontaneidad y a tu perfume que combate las heladas y promete ser eterno.

Viejas cervecerías que conservaré como recuerdo, pequeños cafés de la plaza de la Catedral. Cafés que jamás han cerrado y que ahora quieren tomarse el desayuno, beberse a pequeños sorbos la mañana. Oviedo es tu risa que era mía, como un eclipsado espejo. Pura vida.

Pasan coches y autobuses, como tantas veces lejos de París, y yo camino entre la gente como un rayo de nostalgia y observo todo con ojos de poeta. La Calle Uría, ancha y bella, me lleva como un río silencioso hasta La Losa, donde me siento en un banco para hacer balance de lo hallado y de lo perdido en el camino, y repasar las nuevas promesas, que intentaré que no sean vanas.

Es cierto. El tiempo es una música misteriosa, a menudo implacable, alterando corazones galopantes que tratan de no quedarse inmóviles. Pero, a veces, ciertas veces, es un privilegio, el de poder asistir al milagro de conocerte. Contigo y por ti la sonrisa de éste que escribe no se le cae de la cara.

Oviedo huele a ti, que estás entre mis sienes, como un espejismo. La mañana va cayendo extraña y maravillosa mientras, feliz por el hecho de que tengamos toda la vida, me acuerdo de ti.

Poeta en Roma

Me hago con Poeta en Roma, de Jorge Eduardo Eielson, el libro editado por Visor que abarca hasta diez libros del autor peruano escritos durante sus años romanos. Lo que más llama la atención es que por sus versos corre una luminosa serenidad, como se nos advierte en el prólogo, de quien anhela lo que no tiene. Así ocurre, por ejemplo, en "Via Appia Antica", de Habitación en Roma, en el que el yo poético se encuentra en espera de alguien que aún está por llegar "mientras se mueve el sol / de un día a otro / y tus vestidos vuelan incendiados / por la via appia / con mi corazón latiendo siempre". A veces este sentimiento sereno está abrigado por una férrea soledad: "frecuentemente / cuando estoy sentado / en una silla / y estoy solo / y no he dormido / ni comido ni bebido / ni amado / tengo la impresión de caer en un abismo" o en "todas las mañanas cuando me despierto / el sol arde fijo en el cielo / el café con leche humea en la cocina / yo le pregunto a quien me acompaña / ¿cuántas horas he dormido? / pero nadie me responde" (dicen "Via della Croce" y "Foro romano", respectivamente). Asimismo en "Cuerpo transparente": Nadie me espera ni me conoce ni me mira / mi cuerpo es humo materia indiferente / que brilla  brilla  brilla / Y nunca es nada". Pero también hay en ellos lugar para la inquietud e incertidumbre como nos demuestra el poeta en "Via Veneto": "me pregunto / si verdaderamente / tengo manos / si realmente poseo / una cabeza y dos pies / y no tan solo guantes / y zapatos y sombrero". En ciertos poemas, en algunos de ellos, sostiene también la filosofía zen, de la que se considera representante: "Mirad el silencio de los pájaros. / Escuchad el perfume de las flores". El poema, no obstante, que más me ha vencido ha sido "Papel", perteneciente a Pequeña música de cámara, que copio entero: "Escribo con los ojos / Con el corazón   con la mano / Pido consejo a mis orejas / Y a mis labios / Cada verso que escribo / Es de carne y hueso. / Solo mi pensamiento / Es de papel".



Jorge Eduardo Eielson, Poeta en Roma, Visor, 2oo9.

martes, 8 de marzo de 2011

68

Cualquier travesía es recordar.

Los días contados

En el café el periódico me dice que Madrid es frágil y vulnerable, repleta de espectros que la acechan, ante nuestra mirada impasible. Concluyo el libro que he de entregar mañana. -¿Cuándo coincidimos para brindar por el instante?, le pregunto a X. -Pues cualquier día, es cuestión de organizarse, añade. Pero es que no avisas. Luego rescato de un viejo cuaderno de notas: "No hay día sin alegría. Y no hay alegría que no tenga los días contados". Entonces recuerdo que la noche no ha llegado y rememoro tus labios que anidan en mi pecho. Aún hoy podemos soñar con mundos mejores. Queda todo por hacer.

domingo, 6 de marzo de 2011

El resto de mi vida

En Umbral: "Solo me interesa el presente porque es el sitio donde me voy a pasar el resto de mi vida".

