cálido refugio de nuestra piel.
Y contagié a la clase, vestido de Casandra,
la certeza fiel de saber dónde está cada abrazo,
cada aspiración.
Preparé la clase a conciencia
-despierto a deshoras-,
siempre es un placer llevarla en mi pupila.
Mi patria es mi infancia
y cualquier tiempo pasado
fue mejor, diría Manrique.
Estos días son largos y febriles.
Pero vendrán tiempos mejores, lo sé bien,
llegarán hasta nosotros
mientras la piedra hospitalaria
hace un alto en su labor,
al pie de la ladera,
y Sísifo prepara su huida
hasta tus brazos más despiertos.
Que el norte no se olvide de nosotros.
Vuelvo a mi futuro, a tu silla vacía,
aunque quizá nunca me he ido de aquí
con mi cara tan llena de ayer.
Pero traigo a lomos la crisis cansada,
la memoria más fiel y repentina
de la costa y del naufragio,
la belleza penútima,
tu jazmín como amnesia.
Por fin volvimos, a donde somos jóvenes
como quien dice, con el desafío de estar vivo,
rumbo al horizonte, y pensando en ti.
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