miércoles, 27 de febrero de 2013

Calle elemental

Hay calles completamente desiertas, pues no lo son de verdad. Una calle desierta puede ser un caos de gente ninguna, porque los que pasan, pasan por ella como si estuviese desierta, como si fuese una razón olvidada.

martes, 26 de febrero de 2013

Milímetros

"Soy todo yo una vaga añoranza del presente, anónima, prolija e incomprendida".

"No creáis que escribo para publicar, ni para escribir ni para hacer arte siquiera. Escribo porque es el fin, el refinamiento supremo, el refinamiento temperamentalmente ilógico, de mi cultivo de estados de alma".

"Quien no tiene Dioses nunca tiene tedio".

"He naufragado sin tormenta en un mar en el que se puede estar de pie".

"La vida es un ovillo que alguien ha enmarañado".

"Es la última muerte del Capitán Nemo. En breve, moriré también. Ha sido toda mi infancia pasada la que en este momento ha quedado privada de poder durar".

Fernando Pessoa, Libro del desasosiego de Bernardo Soares, Seix Barral, 2oo8.


jueves, 21 de febrero de 2013

Sueños vagos

Tuve un sueño, como Soares: "Ha sido en un cuadro, sí, donde te he visto. ¿Pero de dónde me viene esta idea de que te vi acercarte y pasar a mi lado y yo seguir, sin volverme para atrás para estar viéndote siempre todavía? Se detiene el Tiempo para dejarte pasar, y yo te amo cuando quiero colocarte en la vida -o en la semejanza de la vida.

sábado, 16 de febrero de 2013

Interludio de novelas perdidas

Uno busca, derrotado y derrocado, su novela durante años y años, en las calles, en la atmósfera, en el intelectualismo, en la sombra, en el rastro, y de repente, zas, en ese mismo lugar por el que habíamos pasado miles de veces, aparece con cara de no haber roto un plato en su vida.

jueves, 7 de febrero de 2013

Sacando conclusiones

Me levanto pronto, entre nueve y nueve y media. Abandonando cualquier otra lectura me encamino hacia el Amado siglo XX, de Francisco Umbral. Anoto esta idea: "Si a los veinte no eres ya un escritor lorquiano, es que no lo vas a ser nunca. Yo respeto a los escritores sin estilo, con carencia de fraseología. Los respeto, pero no me dicen nada. Andar por la vida de escritor sin estilo es como andar por los mares sin vocación de marinero. La manera de decir las cosas importa mucho más que esas cosas. Cuando se ha contado algo sin manera es como si no se hubiera contado nada. La cosa no existe porque la nombremos, sino porque la nombremos de determinada manera". Tengo que escribir con estilo de lo que pasa hoy y de lo que no pasa, sencillamente. Sencillamente.

martes, 5 de febrero de 2013

Sociabilidad inteligente

No sé si fue Pessoa, si Senancour,el que dijo esto: no hay espejo que nos dé a nosotros mismos como fueras, porque no hay espejo que nos saque de nosotros mismos.

lunes, 4 de febrero de 2013

Tu regreso

En medio del deterioro de una amistad, ¿qué significa una mirada al recuerdo? El río borra a veces los rostros en lista de espera. «Cuándo quedamos», susurra el futuro en mañanas de febrero barroco, de sol y viento. O sea, ni frío ni calor. Así estamos. Te lo dije una vez: "Yo, Alicia, es que prefiero cuando regreses". Avenida de Cantabria, uno se esfuerza con los cinco sentidos en ver lo invisible, aquello que dé al corazón un calor verdadero, en levantar los ojos para mirar a las aguas del río del ayer a la cara. «Cuándo quedamos», dice el futuro exhausto. Pero llueve sobre mojado y ya nos han contado todos los cuentos que planean en uno como un gramófono anticipado. Como es lógico, es angustioso saber que a veces, tras las aguas de un río, lo que espera es el olvido canalla y su cólera. Hay amistades que nos parecen igual de guapas, con en el peso de los años, pero la vida las llena de sueños confusos. Hay amistades que tienen días de cuchillo, una espada de rebeldía. Pero hay más, hay otras de altas temperaturas en las que comprender es olvidarse de amar. Y amar es haber amado. La dejadez atronadora convierte entonces la actitud en metáfora del sentimiento de soledad. Cuando me distraigo, veo claramente. Si te distancias como mera tiniebla, brindaré por el silencio efervescente que cierra todas las puertas. Así se van los días. Y todo depende de los intereses creados de cada cual. Por eso no conviene desentenderse de las decisiones personales de cada uno. Importa más mirarse a los ojos. Aunque es difícil, es un recurso imprescindible. «Cuándo quedamos» susurra el eco restallante de nuestro futuro imperfecto. «Cuando regreses, Alicia, como el agua a las márgenes del río del recuerdo».

jueves, 24 de enero de 2013

Invitación de último minuto

Una cosa que hay que hacer siempre al iniciar un invierno es pasarse una hora en el café La Corte, para detener el reloj, o cuando menos tres cuartos de hora. Ya que todo está igual en este imperfecto Universo en que vivimos y lo único que hace la política impertinente es continuar con la crisis, vámonos a La Corte, ola natural de mi ánimo, donde el frío no llega ni el peso de los años. "Qué nos espera / si nieva en la memoria / de quienes fuimos" escribí no hace tanto. Vayamos a La Corte vestidos de mayo. Es saludable brindar por un recuerdo verdadero o falso sin que sepamos muy bien cómo, solemnizar cada momento. También lo es, según el grado de cercanía, brindar por la otra orilla y la ciudad baja. Por la tempestad del viajero y las memorias de un desmemoriado. Vamos, pequeña, a La Corte, vestidos de madrugada, a defender cosas indefendibles y, al cabo de unas horas, los pensamientos se cerrarán como una trampilla. Somos los alrededores de La Corte, la novela que vamos escribiendo al aire e inconjugable. Vámonos a La Corte al fin arbitrarios, geniales, tiernos, relojeros, débiles, triunfantes y arriesgados.

jueves, 17 de enero de 2013

Lorca

Lorca, exclusivo, refulgente, definitivo, sensible, sublime sin interrupción, porque te da la gana. Lorca, duende, las alas del vitalismo andaluz. Lorca, duende, nada te mata, todo te hace más fuerte, por tus plazas de plateresco. Lorca, duende, que barres para dentro, fuerza centrípeta. Y ya regresan los sonidos negros, negros de betún, tú quieres ser tú, la imaginación es un hecho del alma y rompe copas en la madrugada, las iguanas vivas muerden a los hombres que no sueñan. Lorca, todo es otra cosa. Todo está queriendo ser. Lorca, magia en la mañana viva, hebilla luciente y gastada. Lorca, García Lorca.

miércoles, 16 de enero de 2013

La vida en este caso

Sigo con Soares que nunca defrauda: "Me pierdo si me encuentro, dudo si opino, no tengo si obtuve. Como si me pasease, duermo, pero estoy despierto. Como si durmiese, despierto, y no me pertenezco. La vida, al final, es en sí misma, un gran insomnio, y hay un aletargamiento lúcido en todo cuanto pensamos y hacemos". La vida, pienso yo ahora, es ir al Rastro en busca de algún aforismo, ver a mi sobrino de locura Ager riendo mientras le miro, algunos atardeceres, la escritura de un poema en el café Cires, mi Alicia, Madrid y sus contradicciones, habitar los sueños pendientes, el mar que me salva del naufragio, saber que no te rindes aunque el mundo se agriete.