Café Central

Tren de cercanías. Afuera el sofoco del sol que nos estrecha su mano con un gesto cómplice. La mañana, implacable. El tren llega por fin al andén con un aliento contenido. Me siento luego en el Café Central, uno de mis preferidos y podría decir que es como pasearme por el Titanic. Me trae tu nombre a la deriva y vuelvo, atravesando cifras y calendarios, a tus ojos marrones cargados de futuro, y me gusta entonces cuando callas porque estás como ausente. Brindaremos muy pronto planeando sueños en voz alta para nuestras espaldas. Y estaremos repletos de huidas y de razones en tanto los lugares arden y el mundo se derrumba.

viernes, 4 de marzo de 2011

Sin remedio

Día radiante y esperanzador. Me levanto con ganas de escribir. Continúo el relato que estoy haciendo para Vuelta de hoja. Cuando hay inspiración, nada hay que me preocupe. Le doy vueltas a un posible título y se lo comento a X. Me dice que, sea cual sea, le gustará. Leo en Max Aub: "Lo maté en sueños y luego no pude hacer nada hasta que lo despaché de verdad. Sin remedio".

jueves, 3 de marzo de 2011

Ajuar funerario

Leo Ajuar funerario, el conjunto de microrrelatos que saqué en préstamo hace unos días. Pertenece a uno de los mejores escritores contemporáneos de Perú, Fernando Iwasaki. -Es un libro muy vulgar, me dijo el bibliotecario del Llano al entregármelo. Hay que saber leerlo, pienso yo ahora. Está agrupado en 89 pequeños textos, de apenas unas líneas algunos de ellos, y en los que predomina un tema común: el terror, pero con la vuelta de tuerca del humor. Algunas narraciones son escalofriantes, como es el caso de "Peter Pan", en que un pequeño le corta una mano a su padre mientras éste duerme para salir de la cotidaneidad, por lo que se convierte en el Capitán Garfio. Pero hay otros cargados de un estilo elegante. Hablo de "El dominio" donde el narrador descubre que ha vendido su alma al registrar la dirección www infierno.com en internet. Pero el que yo prefiero es "La chica del auto stop I", que aquí os dejo:

ERA DELGADA Y TENÍA EL PELO BLANCO y largo como una actríz gótica. Yo sólo quería verla de nuevo y por eso le presté mi casaca. Para tener una excusa y poder ir a su casa esta mañana.
La madre se ha puesto a llorar y me jura que su hija ha muerto hace años. Como no le he creído me ha llevado hasta su tumba y allí estaba ella, blanca como una azucena y con mi casaca negra sobre los brazos abiertos. Parecían alas.
He querido abrazarla y la madre me ha sujetado con fuerza. Ella corre hacia mí. No sé quién me ha mordido primero.



Fernando Iwasaki, Ajuar funerario, Páginas de espuma, 2oo4.

miércoles, 2 de marzo de 2011

Más lejos

El café con leche de por la mañana es algo así como un compromiso para seguir viviendo, como más o menos dijo el poeta. Y yo me lo tomo, en el lugar convenido, con José Luis Sevillano. -A X le entusiasmas por cómo escribes y por las cosas que te dice, me comenta. No estoy yo tan seguro... Luego, una vez solo, se me ocurre un título atrayente que me gusta, aunque no sé muy bien para qué: Alguien que yo fui, un lugar que fue éste. Quizá para una de las partes de mi diario. Concluyo la lectura de Umbral. Somos, piensa uno, seres de lejanías. Son las cosas las que se mueven, no nosotros. Todo perdura, pero más lejos. Me da vueltas en la cabeza todo esto mientras Oviedo está febril y con cansancio a causa de la lluvia. Y entonces la noche crece a mis espaldas. Vendrá la calma.

martes, 1 de marzo de 2011

Con ojos de batalla

Sigue la guerra del tiempo (la lluvia es una guerra) doliéndonos y nos acompaña como un oso con frío. "El hombre es un ser de lejanías", admitió en cierta ocasión Heidegger y le sirve a Francisco Umbral de pretexto para el título de su libro: Un ser de lejanías. Comienzo ahora su lectura pero me detengo en una frase: "No hay otra salvación que el presente, el presente es todo mío, y me moriré en presente". Y con la cabeza a pájaros uno se siente enteramente presente, con la misma impaciencia que los árboles. Y mientras mis manos rebosan fuego, hago planes. El viento ha cesado y el cielo se abre de nuevo, con ojos de batalla.

lunes, 28 de febrero de 2011

Tres haikus

Aquí van estos tres haikus mientras trato de no bajar la guardia y sigo con mis lecturas apresuradas y con mis planes de pasado:

I
No me recuerda
lo que fui, es tan poco.
El tiempo danza.


