domingo, 9 de enero de 2011

Un día en Oviedo

Libros en Cervantes, el humo fugitivo del café en La Corte, leo en la cafetería Di Roma de Los Prados. Lo mismo de siempre: la canción que esconden unos pasos, recuerdos vivos de Astillero o de Algorta que arden en mi pecho, la muchacha que vende flores como saldo en el Fontán, la risa de un niño que corre por el parque y por mi añoranza, el olor de tu sombra entre mis sienes, tu perfume que bebe los silencios de mi intimidad, un coche, un escaparate, una farola… Las primeras luces en los edificios comienzan a arañarme la espalda, y la noche sobre la capital del Principado y de mi corazón la tengo entre las manos. Para aprender, admitía Karl Kraus, un escritor debe vivir más que leer. Vida: es lo único que ha llenado mi escritura y la ha hechizado. Así tuve, con todo, otra manera de mirarme que nunca me ha abandonado. Y ahora viene a mí a cobro revertido de la nostalgia.


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