martes, 15 de enero de 2013

Somos

Decía Bernardo Soares lo siguiente: "Sabio es quien monotoniza la existencia, puesto que entonces cada pequeño incidente tiene un privilegio de maravilla. El cazador de leones no tiene aventuras más allá del tercer león. Para mi cocinero monótono, una escena de bofetadas en la calle tiene siempre algo de apocalipsis modesto. Quien no ha salido nunca de Lisboa viaja al infinito en el tranvía cuando va a Benfica y,si un día va a Cintra, siente que ha ido a Marte. El viajero que ha recorrido toda la tierra, de cinco mil millas en adelante no encuentra novedades, porque solo encuentra cosas nuevas; otra vez la novedad, la vejez de lo eterno nuevo, pero el concepto abstracto de novedad se quedó en el mar con la segunda de ellas". Cierro, cansado todo yo, el Libro del desasosiego. Así se van los días, si monotonizar la existencia para que no sea monótona. Pero no es tarde. Estar vivo no es un fracaso. Sé guerrera, busquemos ese mar en el que quedarnos. La isla será nuestra como nuestro es el futuro. Habrá bengalas que nos iluminen para salvarnos de la escarcha y los piratas. Somos otros. Mañana no será lo que la Monotonía quiera.

jueves, 10 de enero de 2013

Despierto



Despierto y el dinosaurio sigue ahí.

Veo claro el argumento de mi novela.

Quince folios, con mucha ilusión

y con la sensación de que aún no existen los problemas.



Despierto, el caso es que es enero y yo te amo.

Suerte, imagino, el no deber nada a nadie,

cuidarse de la amargura,

que mi fiebre sea el optimismo,

relativizar el éxito y el fracaso

como Bogart en Casablanca .

Pasa el tiempo y no es malo,

con la sonrisa prendida en el rostro.

La prima de riesgo está por los aires.

Pero aquí estamos, entre la realidad y el deseo.



Despierto, como te digo.

Es enero y yo te amo trepando al árbol del pecado,

ése mismo en el que tallo nuestros nombres,

te busco para convencerte de que estamos a tiempo

(adhuc tempus se decían las viejas leyendas).

El futuro es nuestro. Sé que insisto mucho,

espero que me perdones, pero continuamos en el viaje.

Estamos despiertos. Ahora más que nunca.

miércoles, 9 de enero de 2013

Cartas desde el insomnio

Me entretengo leyendo, imagen interior de mí, los diarios de Andrés Trapiello. En esta ocasión, temblorosa de fiebre y frío, le toca el turno a Apenas sensitivo (Pretextos, 2011). Me quedo lírico y preciso en la carta futura recibida en 2003 desde el 2009 (que, digamos, es un recurso muy literario) en la que un amigo X le incita a que deje de escribir su novela en marcha. Apreciación (ganas de no hacerle trabajar) con la que su mujer M. está de acuerdo. Y le dice: "Estoy de acuerdo con X, esos libros son el proyecto de un romanticismo suicida. Acabarás quedándote solo: unos querrán irse de tu lado, porque les dará miedo estar junto a alguien que puede contarlo todo, y no querrán compartir nada contigo, unas veces por temor a ser juzgados o simplemente narrados, y otras, por el contrario, cansados de que hables ya de todos menos de ellos. Desde luego me apenaría que esos libros dejaran de escribirse, porque son nuestra vida, la tuya, la de los chicos, la mía, y sabes cuánto me gustan pero todas las cosas tocan a su fin. Lo que hayas escrito de la vida, vida será, y nadie podrá quitárnosla ni a ti ni a los que nos encontramos en ella". A mí me recuerda, nada importa y todo es repetición, a mi futura mujer de 2019 que me llega ahora en 2013, a mi Alicia particular. Algo así. De momento le parece genial y fascinante que escriba sobre mis recuerdos o manías, aunque haga exceso de sentimiento, exceso de prosa, exceso de todo. Para acabar el día escribo una "Carta desde el insomnio", que nunca verá la luz: "A veces en mi cuarto metafísico, / ocupado en tachar alguna página, / he sentido entrar por las ventanas / al reloj de la noche. / ¿Es que nadie conoce mi desorden, / quiero decir, que soy / un animal nocturno? / Como odio el lugar común, me pongo el abrigo, / empiezo a caminar de este a oeste / recibiendo una luna que es ajena. / Al quedarme más solo que yo mismo / toco el brazo / de las pequeñas lluvias y los cielos salados, / tanta gente en la calle que sale bien peinada / y escribe sus historias / por crear un autor / a la medida de su gusto. / Hay tanta dignidad en los garitos. / La escritura es un signo muy visible / en estas horas frías. / Luego regreso a casa, muy cautelosamente, / dibujo al margen del papel, / espío en la ventana. / Desde la habitación, a tientas, / respiro el tornado de la literatura".

jueves, 3 de enero de 2013

Un mal sueño

En sueños me encontré una muchacha alta, indiferente, secreta, atrozmente invernal que se encaminaba hacia mí. De pronto, intenso y breve, su rostro estaba cerca del de Nicole Kidman y, durante los siguientes nueve minutos y medio, sus facciones se transformaron en las de Cristina Rosenvinge. Era un mundo aparte. Se creía una persona / personalidad. Comenzó a recitarme, para atención del personal, lo que, según me dijo, eran unos versos míos que discretamente le había dedicado tiempo atrás: "Tu rostro no es tu rostro / es un beso que llega del pasado. / Escribo para que me leas, / para despertar cierto interés / a su debido tiempo". Al acabar de recitarme me fijé, pero ni tenía inquietudes vitales ni sabía lo que era eso. En sueños a veces nos encontramos personas engatilladas y amargas que, por tener orgullo, se quedan más solas que la 1, en clave de frío. Como la muchacha de anoche. Justo cuando iba a despertarme y dejarla atrás, me dijo que no la abandonara, que no la dejara sola en tierra de nadie. Sacó entonces unas líneas de una carpeta azul, que me recordó mucho a la del poeta ovetense Ángel González. A veces juzgamos con aparatosidad a los demás. Y es que hay palabras tranquilas que aciertan y caen, como una piedra, en el fondo del alma: "Que tu norte no se olvide nunca de mi invierno", me dijo (lo cual en absoluto es malo). De repente su rostro volvió a ser su rostro en mi sueño rebelador y revelador, con be y con uve. Al despertarme, perdido, quise regresar de nuevo pero medité que antes de ponerse a soñar, hay que saber donde vamos, y cuál es el mejor camino. Y es que, como dijo Umbral, la amistad es más fuerte que la familia o el amor. Según qué amistad, claro.

miércoles, 2 de enero de 2013

Veracidad

Acto de barbarie: dejar el folio a medio camino, no perderse en el tiempo de un cuarto o no ser la herencia del recuerdo.