II
Hay muchos días
que veo a Baudelaire.
Está conmigo.


III
Tal como Sísifo
empujando la piedra
del amor viejo.

domingo, 27 de febrero de 2011

El sueño de Dickens

Más allá de la vida, de Clint Eastwood. Diferente historia que toca el género sobrenatural pero dirigida de la misma forma sobria. Y no aspira a más. Pienso en El sueño de Dickens (cuadro de Robert William Buss que aparece en el film), y me imagino que todos los yo que fui algún día me rodean en el aire.

sábado, 26 de febrero de 2011

Lluvia de invierno

El tren a Gijón. El día está apagado y el viento corre sin dirección aparente. "La lluvia. / Ha venido la lluvia con cara de serpiente", decían unos versos de Francisco Umbral que a mí me gustan especialmente. Cierro su Obra poética (1981-2oo1) que compré en una librería de saldo. Luego concluido Cuadernos de Lanzarote, de José Saramago, que me inspiran alguna que otra idea para mi diario. De vuelta a casa-tímidamente- con tu sonrisa.

jueves, 24 de febrero de 2011

En una tarde

La Corte. Lectura de la Antolgía poética  de José Hierro editada por Alianza. "Aquel que ha sentido una vez en sus manos temblar la alegría / no podrá morir nunca", dice uno de los poemas de Tierra sin nosotros, titulado "El muerto". Más tarde me detengo y hago balance. ¿Es sabio quien se contenta con el espectáculo del mundo? se decía en algún momento de su vida Ricardo Reis. Va pasando la tarde y yo voy pasando los ojos sobre las calles adyacentes, y me respondo que sí. Me siento un Fernando Pessoa de café con leche, cálido y grato. Entonces pienso que seré muchos hombres en una tarde. Hoy ya sé que tengo que conformarme con la esperanza de haberte oído decirme alguna cosa. Sigues viva.

miércoles, 23 de febrero de 2011

Tu voz

(8:35) Bella mañana. Uno está a gusto en la calle, que es lo suyo. Paseo a lo largo y ancho de la ciudad mientras imagino tu voz que llevo echando en falta desde el sábado, aunque tú no lo sepas. Los cafés aún están dormidos, desperezándose entre sus sábanas. Concluido el relato en homenaje a Georges Perec que, en principio, llevará por título "Señales". Empiezo ahora Cuadernos de Lanzarote, de José Saramago. "Horas demasiado lentas, días demasiado rápidos", me dice.

martes, 22 de febrero de 2011

Primeros poemas

Concluido la Antología poética de Antonio Gamoneda, que compré el miércoles en una librería de ocasión. Del mundo literario del Premio Reina Sofía (2oo6) me interesan por lo leído (poco, tras sesenta años de trabajo poético) sobre todo sus primeros libros, acaso menos experimentales en mi opinión. "Es un hombre. Va solo por el campo. / Oye su corazón, / cómo golpea, / y, de pronto, el hombre se detiene / y se pone a llorar sobre la tierra", dice uno de sus poemas de La tierra y los labios (1947-1953); o el escrito en el Ferrocarril de Matallana, uno de los que más me entusiasman, perteneciente a Exentos I, que concluye: "¿Qué hago aquí?, ¿quién me espera en / este lugar excavado en el silencio? / No lo sé; con el tren se aleja / algo que es cierto aunque no puede ser pensado; / es algo mío y no me pertenece. / Está dentro y fuera de mi corazón". Pero si me permitieran elegir uno solo de esta breve antología yo escogería sin duda uno de los poemas de Blues castellano (1961-1966), se titula "Caigo sobre la silla" y habla sobre el valor de la amistad (y copio íntegro) "Cuando yo caigo sobre una silla / y mi cabeza roza la muerte; / cuando cojo con mis manos la tiniebla / de las cazuelas, o cuando contemplo / los documentos representativos / de la tristeza, es / la amistad quien me sostiene".



