viernes, 24 de octubre de 2014

Un hombre afortunado

No pude asistir estos días a las presentaciones del nuevo número de la revista literaria Anáfora, pero sigo dándole vueltas a mis escritos. En mi memoria involuntaria surges tú, y mi libro Lienzo renovado, renovador, sobre artistas y obras de índole universal que va repartiendo mi vida en porciones, en sueños pintados. Ayer, al ir a leer en el café Riesgo, subrayo estas frases en un libro de Benjamín Prado: "En el otoño de 2008 yo no me encontraba muy bien. Acababa de salir de una relación infernal con una chica a la que, desde entonces, Joaquín, yo y todos los que nos rodean, llamamos, simplemente, Virgen de la Amargura". Habla Benjamín Prado en su Romper una canción de aprovecharse de las desgracias y escribir contra las ex-novias de uno. Así están las cosas, pero no obstante, no nos descuidemos en el amor. Entre el ruido de las Vírgenes de la Amargura -como él dice-, por los huecos de las persianas medio bajadas, siempre entran realidades con sol cuando desertan los electricistas. Soy un hombre afortunado. Yo respiro en la calle un tornado de impresionismo. Todos los sitios acaban llevando a tu sitio. Nova de octubre, risa entre la gente, te busco en todos los charcos. Levantemos la mirada del teléfono: desde una de las ventanas, alguien nos observará, nos hará señas exclusivas, nos indicará que subamos.







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