martes, 1 de enero de 2013

Nuestra patria es el trayecto

Es difícil influir en la realidad en la que vivimos si somos meros espectadores en un tiempo de descrédito. O participamos de ella por definición, o no somos. Pero hay días en que me levanto con una esperanza con mayúsculas, humana, perfilada, refulgente, neta, si tú me miras. Las barras de los bares, los lugares desconocidos, la conversación de tus estudios, la playa de S. Lorenzo han aprendido de memoria a convivir contigo. Tu tren vital es maravilloso. Cuando vienen días grises, si me veo necesitado de energía, vienes por los raíles del tiempo hasta mí, tan viva y con tanto presente. A veces necesitamos saber que le importamos al otro. Les doy la lata con los trayectos porque pienso, a menudo, en las sílabas de mi futuro. La verdad es que creo en nuestra coincidencia, en nuestro poder de decisión. Nada está escrito.

lunes, 31 de diciembre de 2012

Próxima estación

Siempre pesan las entradas a los próximos trenes, para bien o para mal. Se va el 2012 sin sentir vergüenza. Da igual. Hay que tener el arte de saber a qué te subes y cómo te pueden cambiar las cosas, pero sin miedos que nos paralicen o atemoricen, sin asustarnos como se asustan las palomas en el parque. "¿Va usted a coger el tren?", me dice esta mañana una señora, errante de sabiduría,disimulada, voluntariosa, perdurable. "No, señora. Este tren se va a Ningún Sitio". Yo espero a Alicia, le cedo mi sitio a otro, tarareo una canción. Ella hace la vida eterna en cinco minutos. Quiere decirse que hay que saber parar y bajarse a tiempo, sentarte en el andén y esperar otro tren. Elegir tu asiento y a tu acompañante de viajes. Y es que hay trenes que vienen de ninguna parte y descarrilan en ningún sitio. Yo tengo tiempo de esperar el mío con premura, tesón... mientras pasan trenes como relámpagos, otros de puntillitas, pero mis horarios, te lo juro, los tengo controlados. No sé si me explico. Abandónense a su instinto, conozcan lugares desconocidos. Yo aún no me subo, he de comprar unas flores y echar en falta el color de tu jazmín. Tengo que escribir la novela tras este año de rumores y de titulares. Pero si me lo permiten, me lo voy a permitir, rechacen lo irrechazable, propónganse exclusivamente, exhaustivamente no dejarse llevar por la facilidad y la inercia, esperar su tren oportuno, apresurándose despacio. "¿No va a coger usted este tren?"... "¿Otra vez?... señora, de verdad, no insista, yo voy a esperar". Sí, esperaré a Alicia, en el silencio de mis silencios. El tren de Alicia. Alicia al fin.

domingo, 30 de diciembre de 2012

La mirada del viajero

Cuando se deja avasallar por lo que guarda y conserva -por lo que es suyo-, mi memoria, inequívoca, se descubre la cara y regresa al Paseo de los Ferrocarriles, en El Astillero, quiere ir un poco más allá, más hondo, allá donde los árboles siguen creciendo. Los árboles, que todo lo ven y todo lo saben, suelen ser irreflexivos. O, como dice Umbral en uno de sus libros, los árboles son unos hombres que he descubierto tarde, unos amigos fijos y fieles, grandiosos. Es extraño cómo la nostalgia se ilumina y manifiesta durante mucho tiempo. No sé si somos conscientes de que escribir es reescribir, volver a vivir lo vivido por otros cuerpos que nos llevaban en tránsito, o sea, verse a sí mismo desde la distancia y desde la estatura de adulto presentándolo bajo un oro nuevo, añadiendo tal vez un rincón raro, un acento que ya es nieve, un tono de voz a media voz, que en muchos casos merece la pena ser leído. Escribir, digamos, tiene una cuarta dimensión y requiere buenas manos, como tocar el volín. Estaba, por un lado, la Ría de Solía, que era para mí, en mi vacación, en mi retiro desocupado, uno de mis sitios preferidos, una confusión de barro y atardecer rojizo, de prestado, de lo que me prestaba la vista. Mirándola de forma plácida (puede que sea una hipérboles visual), difícilmente podía uno sustraerse a tal fascinación. Desde cada recuerdo, como en éste, nos miran siempre los ojos de un fantasma por nosotros muy conocido, esos mismos ojos que nos reconocen desde las esquirlas de un espejo roto. Pero, a pesar de ello, nos encontremos donde nos encontremos, tengamos lo que tengamos, la buena memoria nunca nos llevará la contraria. Hace frío (tampoco demasiado frío), y la noche ha caído sobre el municipio, llenándolo de voces perdidas que retumban sin chocar con nadie, casi sin saberlo, pero el viajero, tal vez de mis veinticuatro o veinticinco años de edad, con mi mismo nombre y mis mismas inquietudes, sigue vagando aún por la Travesía de Orense, como navegante rendido, atraviesa las avenidas del pasado con gesto serio y las manos en los bolsillos, rumbo hacia el Mercado. La plaza del Mercado está llena de bonitos símiles. Hay algunos rincones secretos de ciudades apenas entrevistas en los que todo nos es ajeno, lugares que nos reconcilian con nosotros y permanecen en las telarañas del corazón, aunque estemos de paso. Son calles, olores, recuerdos, anécdotas, escenas sin importancia, etcétera., que uno ha amado y ama de manera invariable pues, esté donde esté, estará en esos lugares, y encontrará todas las cosas que necesita para ser feliz. Es decir, se acabarán enseguida sin agotarse nunca: Calle Rualasal de Santander, llena de fulgor, para caminar presurosos y camuflados, con sentimiento de duración; Calle Gil de Jaz, a media tarde, recuerdo que con las preocupaciones agotadas, donde dejé a uno de mis yo que más me gustaba y mis ojos se clavaban en una sonrisa (con un color fugitivo que solo existe en la memoria), que, cuando me quise dar cuenta, se perdía en el Hotel de La Reconquista, pero me quedó muy dentro; la Plaza Cataluña, junto a las palomas, desde la que se puede contemplar una Barcelona hermosa y fría, que invita a guarecerse bajo su abrigo. "Cada vez más honda conmigo vas, / como un amor hundido, irreparable. / A veces ola y otra vez silencio", para decirlo con el poeta catalán; y, sobre todo y especialmente, Calle Paseo de los Ferrocarriles, con sus abetos rojos, su cúpula al fondo y sus bancos a la espera de algún transeúnte. A veces parece que todo transcurre en esa calle donde nunca dejé de encontrar lo que buscaba. Yo escribí un día un poema titulado curiosamente "Calle Paseo de los Ferrocarriles":

Que estás en medio de la niebla y la nada,
ve a la Calle Paseo de los Ferrocarriles.
Que una sombra sigilosa te indica el camino
y no sientes más voz que la tuya,
ve a la Calle Paseo de los Ferrocarriles.
Que nada va durar y todo queda atrás,
ve a la Calle Paseo de los Ferrocarriles.
Que quieres ver pasar, ante tus ojos,
al gran teatro del mundo,
ve a la Calle Paseo de los Ferrocarriles.
Que todos los que fuiste se esfuman de repente,
ve a la Calle Paseo de los Ferrocarriles.
Que quieres volver a ese extraño lugar
en el que tal vez has sido feliz,
ve a la Calle Paseo de los Ferrocarriles.