Antonio Gamoneda, Antología poética, Alianza Editorial, 2oo6.

lunes, 21 de febrero de 2011

Dulce y amable

De golpe, la lluvia quiere que la escuche tras los cristales, y yo me deshago en ella. Una muchacha me observa durante el trayecto. Es alta y morena y delgada y adolescente. Me observa, incólume, mientras escribo estas líneas y hago mis planes. Cuando desciendo del tren aún llevo sus ojos conmigo, como un candil en la nada. Camino por la calle entre la gente. La ciudad huele a tierra mojada, a cafeterías, a neumático, a cine, a plazas abiertas, a jazmín fuerte que combate las heladas. Sigo con Franz Hessel: “Quiero volver a mirar la ciudad en la que vivo como lo hice la primera vez o encontrar la forma de volver a hacerlo”. Mi rostro amanece de gris y azul, salto algunos charcos y entonces miro el mundo con tus ojos, buscando la senda que lleve a ti.

domingo, 20 de febrero de 2011

Titanic

El tiempo es otro. Me adhiero a tu sonrisa de cisne, que dulcifica el recuerdo, y llevo en mi lomo el azul de tus ojos algo tristes. “Llámame cuando llegues” “Te eché de menos”. Sé que queda todo por hacer. La vida es celebración. También comienzo y abrazo.

sábado, 19 de febrero de 2011

Travesía del Cires

1
¿Cómo llamar,
cómo decir arena,
y permanezca?


2
Toda la noche
abierta la ventana.
Vendrá la luna.


3
Resbala el frío
y viste mi inquietud
con tu recuerdo.


4
Barcas de fondo
descansan como inertes
sobre la ría.

viernes, 18 de febrero de 2011

Algo bueno

Poco sueño; tiempo nublado y amenazador; sigo con mis rutinas: empezado Paseos por Berlín, la excelente obra del traductor de Proust, Franz Hessel; escribo unos haikus para el diario. Anoto esta idea de Max Aub: “Sacar de cada cosa algo bueno. Asombrarse. Hallar en todo razón de vida y darle gracias al cielo que es la tierra. Olvidar”. Y yo lo suscribo todo, salvo lo de olvidar.

jueves, 17 de febrero de 2011

Omar Khayam

“Era la edad de leer a los poetas orientales, cuanto más orientales mejor. Yo leía por entonces a Omar Khayam, y Omar Khayam decía: En ti mismo están cielo e infierno. En mí mismo estaban cielo e infierno, o, cuando menos, dentro de mi misma casa". Cierro Las ninfas (Premio Nadal, 1975), la sugerente novela de Francisco Umbral. Y recuerdo entonces algunos de los versos del viejo poeta persa de la mano de un verdadero enamorado de sus rubayatas, mi amigo Javier Almuzara. “Todo lo hermoso es breve, y por breve aún más bello. / Mientras el cuerpo aguante, no renuncies a nada. / Llorarás tus desdenes cuando blanquee el cabello. / Disfruta del momento: solo dura un momento”. Gocemos del instante alzando la copa en el Cires, como os dije no hace tanto, y pensemos en qué debe ser vivir. Hoy es siempre.

67

Si no hay un lector es como no haber escrito nada.

miércoles, 16 de febrero de 2011

El cuaderno gris

Compro en una librería de Gijón, por algo menos de dos euros, El cuaderno gris, de Josep Pla. Y no me canso de leerlo. Es exacto, pulido, excelente. En las primeras páginas me encuentro con el siguiente párrafo verdadero: "A veces me paseo por las calles con el exclusivo objeto de mirar la cara de los hombres y de las mujeres que pasan". Y así, uno mira por la cristalera del café y, mientras escribe estas líneas, piensa que está aquí, comunicado con el mundo, tocado por todos los resquicios, perseguido por cualquier jazmín implacable. Entonces salgo impaciente y veo por  el sol de la calle a la gente que marcha y vuelve, paso a paso, con su silenciosa melancolía. El mundo, trato de convencerme, solo empieza a estar claro con nuestra propia mirada.

