Aún es martes cuando parece invierno
y, día abajo, también llueve,
y el frío nos rasga la cara
en la ciudad que siempre habitamos.
Perdona mi ausencia.
Pero uno, que se embriaga sin haber bebido,
ha quedado con Montero y Margarit
para pensar en tu espejismo.
Aún es martes, testigo
de los sueños que hablan alto,
desdibujadamente,
que dicen que estás viva, que nunca es tarde
porque el mundo, mi mundo
anida en tu sonrisa que me sé de memoria,
la llevo a lomos
por charcos sucios
y bailes lejanos.
Sé que no encapsulo ni comprimo
lo que digo, ya lo sabes.
Será porque espero un motivo
para que alces tu voz que es baja y joven
con alguna excusa equívoca
sobre los hombros.
Aún es martes con alas de ave
mientras como Teófilo
vendo mi alma al diablo
para volver hacia ti,
a tus mariposas que laten en mi nuca
y me traen el primer abrazo
y entonces, bajo al día como te digo,
y abro la puerta de tus ojos
y recuerdo qué debe ser vivir.
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