Calle Paseo de los Ferrocarriles. El recuerdo es fiel aliado del viajero. De los cientos de paseos que le habitan, ése -ya digo- es el que prefiere. Paseo: eso que tan pocos saben hacer como Dios manda: sin rumbo, sin impaciencia y sin pensar en nada. No pretendo -o al menos así lo veo yo- hacer un retrato fiel de El Astillero. Pero el tiempo que pasé allí, según parece, reúne las mejores vivencias. Vivir en un café lleno de música y literatura. La mirada del viajero, con toda modestia, se acomoda en un rincón iluminado, repentina e inexplicable, y el adolescente que fue (y vuelve a ser a veces) se sienta junto a Julio Verne y Gustavo Adolfo Bécquer que caen de nuevo por azar entre sus manos, y los lee y los relee con una pasión inextinguible. Desde hace rato mi memoria -vuelve otra vez la frase-, se deja avasallar por lo que guarda y conserva, con la inocencia de un recién llegado. Es por eso que mi pensamiento, como un explorador entre la niebla, recorre El Astillero igual que lo hace ahora, como si en el poco ajetreo de sus calles encontrara satisfacción aunque, en realidad, permanezca suspendido como una temerosa luz. Villaespesa, Piélagos, Peña Cabarga, Guarnizo, Bahía de Santander, San Salvador. Acá y allá, cafés, dos paseos, dos estaciones, banco y caja de ahorros, Iglesia, ocho o diez taxis. Así es, por suerte, El Astillero -iluminado por la luna como linterna vieja-, marisma en la memoria que se rehace a la deriva, un mapa y una puerta al paraíso, una llave irrepetible y una débil esperanza abierta, de plumas reverberantes de realidad. O eso creo.

sábado, 29 de diciembre de 2012

Diarios

En este invierno de mirada cansada en que quedo inmovilizado si te ausentas, me da por rescatar La tentación del fracaso, de Julio Ramón Ribeyro. Aquí dejo algunos de los fragmentos que más me entusiasman. Tos de diciembre. Todo te nombra:

"Todo diario íntimo es también un prodigio de hipocresía. Había que aprender a leer entre líneas, descubrir qué hecho concreto ha dictado tal apunte o tal reflexión. Por lo general se analiza el sentimiento pero se silencia la causa".

"La felicidad consiste en la pérdida de la consciencia".

"Vivir es resolver, es actuar, es apoderarse constantemente de una fracción de realidad".

"Los verdaderos diarios íntimos son el testimonio que penetra, se ordena y transfigura en ese ámbito profundo y muchas veces inescrutable que se denomina intimidad".

"¡Volver a París, volver a París, qué obsesión!".

"Mi situación es angustiosa. Hoy, por desesperación, vendí un pantalón y comencé a escribir un artículo sobre Wolfang Kayser".

"Durante catorce horas he escrito sin interrupción. El lapicero se me cae de las manos. La historia es trivial pero sincera, y creo haber logrado algunos aciertos de expresión".

"Yo rara vez digo la misma cosa del mismo asunto, pues para mí todos los temas son una sorpresa y me obligan a improvisar".

"Si mañana no ocurre algún milagro, me veré obligado a vender mis libros, es decir, el centenar de volúmenes que desde hace algunos años me acompañan, a través de mil peripecias, y por los que siento un amor que no me atrevo ni siquiera a describir".

"¡Se salvaron mis libros! ¿Hasta cuándo?".



Julio Ramón Ribeyro, La tentación del fracaso, Seix Barral, 2002.

lunes, 24 de diciembre de 2012

A la Nochebuena que acecha

Hago repaso de los últimos días. Mensaje del rey. Me deshago en esta Nochebuena en que todo te nombra recordando el destello de tu risa, en este frío invierno, como un náufrago que busca su faro, ese en el que brilla la esencia. La Noche Buena es hierro y charla lejana, es cuaderno secreto y corazón de lluvia. "Donde feliz debieras volver" me digo ahora con insistencia, y perdón por contradecir a menudo la paráfrasis del maestro Sabina. Seremos otros en otros cuerpos habitando bares-lugares desconocidos con motivo y motivación, dejando a un lado el miedo patológico de la soledad, y conspirando para hacer nuevas huidas. Aquí estamos. Nunca será tarde.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

La realidad o el deseo

Ser libre empieza por uno mismo. No se puede renunciar a la propia identidad de uno. Confieso que soy yo el que tiene que decidir hasta dónde llega o no una página, el que tiene que descubrirse a sí mismo, ponerse en la piel pacífica del otro. Sería difícil que yo fuese yo, por entonces, como por ahora, la misma persona que se pierde en bares-lugares desconocidos, que se bebe sus Heineken más tuyas, o se ríe contigo, si faltara a mi autenticidad como ser humano. Conviene tener en cuenta que los amores pasados se van olvidando, es bueno hablar de ellos, como vivir sin ellos. Hemos de buscarles silla en la memoria para intentar dar paso a nuevas ilusiones o a otros amores. El deseo ha de transformar y afectar a la realidad. Se nos olvida con frecuencia la sinceridad de un sentimiento, la patria de una incertidumbre o la alegría de una seducción. Parecemos confusos, desmemoriados, etcétera. La metáfora amiga / enemiga es una maldición que resta sentido al interrogatorio de la realidad. Y he aquí que hay que buscar el equilibrio entre lo que uno es, como un ser independiente. No es raro que a veces sea mejor saber ver las cosas antes de que sea tarde e intentar bombardear hasta límites muy dañinos la felicidad de dos almas. Creo en el deseo pero a veces se estrella, con un pudor discreto, en la realidad de los juegos de palabras. Las palabras se llenan de un calor de invierno. Las miradas están en su sitio como las calles que van a dar a la playa de San Lorenzo, o a tu pelo de arena, pero hasta las malas apuestas personales se convierten en tristeza con el paso de los años. Lo perdido o lo que no fue está a veces más presente que lo que fue. Quisiera ser hablador y anunciante, exiliado en trance de desierto. Las palabras persiguen a la veracidad que soy. Estoy machacando al cerebro para buscar mi barrio / dormitorio, la pócima que me salve de las redes sociales y del sistema falsificador. Este intenta aterrorizarnos mediante el miedo. Si estoy aislado, solitario, uno de mis trayectos preferidos es el idioma. El caso es que es diciembre y el futuro es quedar para mañana o anclarse a todos los efectos en el pasado más remoto. Las fotos y los semáforos que palpitan ayudarán a entender mi despedida, en mi afán de fidelidad. Abro de nuevo mi cuaderno. No hay historias imposibles. Te invito a un café. Gijón se deshace en la lluvia y la plaza te espera. Tal vez nos marchamos del Ébano o del Tenampa pero, como dijo el poeta, quién sabe, "queda una luz, un grifo abierto, la sombra de una puerta mal cerrada".