martes, 15 de febrero de 2011

Cuaderno de Nueva York

Concluido Diario político y sentimental, de Francisco Umbral. Me detengo en unas palabras que le dedica a José Hierro respecto a su libro, Cuaderno de Nueva York: "Cuaderno de Nueva York no se deja abrumar por la gran ciudad, sino que es un poemario que ocurre (a ratos) en Nueva York porque en algún poema se habla de la ciudad o porque, hablando de otras cosas, se supone que esas cosas han sido escritas en ella. Quiero decir, en fin, que José Hierro, en Nueva York, como en Santander, va gestando un gran libro con la mayor naturalidad posible, va dejando que ese poema fluya, si le fluye, y más que un cuaderno de NY lo que tenemos aquí es un cuaderno -uno más- de JH".
Ganas de releer Cuaderno de Nueva York con otra vista. Nunca es tarde si la crítica es buena, pienso.

lunes, 14 de febrero de 2011

66

Un diario sin vida es una casa cerrada.

Lugares de alegría

Ya saben lo que decía aquel poema de José María Micó sobre Divieto di Sosta: "Estoy en lo más alto del Castel dell'Ovo. / He cruzado sin prisa la ciudad, / sin prisa y con asombro: / Sedil Capuano, Tribunali, Duomo... / cierro exhausto los ojos / y a mis espaldas la ciudad resuella / con la opulencia del que vive mucho / y del que tiene mucho por vivir". Entonces cierro el libro y también los ojos y tengo la sensación de que el jazmín del pasado tiene aún algo de felicidad: París, Algorta, Barcelona, Ramales de la Victoria, Torrevieja... Calles, rincones, cafés, recuerdos que uno ha amado y ama todavía pues, ya digo, esté donde esté, siempre estaré en esos lugares.

domingo, 13 de febrero de 2011

Las vidas del poeta

He leído Confieso que he vivido, de Pablo Neruda y me he quedado con frases sueltas que son tiempo de soñar y de vida. Copio aquí algunas con la única intención de que el tiempo no las borre y las convierta en humo:

Mi vida es una vida hecha de todas las vidas: las vidas del poeta.

La locura, cierta locura, anda muchas veces del brazo con la poesía. Así como a las personas más razonables les costaría mucho ser poetas, quizás a los poetas les cuesta mucho ser razonables.

Yo he sido un hombre demasiado sencillo: éste es mi honor y mi vergüenza.

Los Veinte poemas son el romance de Santiago, con las calles estudiantiles, la universidad y el olor a madreselva del amor compartido.

Persigo algunas palabras...Son tan hermosas que las quiero poner todas en mi poema.

El escritor joven no puede escribir sin ese estremecimiento de soledad, aunque sea ficticio, así como el escritor maduro no hará nada sin el sabor de compañía humana, de sociedad.

Vi a Valle-Inclán una sola vez. Muy delgado, con su interminable barba blanca, me pareció que salía de entre las hojas de sus propios libros, aprensado por ellas, con un color de página amarilla.

Siempre me preguntan, especialmente los periodistas, qué obra estoy escribiendo, qué cosa estoy haciendo. Siempre me ha sorprendido esta pregunta por lo superficial. Porque la verdad es que siempre estoy haciendo lo mismo. Nunca he dejado de hacer lo mismo. Poesía?

Cierro el libro entonces y no estoy en el espacio ni desaparecido en el profundo suelo. Estoy aquí y allá, contigo, con Neruda, no estoy solo, sino como en un sueño.

sábado, 12 de febrero de 2011

Por las calles desiertas

Me sigo levantando antes del alba, y los recuerdos vienen por las calles desiertas (Joan Margarit).

viernes, 11 de febrero de 2011

Madrid

Disfruto con el ir sin rumbo por las calles de Oviedo, tan conocida y ajena. Tras escribir un borrador, comienzo la lectura de Peatón de Madrid, de Miguel Sánchez-Ostiz, que está entre la crónica y el cuaderno de a bordo. “Madrid es una ciudad ideal”, admite, “para perderse en ella y también para encontrarse con ese viejo conocido, uno mismo”. Salgo del café insomne y me encuentro conmigo, a la altura de General Elorza, y también luego, cuando me extravío en el vaivén de Uría. Y así voy tirando con tu silueta cortándome la cara. Y digamos que me siento “vagamundos” de la ciudad en la que habito como quien está de paso, como quien cumple tantos años como promesas. Qué ganas de verte.


