lunes, 24 de noviembre de 2014

Placeres de una tarde en la isla de Mo

Después que las parejas fugaces se marcharon
del parque de Baemigumi, en la isla de Mo,
salieron barcos de sueño con momentos felices
en los que no hemos de embarcar nunca. Qué hago aquí.
Qué estoy haciendo contigo. Qué haría sin ti.
Siempre fue un placer compartir largas horas contigo
sentados en la escultura de Lee Il-ho,
ver cosas que no están en el mundo.
Era una imagen de gran hermosura.
Todos llevamos un monstruo, de calma inquieta,
el eco de numerosos rostros amados que permanecerán
entre los pliegues de nuestro parque de esculturas
-pensamientos limpios de maleza.

Quisiera cerrar los ojos, dejar los sentidos
y la consciencia, para sentir tu cercanía,
tu mano fría y descuidada.
Tú reirías un poco y dirías:
"Mis manos están espantosamente congeladas" o
"Parece que no se puede tener las manos enlazadas
en este parque".
Como si eso importara... como si eso importara.




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