miércoles, 5 de diciembre de 2012

Atrio

Escribo este atrio después de haber tenido un sueño intenso, como es costumbre, como creo haber recordado alguna vez. Mareado de ideas y palabras para mi novela, me encontraba, impávido, en Isla-Máster, una isla encantada con un encanto inigualable que, dicho sea de pasada, parecía sacada de alguna obra de Vila-Matas o de Paul Auster (tipo Puerto Metafísico o Tierra del Sueño). La prisa. Me perdía entonces la prisa. La imaginación es un hecho del alma y quería volver a revisar todos los rincones, encontrarme con la gente abandonando la virtud de la calma. Nada es real excepto el azar. Me topé a Ramón, ennoblecido y balzacquiano. Me dijo con clara irritación: "A mí me pareces un Luis García Montero que se ha vuelto loco". De pronto, lentamente, estudié su cara y empecé a advertir que su rostro se cambiaba por el de Francisco Umbral, y me parecían iguales su tono de voz, iguales sus sílabas, todo: "Esta asociación, Gómez, de dos adjetivos contrapuestos siempre me ha parecido muy eficaz, de mucho efecto y precisión, si los adjetivos se eligen bien, claro, y de hecho la ha practicado usted bastante". Luego, añadió para mi sorpresa: "Es indescriptiblemente bueno". Hay quienes gritan en público o en silencio, quienes murmullan, quienes maldicen, quienes se cuentan historias a sí mismos como si lo hiciera a otra persona. Lo que pasa con Ramón / Umbral es que habla él solo y todo el rato. Es el hombre / conferencia, aunque lo que dice es interesante. Así las cosas, empezó de pronto a llover en aquel recinto de ensueño y la lluvia, finalmente, nos dispersó. Se despidió de mí, menudo y afable. Isla-Máster era un espacio inagotable, un laberinto de interminables pasillos, y por muy lejos que fuera, por muy bien que llegase a conocer sus aulas, me dejaba la sensación de estar perdido. Me tropecé a Eduardo pero pasamos mucho uno del otro. Hablé con Sawyer. Sentía la necesidad de apuntar ciertos hechos y quería escribirlos en mi cuaderno rojo y de humo. ¿Qué sucedería cuando ya no tuviera sueños así? Los caminos de la vida, ya se ve, no son muy distintos de los caminos de la isla, con su olor a aula y a melancolía. Como yo soy intemporal y sueño mucho, choqué al doblar una esquina con una mano de sombra que resultó ser Ángela, acompañada de Elena, siempre dispuestas a entablar una conversación para aliviar el frío. Entonces oímos una voz que decía: "Sabes que puedes regresar. Aquellos que tú admiras aún existen". Me dirigí a la A-26, con ellas, charlando de esto y de lo otro. Había un cartel que traía: "Cerrado para muchos, abierto para muy pocos". Al entrar pude ver, eso sí al detalle, que había montones de libros. Libros encima de las mesas, libros encima de las sillas, libros en el suelo. Aquella isla era un mundo aparte, la tierra que soñó Yeats o la Illinois de Ray Bradbury, que también era Bizancio. Justo cuando iba a hablae con mis compañeras puras, intelectuales, me desperté confuso, febril y fabril, entre ruinas dialécticas. Lo raro es que tenía un libro brillantísimo de Octavio Paz entre las manos, lo cual le alegró a uno. Encontré estos versos: "El descenso / hecho de desesperanzas y sin consumación / nos revela un nuevo despertar: / que es el otro lado de la desesperación. / Por lo que no pudimos llegar a consumar, / por aquello / negado al amor, / por lo que perdimos en la expectativa / el descenso continúa / sin fin e indestructible". El descenso continúa. Todavía hoy, con distancias inmensas y secretas, me doy cuenta de que no puedo dejar de mirar el horizonte e imaginar que vuelvo a la isla. Y cada vez que eso ocurre, ya no estoy aquí, sino recorriendo los pasillos  de Isla -Máster, con Alba o Anabel, Marina o Patri, etcétera, y nada me importa más en el mundo que el ruido y la charla lejana de aquella estancia. Y es que  como decía Baudelaire (me parece que era Baudelaire) siempre seré feliz allí donde no estoy.

martes, 4 de diciembre de 2012

Canción para diciembre

Hoy regresé a ti,

me tropecé

con tu rostro

de esencia,

que no tiene precio.

Él nada y pasa

y me quedo mirándolo.

Ya ves qué tontería.

Me desprendí de cosas,

entre tanto atasco,

y recogí las píldoras de aire

con la promesa de quien se sabe a salvo.

Tú traes soluciones a problemas

sin sumergirte en otros nuevos. Pero a lo que íbamos.



Eres fleco del viento en días de siempre.

Me compras el alma y yo te la vendo

en este otoño, tuyo y mío,

en que la derrota puede ser hermosa.

Ama de mar, de tienda y de belleza. Somos quienes somos.

Cuando embalamos los ratos,

los abrimos en el breve hueco de la distancia.



Tienes emociones, miradas que envuelven páginas.

Tienes mis silencios favoritos. Simplemente eso.

Yo siempre digo que tu belleza es humana

y tu ausencia es un desmayo, porque todo lo llenas,

porque haces el mundo eterno en cinco minutos

sembrando jazmines en los días largos.



Hoy regresé a ti, aunque quizá nunca me fui,

la vida es tan verdad como tus manos

conduciendo en el asfalto, que cura mi ruta,

la luna radiante de mi sueño, tanto naufragio.

lunes, 3 de diciembre de 2012

Diario secreto

En la pasión me cargo mucho las pilas. Dentro de mi paciencia, siempre tengo la impaciencia de no perder el tren. Y sé qué trenes son valiosos.

viernes, 30 de noviembre de 2012

Se va noviembre

Suerte de anhelo nuestros pasos, mi mirada

descalza, sobrevive por encima

del embate de kilómetros y de truenos

que nos separan a menudo. No he de quejarme.

Se va noviembre y te escribo, tan otoño,

de un lado para otro, porque Gijón

retrata en las olas de la playa de San Lorenzo

tu pelo de arena

donde la vida se resuelve, ése

en el que navego sin nada qué hacer o decir.



Las aguas fluyen en el Ébano, como los acertijos,

fluye la sangre de los corazones

partidos por esta crisis cruel

que trata de corromper nuestro carácter,

y recuerdo tu voz, que ahuyenta todos los miedos.

Todas las mañanas son las primeras

cuando persiguen tu perfume amable

que dibuja el lugar del espejismo

donde me siento a salvo.



El té está listo, y aquí estamos. Se va noviembre,

con su terca verdad,

soñando caballos azules como Lorca

o madrugadas eternas. Seguimos en el viaje

que es dulce y luminoso en tu sonrisa que centellea,

como un pequeño milagro de poder hipnótico.



Aún es noviembre, aunque ya termina,

y yo medito estas líneas que aún no te he escrito

tras esta tempestad, que me trae tu calma,

donde tú y yo nos encontramos.

martes, 27 de noviembre de 2012

Mi sí a las puertas

Las puertas, por un conjunto de azares, me han enseñado muchas cosas de mí mismo. La primera que atravesé me sentó regular pero me he dado cuenta de que cada minuto es valiosísimo. Me dejo llevar por mis instintos. Defino sensaciones y sentimientos. Los silencios pesan más que cualquier ruido. Nunca vas a saber qué hay más allá si no atraviesas esa puerta.

viernes, 23 de noviembre de 2012

Un poema breve

De todas las mujeres, impaciente por verte todo yo, 

te escojo a ti, en medio de ellas, 

que recorres los versos y papeles que te debo. 