Despiertas

El recuerdo de otro tiempo, el recuerdo de lo irrecuperable: al fin asimilado.

jueves, 10 de febrero de 2011

Oxímoron

Vivir con verdad que sorprende tu boca. La verdad y la mentira de las soledades humanas. El trato con desconocidos sin brújula, el no llegar a desvelar jamás lo que hay detrás de una mirada indecisa que se parece a la tuya demasiado. Nada nos incendia como una mirada. La mirada del olvido, la mirada del amor, la mirada de la excusa. 15:20. Como cada mañana el sol se levanta a mi espalda, pero esta vez en Avilés. Día radiante. Imagino los sitios donde estarías. Y sueño, como otras veces, que vuelvo a Astillero, que rodeo la Travesía de Orense en tu busca, y se me llenan los labios de oscuridades claras y vacíos habitados. Solo el amor es duro, me repito. El caso es que estoy en Avilés. La ría se transforma de improviso en la Ría de Solía para tenderme su brazo. Escribo tu nombre en todos los árboles bajo la lucidez del día y sus preguntas, y me siento vivo irremediablemente. Ya metido en las dudas de la noche, regreso a casa pensando en ti, febril de tu futuro. Y tarareo una canción adolescente, pues sigo vivo.

miércoles, 9 de febrero de 2011

65

Escribir es hacerle un traje al tiempo.

Ahí está

Vuelves a los viajes. Vuelves al mundo. Todo está afuera. Nada hay en el interior. El día es lúcido como un pensamiento y tiene la anchura de una nostalgia. Lo que el mundo es, ahí está, dijo alguien. Los secretos del universo, la perezosa felicidad arden en la hoguera del día. Entonces concluyes tus lecturas más próximas. Te enciende la mirada de una muchacha en el café Central, ya sabes, breve y frágil.
Lees:
Alguna cosa ha entrado
en un poema que sé
que he de escribir, y no
sé cuándo, cómo o qué
querrá expresar. Si puedo
lo guiaré hacia ti.
Que diga tus cabellos
o la escama de sol
que te tiembla en la uña.
Pero quizá no siempre
tendré del todo en cuenta
lo que ahora veo en ti.
He oído el son oscuro
de algo que se me cae
a un pozo. Cuando flote,
¿sabré reconocer
que viene de este instante?.

Cierras el libro que queda eternamente abierto para ti. Nunca te cansas de leer a Gabriel Ferrater. Ya estás de vuelta, en el tren de cercanías, con la dicha en los bolsillos. Traes el desconcierto de una vida. Y unos ojos de mujer.

martes, 8 de febrero de 2011

Los días cruzados

Me despierto con cansancio, sin ganas de hacer nada. Mientras pienso en esto y lo otro, me dirijo a Oviedo e intento empezar un relato. Me gusta el tono. El comienzo es un homenaje a Georges Perec: "Al despertar solo queda esta frase: La ciudad anda cerca..." Sé que solo es una primera versión que reescribiré de cuando en cuando. De regreso a casa lectura de La casa del rojo, de Sánchez-Ostiz y de Mortal y rosa, de Francisco Umbral. Se me ocurre un posible título para el diario: Los días cruzados.  Sin lugar a dudas, lo mejor del día.

lunes, 7 de febrero de 2011

Esos viejos versos

Vuelven esos viejos versos de Antonio Machado: "Dicen que un hombre no es un hombre / hasta que no oye su nombre / de labios de una mujer. / Puede ser".

Otro día

Otro día claro. Paseo por la Calle Uría con cara de asombro y observo el sueño de la ciudad que necesita moverse. Después café matinal en el Dial (apunto: añadir a mi lista de cafés). El valor de escribir, pienso, como forma de entenderse pero en soledad. Bucear en la memoria. Abrir puertas. Cerrar heridas. Pasar páginas. Comienzo la lectura, lenta, de Mi abuelo, la admirable novela de Valérie Mréjen. Ganas de escribir algo similar sobre las ciudades. A última hora de la tarde, cuando se acerca la noche irreparable, y aunque me deje las manos yertas, la recibo como es costumbre con una de mis frases: "He colocado cristales en la entrada de casa por si viene la luna".

domingo, 6 de febrero de 2011

64

Llega un momento en la vida de un escritor en que se encuentra frente a frente con el tiempo.

