lunes, 6 de junio de 2016

El que no me atreví a ser



Había megáfonos que gritaban: "Si te adulan, no te pares, espanta viejos buitres".

Las cicatrices son Bellas Durmientes.

La fama es volar al doblar la esquina como un avión demasiado cargado.

En mis pies duermen lápices, papeles, llaves, el gato de un escritor.

El optimista cava un túnel en la tierra para llegar al otro lado.

No hay nada más difícil que hacer el amor hasta perder el juicio.

Muy lentamente, del otro lado, apenas oigo tu voz.

Narciso, desde la sombra, se da el visto bueno.

Nada me divierte más que salir por una inesperada vena de fantasía.

Lo malo de la sinceridad es que es una palabra que comienza negándose, decía Ramón Gómez de la Serna. Nos dejan secos los golpes leves de sinceridad.

A los amores fatales les es imposible quedarse atascados en ninguna parte.

¿Qué quiere el apartamento vacío?

La poesía es poner las manos sobre unas piernas muy jugosas.

Un beso es un supuesto hegeliano.

Desde el hombre que soy, a veces me da por contemplar a aquel que no me atreví a ser.







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