A ti que te recuerdo de madrugada 

y de día te recuerdo.

La memoria es una hoguera 

que nunca deja de arder, 

aguantando el embate del olvido, 

y vivimos respirando sus cenizas,

lo dijo el poeta. De todas las mujeres, en semáforos rojos 

y en llamadas de teléfono, 

te elijo a ti, fragilidad de mis días,

que me haces ser ese hombre perdido 

que se salva en lo que escribió, sintió 

o imaginó a la luz de nuestros lugares-tardes.

El caso es que es otoño y yo te escojo a ti.



A ti, tu luminosidad adolescente,

paraíso prohibido, país aún imaginado.

lunes, 19 de noviembre de 2012

Más allá de los sueños



(Por la mañana). A veces me da por leer algunos libros de Paul Auster. En cuanto abro uno nuevo guardo sus frases interesantes en un pañuelo. "Para escribir sobre mí mismo tenía que tratarme como si fuera otro". "La realidad es mucho más misteriosa de lo que estamos dispuestos a creer". "He vivido años con la idea de un libro antes de escribirlo". "El azar es parte de la realidad". Cierro el libro que dejo en la mesita. Me sorprende ver en Paul Auster alguna de mis preocupaciones de posteridad. Ya las tiene en sus novelas. Hay obras que nos dan la espalda, miran a otro lado. No quieren encontrarse con nuestra mirada. No ocurre así con las novelas de Paul Auster. Pienso entonces en mi novela en marcha. Aquella que según Max, su protagonista, me hará pasarme ocho horas al día buscando palabras a ciencia cierta; mejor aún, palabras permanentes en el suelo, alicaídas, para supongo no apartarme de mi propósito. Recuerdo así las palabras de Ainara, no hace tanto: -¿Tu novela se parecerá a la peli de ese actor bajito? -¿Más allá de los sueños? -Sí, esa. -Puede que sí, le digo yo. Uno siempre tuvo algo de Chris Nielson, a uno le dio a veces por navegar los cuadros pintados y volar por los aires como el eterno Peter Pan. Uno también sería capaz de abandonar el cielo por el infierno con tal de estar al lado de Annie. Así están las cosas. Las cosas que se condensan y adensan. Los espejos aún me reflejan y el hotel de mi novela abre sus puertas. Mi novela tiene mucho que pintar. Quiero pintar mucho mi novela.

domingo, 18 de noviembre de 2012

Todo nos irá bien

Tiempos difíciles, sin duda, pero todo nos irá bien 

en nuestra ciudad de torreones altos. 

A ti, con tu autenticidad de mármol, 

resistiendo el embate de las heladas. 

A mí, que persigo tu dulce sombra,

el fiero susurro de tu presencia.

Se trata de rescatar la cercanía 

atravesando nieblas y tempestades con su barro, 

lanzar una bengala si hay naufragio 

porque allí estaré para nadar en tus certezas. 

Yo solo sé hablarte, insomne,

prometerte lugares innombrados, 

a menudo. 

Sabes que estás a tiempo, aún con frío, 

de buscar salidas de emergencia 

o paraísos nuevos, de incendiar la mañana 

con el perfume que tienes en el pecho.



Cuando viene la tristeza a buscarte

me visto de urgencia y de versos,

del modo que tienes de llamarme

y de la ciudad que siempre habitamos. 

Te voy a echar de menos.

Esta semana volveremos a lo de antes. 

No vivamos con miedo ni aterrados.



Todo nos irá bien, somos quienes somos, 

simplemente eso, y no sé qué decirte,

solo que estoy aquí,

para darte el calor de mis días, 

versos y pétalos de risa,

abrazos del recuerdo

y toda la luz renovada 

de este mundo disparatado 

que mece nuestras dudas. Qué ganas de verte.

martes, 13 de noviembre de 2012

Para Ander

A ti, Ander, que recién llegas / y la eternidad son cinco minutos, / los mismos que te miro. / A ti que eres explorador, / madeja de nube, / sonrisa radiante / cargada de paz y de verdades. / Cuando subes a la luna / tienes la llama del candil / debajo de tu piel / que todo lo ilumina / en este mundo que a veces naufraga. / A ti que eres jazmín / que trepa por la vida / como la sonrisa ante un recuerdo. / A ti que eres, ilusionadamente, / sobrino de espíritu y de razón y de locura. / Mientras duermes, nunca sueñas con fantasmas equívocos. / A ti, pequeño y frágil Ander, / como te digo. / La ciudad nos mira con tus ojos. / Somos lo que somos porque tú has llegado.

lunes, 12 de noviembre de 2012

Para Ager

Te escribo, ya ves, para que te acuerdes de mi voz a ti debida. Te diré que tienes Sopelana en tus bolsillos, el ruido de las gaviotas que persiguen la playa de Ereaga, las olas de un mar que no te deja y suena en el hueco de tu abrazo, el café Iruña, San Mamés que calma la tristeza o los dolores. Te diré eso y te diré la verdad. Eres del camino. La vida es tan verdad como tu cuna. Te escribo, Ager, porque quisiera convencerte de que estar vivo no es un fracaso. Tendrás planes pendientes, tendrás un relato al que dar argumento, tendrás un viaje sin brújula y el calor de tu gente, un lugar en el mundo desde el que poder gritar al otro lado de la ventana. Hoy es siempre todavía. Eres la aurora esperando tu mirada, rugiente e invencible, como luciérnaga inquieta. Que no me entere yo que no te valoran, que alguien te desprecia, o simplemente quiere pasarte por encima. La tierra vasca es la tierra prometida. Hay mucho de poética en ella. Y el futuro nos llama con tu voz, tiene tu aliento.

martes, 6 de noviembre de 2012

Si estuvieras aquí

 
 
 Me levanto cambiando la escena. Ando, asustadizo y sentimental, de un lado para el otro. Atravieso prematuramente (apenas son las 8 y no hay casi transeúntes) la calle de la Paloma desde la Plaza de la Catedral, contemplo entonces en mi marcha el café Central y el España como un enjambre de luciérnagas. Burgos, aquí estamos y te miro, miro tus autobuses tan rojos como tus labios cargados de utopías. Sonreír, lo sabes bien, no es una excusa cuando la vida es tu perfume, gente hermosa caminando por las plazas. Amanece. Recorro toda la Avenida del Cid para familiarizarme con la ciudad que aún bosteza en este otoño difícil y febril. Hoy he sido un viajero sin tristeza, aunque pienso que todo te nombra, huérfano y borroso, tan sin ti. En tu ausencia te diré que si estuvieras aquí brindaríamos por las briznas de futuro, por la vida tan verdad que se encierra en tus ojos. Somos de la incertidumbre finalmente. Burgos, luminoso y escondido, es una estatua con espada y con pasado. Repaso viejas postales en mi mente. Si supieras lo que haríamos si estuvieras aquí. Te lo digo con rotundidad, nunca es tarde. Será un viaje fugaz pero me dará tiempo a escribir borradores, preparar alguna cita, leer nuestros nombres escritos en todos los árboles que tiemblan en el parque, comer como en casa sin estar en ella. Con la que está cayendo y yo me acuerdo de ti y de tu lápiz de labios. Reivindico el recuerdo de nuestros ratos y palabras. Somos lo que somos. Y arrastramos besos y mensajes mientras el mundo parece derrumbarse. Pero no es tarde. Aún otro mundo es posible, ése que soñaré a tu lado.