Febrero huele a vida

Febrero huele a vida y mía es su risa. La mañana es muy hermosa con su luz inesperada y mi diario se llena de flores. Hay una frase de Pablo Neruda que cada día medito más, y no solo por su cercanía, sino porque bien podría aplicarse a mí mismo. Dice el poeta chileno: “Andan muchos días iguales persiguiéndose”. De igual modo, yo me persigo incesantemente, en la ciudad, frente a la terraza. Me detengo de pronto, distingo mi propia sombra que me sigue sin extraviarse. Pasa un minuto y un cuarto de hora. Ahí estoy yo, quién sabe por qué, conmigo.

viernes, 4 de febrero de 2011

62

La verdad, siempre que llega, nos sobrevive.

Lejos

Estoy leyendo, releyendo mejor, Una verdadera novela. Memorias, de Philippe Sollers. "La pasión es el imperativo de presencia, porque esa presencia nunca habría debido presentarse, y porque en cierto modo confisca el tiempo mismo", parece decirme. Y entonces sueño estar lejos, muy lejos, en una isla desierta, sin rumor de cuerpos, sin horarios, cargado solo con algunos libros clásicos y con una sola mujer.

jueves, 3 de febrero de 2011

Aquel París

Compro la Selección de mis versos, de Carlos Bousoño. Le echo un vistazo. Luego saco en préstamo Lugares en el tiempo, de Jean Améry (o Hans Mayer, según se mire). Todo el mundo conoce la ciudad aun antes de conocerla, dice. Calles, calles. Boulevard Saint Germain, rue de deux Écoles, rue Condé, rue Racine, rue Dauphine, rue Gay Lussac, rue de l’Estrapade: calles que configuran una ciudad o una pequeña ciudad, el minúsculo Barrio Latino, en donde tiene su patria el espíritu de París o el espíritu por antonomasia. Calles que son mejores que cualquier hogar para aquel que guste de caminar. Cierro el libro. Regreso a aquel París detenido en 2oo5. Antes de pasear por sus calles y habitar contigo el Café d’Hauteville, anoto la siguiente idea en mi diario: Para escribir de la memoria dudosa debiera escribirse del camino recorrido tibiamente, de soledad y tarde, de las citas rotas, de los labios rotos también, de nuestras deudas y sus porqués.


miércoles, 2 de febrero de 2011

Asfalto

Hoy ha sido un buen día en Gijón, como siempre acostumbra a ser. Hojeo la prensa en el café Cambridge. Ganas de estrenar el "tren-tran": tranvía que circulará por Avilés en poco más de un año y que a mí me transportará, casi sin quererlo, al viejo Bilbao o a la añorada Lisboa. "Menos contaminante, más rápido y eficaz" se nos advierte en el artículo (aunque uno lo que quisiera es que fuese lento como este café o esta frágil ilusión). Leo Destellos de vida, las memorias de la primera esposa de Stefan Zweig, Friderike. "No soy capaz de imaginar meta y satisfacción sin una sensación cómica de fusión y entrega", dice el 26 de octubre. Y yo lo suscribo. Doy un espléndido paseo por la Avenida de la Constitución, donde me encuentro con la Calle Adaro, a medio asfaltar. A esa calle le debemos Nerea y yo la mayor de las felicidades. Y entonces uno siente la necesidad de volver, de verte caminar conmigo una tarde, en invierno. Y me digo simplemente ¿Podrán asfaltar algún día aquella sensación de calma? Excelente pregunta, que no necesita respuesta. Ya cuando cae la noche, hago balance del día, y anoto esta frase: "Tengo un fuego que nunca se apagará en la nieve".



martes, 1 de febrero de 2011

El norte

Ayer y anteayer, sueños largos y complicados que recuerdo con dificultad. Al despertarme concluido Bilbao-New York-Bilbao. Comienzo otras lecturas de interés. Me gustaría tanto ser feliz y habría pedido tan poco para serlo...se lamenta Mihail Sebastian en su Diario (1935-1944). Y a mí me recuerda a un autor portugués pues todos los ríos se parecen al de Heráclito. Luego, con el protagonista de su novela, añade: "Voy con la brújula en el bolsillo buscando el norte. Si bien lo pienso, me parece que es lo único que he buscado de verdad en la vida, el norte". Ya por la tarde, cuando el reloj da las 6, improviso un haiku: Vendrá la luna / a buscarme en la noche. / Será un espejo.