Tengo una esperanza dulce y feroz. Y hay días en que me levanto extranjero de cualquier hora y de cualquier frontera. En esos días, después de encontrar un buen lugar para tomar un café, me detengo a pensar. Las palabras se muestran misteriosas e indefinibles pero no las cambiaría por ningún silencio del mundo. Y entonces descubro tu mirada entre el bullicio, pequeña y transitoria, que acrecienta mis dudas. Dejo mi cuerpo y me voy, lejos, a ninguna parte, y me abrigo con mi gabardina de recuerdos para acordarme de sentir–porque ahí estás tú. Y hago planes entre calles brillantes, mientras el mundo sueña ser eterno.
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