miércoles, 31 de octubre de 2012

El bipartidismo y el deseo

Nos estamos portando mal con España. Qué futuro y qué Europa queremos. No sabemos, somos las "islas a la deriva" de Hemingway. El caso es que la crisis cierra negocios y esperanzas, genera paro y desconcierto, con un estruendo feroz por una mala gestión que abarca décadas. Es desolador oír hablar a los políticos, cualquier político, "A España no la entienden en el mundo", se decía Umbral, "porque se escribe con eñe, letra que no consta en los ordenadores de la Comunidad Económica". A España no la entiende nadie, ni los españoles, añado yo ahora. Estamos traicionando a España, a la España del Partido Socialista Obrero Español y del talante, a la del PP y las medidas económicas, a la de la izquierda, a la España con escaso fondo de armario. Hay debate de ideas e incluso de ideales, pero seguimos sin soluciones , entre González y Aznar, entre Zapatero y Rajoy, entre el bipartidismo y el deseo, entre tormentas mediáticas y la avaricia del capitalismo. Las verdades en este país, siempre acaban por esconderse. Lo llevamos crudo. ¿Y qué diablos hicieron los Gobiernos-partidos con el dinero, nuestro dinero? Impuestos a cambio de nada, Darwinismo económico, promesas baldías, pensiones que fueron a dar al dique del rencor y el miedo. "Cuesta trabajo creer al señor Rubalcaba", leo en un artículo, "cuando critica a Rajoy por hacer lo mismo que él hizo hasta que perdió las elecciones. Cuesta trabajo creer a Rajoy cuando habla de la herencia recibida". Los ciudadanos, así las cosas, asistimos, impasibles e iracundos, al procedimiento del miedo contagioso, incesante y decidido, inteligente y audaz. Mañana no será lo que queramos nosotros y el futuro fue vivir por encima de unas posibilidades que nunca fueron nuestras. Pagamos los errores ajenos. Pasa el tiempo y la historia. Lo cierto es que, no en vano, no todo está perdido. Hay que rescatar a los seres humanos y su precariedad, al camarero de la hamburguesería, a la dependienta, huérfana y perdida, de la tienda de ropa, al docente que sueña con formar a futuros ciudadanos, al subcontratado por una ETT en esta crisis negra; y no a los bancos. Rescatémoslos solo a ellos y que los políticos se muerdan la lengua. Extraigamos una brizna de aprendizaje de la derrota, del naufragio de la política, del mástil al que rehusamos atarnos, de los botes salvavidas. Relativicemos el éxito y el fracaso. Somos el camino. Que el hacer unas declaraciones no se convierta en una falta de respeto. Que subirse a un estrado no suponga no preservar viejos sueños, aquellos que perseguimos en la infancia. Que la mentira no valga la pena.

martes, 30 de octubre de 2012

Invitación al rescate

Me parece urgente mirar cada atardecer, con nervios e ilusión. Observar curioso barcos absorvidos por la línea del horizonte, cada puesta que cambia de luz notablemente, igual que cada rostro. Y es emocionante. No sé qué decirte, el alma está por los aires, y nosotros nos miramos a los ojos. Me sumerjo en mi estrépito de novela como un náufrago extraviado, hago nuevas amistades de red social y oídos luminosos, con quienes charlo a menudo, siendo martes y casi noviembre. El caso es que, secretamente, te busco en el leve surco de la vida, que tiene aroma a comienzo. Este otoño tan agosto que nos quema y tú, incólume, vestida de amanecer, buscando luciérnagas inquietas que se esconden en lo oscuro, mientras Gijón bosteza. Estos son días cortos, me recupero de las fiebres, recito a Kavafis sabiéndome Ulises, preparándome nuevas huidas en este país maltratado. Que no se me olvide regresar. Fuimos felices y lo seguimos siendo sin volvernos de espaldas. Tú, con la incertidumbre de si realmente te escribo, de si soy hombre de una sola mujer o de muchas llenas de irrealidades. Abre una puerta, y allí me encontrarás mal disimulado. Sabes que cada mensaje cercano me deja una sonrisa colgada en la cara. Sabes que soy de quien me busca, que voy, aunque casi siempre vengo. La crisis estalla con torpe paciencia. Nueva York es un búnker del que escapan viejos fugitivos, y yo, mientras, levanto la mirada. Hago planes, vivo, siento, en estos tiempos de crisis financiera. Y estoy deseando ya verte, que me rescates.

jueves, 25 de octubre de 2012

Por fin

Casi noviembre y aquí seguimos, el alma empapada por las olas de una tempestad que se retira. No es culpa nuestra. Qué sè yo. Gijón, visto tras la terraza de un café que no desoye tu voz, que busca un sitio que sueña con ser otro, eterno y luminoso, mientras el mundo naufraga. Somos del paseo, de La Buena Vida que lleva hasta tus ojos, de la mañana tratando de salvar mi jersey de invierno y mi rutina. Sobrevivimos. Resistimos a atarnos al mástil. Es a veces el otoño un buen verano en donde tu piel brilla. Todas las mañanas son las primeras cuando la derrota aún es hermosa, cuando miras las calles de una ciudad que es nuestra, sin relojes ni urgencias. Andamos de un lado para otro sin que la crisis nos doblegue. Y aquí seguimos, ya ves, sin la tristeza del viajero que regresa, contigo por fin. Somos quienes somos. Aún vivimos.

viernes, 19 de octubre de 2012

Paraísos inventados

Uno se mira hacia adentro a deshora, huérfano y perdido, y con la intención de encontrar el alma o algo que lo valga. Hay que cazar los rayos de tu mirada, lejana, como Navokov cazaba mariposas. Te llamas Alicia o Almudena. Apenas te conozco pero sigo tus pasos de gacela y de tango en el teatro de mis sueños. Ya sé de dónde vienes, aunque no se sabe nada. Días de Gijón en la cabeza, de Gardel y literatura, ya está dicho, para conseguir un puñado de dichas. Aún me falta algún ensayo para oscar a mejor actor, pero espero verte de regreso, acto 2, escena primera, la tarde de un café que aún nos aguarda. Días de sueño, a estas alturas, me paso el día paseando mis deseos horas y horas, la vida es tan verdad como tus pasos. Gijón sin ti Alicia / Almudena es un puerto sin barcos ni futuro. No te falta la calma de los paisajes amables. No te conozco pero somos el destino, que no existe, somos tú y yo. Estar vivo no es un fracaso. Me miro hacia adentro, lo sé, y la mujer habita al marinero con todo su lirismo y el estrépito de su alegría. El mundo no es distancia en la textura secreta de la memoria. Creo en mí.

