lunes, 19 de julio de 2010

LA LUZ EXACTA

Se me ofrece la magia.
Precisamente estar
al borde de la tarde:
con mismos ojos miro
su impudor; presiento
que la luz es exacta.
Precisamente estar
callado, y respirar,
joven, su desnudez.
Después, irremediable,
ver a mi sombra, verme
hacia lo que está lejos
ya muy viejo, ¿recuerdas?
en un rincón del cuarto,
triste, desdibujado.
La misma luz exacta,
con fulgor repetido.
Pero es otro ya el tiempo:
nadie mira la tarde
tan sola entre el olvido.

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