viernes, 12 de noviembre de 2010

Al caer la tarde

Recuerdo las palabras de uno de los relatos de Wolfang Borchert que repitió, con voz ronca, uno de los viajeros en el tren de cercanías, al caer la tarde: "Están en el aire. En la noche. Oh, están en la noche. Por eso no hay quien duerma. Solo por eso. Ahí están pura y simplemente las voces, créanme, no son más que las voces". Llegamos a la estación indicada. Descendemos. Es Noviembre. Miramos alrededor temblando entre la niebla y las calles están vacías y sin deseo. Aunque se oyen murmullos viejos, sabidos por repetidos. Porque sí, "son los muertos, los muchos, muchos muertos que no saben adónde ir". Lo imaginamos. Y el caso es que continuamos con nuestro viaje a sabiendas de que, estemos donde estemos, no nos dejarán encontrar la calma ni soñar con mundos mejores, pues aún vivimos.

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