jueves, 18 de octubre de 2012

Futuros interiores

Regreso a tu futuro introspectivo, secreto, prohibido, maldito. Ocurre que uno tiene en su cabeza un torbellino de sentimientos y nostalgias que le mantienen insome en una siesta de libro. Fuera la vida gira como un torbellino, en esas está. Somos el acantilado que observa todos los atardeceres bellos, y le habla a las olas. Vuelvo a tu futuro preparando una huida. A veces me preguntan quién diablos me gusta y yo respondo que me encantan los soldados que se alojan en tu vientre. Vuelvo, aunque quizá nunca me fui, con mi jersey de mar y la calle que es nuestra. Paro un taxi silencioso, amor, y vuelvo a por ti, a quien adoro y perdono por estar del otro lado. Es nuestro futuro hablador y anunciante al que regreso esta tarde / noche, a tus llamadas perdidas a punta de recuerdo. Lo que todavía no entiendes es que no hay lumbre más ardiente que tus ojos. Lo que todavía no entiendes es que tu piel crea la tormenta perfecta. Salgo entonces de casa sabiendo que estás viva, aunque te hiera este otoño que encharca los pulmones, complicado como Cellini, como la aurora aquella que habitamos, tuya y mía.

jueves, 11 de octubre de 2012

Volvimos al café

Volvimos al paisaje que habitamos, que necesita un café para cruzar un océano de palabras y de futuro, el leve surco que lleva hasta tus ojos y a las ganas de verte. Aquí seguimos. Recordando las promesas que nos hicimos antes de que la crisis golpeara todo lo que parece derrumbarse. Esto es la vida. Volvimos al café y al viaje sin brújula, a la vida de las dos de la tarde. A este otoño que es el primero cuando los interrogantes nos visitan, a menudo, como quien busca escaleras de emergencia y mares primigenios. Y aquí estamos, como digo / decía, en la vida, ahora que la lluvia nos da una tregua, y paseamos el idioma de brujas sin escobas ni dudas, como el joven Potter en Hogwarts, colándose por ventanas y cielos deshabitados. En este otoño tan invierno, como el espejo del pasado, tuyo y mío. No somos peores.

lunes, 8 de octubre de 2012

El derecho a mi delirio

Regreso a mis atardeceres-lugares, que habito sin ortigas ni olvidos. En tu ausencia sé que las cosas irán bien. Trabajo la novela a ras de sueño recordando las promesas que me hice siendo un crío. Aún soy, de alguna forma, un Peter Pan pendiente de tus gestos. El mar no se retira y su mirada no se toca. Leo en André Maurois: "¿Qué va a sobrevenir? ¿El fin del mundo o al menos de nuestro mundo? ¿La destrucción de la humanidad, anunciada por Wells?". Son demasiadas cosas: la esperanza, los poemas, las oposiciones vestidas de Celestina. No todas las derrotas son feas. Velamos a septiembre. Bienvenido, otoño. Arde la vida como arden mis ganas de verte, que se cuelan por las ventanas. Te esperaré, nombrándote en la tarde que se apaga, con el derecho a mi delirio. Seguimos soñando.

viernes, 28 de septiembre de 2012

Pasión para fotófobos

Caigo en el vicio de tus ojos, disparo de la luz. Lo había dejado de tanto cambiar de lugar y casa, de casa y lugar. No me entero. Lo intenté. Lo intenté. Puede que sea la pasión, como dicen por ahí, que balancea mi corazón dormido. La pasión es un estado de ánimo aunque me lleve la contraria a mí mismo. La pasión para cualquiera que junte besos, líneas o recuerdos. Porque existe para todo el mundo que analice e interiorice, no importa dónde te encuentres ni quién seas; si eres renovado o renovable, pensante o pensado. La pasión alabeada cae sobre ti en un espacio casi imposible, y te apasiona, te ralentiza y te engulle, te salpica de luciérnagas, si hay suerte... Bendita pasión que no es baldía, de mares y de huracanes de interior, que no me entere yo que te maltratan, que alguien te ignora en el bolsillo del alma, te provoca y te estrella, que alguien te ortiga, te acorrala, te convierte en olvido o simplemente te saca del paraíso. Con tanto ruido, ya digo, no había podido escuchar el disparo de tu luz que me abre sus páginas. Y ahora concilio así un sueño que habita en mí, en el eco de mi frontera, y crece, como la cola de los parados.

miércoles, 26 de septiembre de 2012

Maquillaje exprés

Es septiembre, que a uno siempre puede resultarle fascinante. Despedimos el verano. A pesar de su marcha, o quizá por ello, el olvido golpea todo y uno, todavía escritor joven, sigue con la novela a cuestas y con las oposiciones de futuro. Somos otros, austerianos y distantes. Pero aún así no nos rendimos, aquí estamos, y, entre tanto, recordamos las promesas que nos hicimos. Es hora de cumplirlas. Empiezo para variar un nuevo poemario de desahogo, Maquillaje exprés, título por cortesía de mi querida amiga Patri, genial como siempre (uno, como snob, intenta estar a la última). Llevará poemas sin conexión aparente, sin maquillar más que lo justo (porque uno está como quien busca espejismos o salidas de emergencia). Continuamos pidiendo la paz y la palabra, siendo fieles a nosotros mismos. Qué bueno empezar nuevos libros, nuevos poemas. Ojalá que os gusten.



BILLETE PARA UN VIAJE AIR XANAX

Nunca he oído hablar de Xanax, dije.
Es una droga distinta a cuanto ha visto.
Siga las instrucciones -querrá tomarla-,
y dirá adiós a todo
y se convertirá e un vulgar zombi,
en un ser de párpados cerrados
que no llamará la atención.

Podrá, si no se resigna,
volar a través de las ciudades
y las corrientes bifurcadas
espantando a la anestesia
de días pasados.

Le garantizo que, cumplido el tiempo,
no se enterará
de que ya no sigue con los pies en la tierra.



LOS OJOS ABIERTOS

(Marguerite Yourcenar)

Tengo varias religiones, como patrias.
No pertenezco quizás
a ninguna de ellas.



CAUTELOSA MÁQUINA

La máquina,
vieja máquina de escribir,
que es nueva de alguna forma,
cicatriz siquiera,
murmullo.
Le quita el rencor a lo que pienso,
porque, contra lo que creen
los transcendentalistas del oficio
-que no expresan nada-
escribir en una máquina
es menos comprometido
que escribir la tinta.

La pronuncio.
La devoro en mi sombra.
La someto al alcance
de lo visible.
La rescato
hasta los escombros de la luz.

Estaba escrito,
sigo fiel a mi máquina,
delira,
teclea alegremente
el silencio de última hora
que está en nosotros como a nuestro alrededor.
Por tanto, la máquina,
respiración nocturna,
colchón vacío,
dice las verdades de plomo.
Es cuanto necesito saber.

jueves, 20 de septiembre de 2012

Isla-Máster

La isla. Una isla en el corazón. No es que la isla se vuelva silencio y peso con el tiempo. No, tampoco es eso. Anoche, sin nervios ni disimulo, soñé que salía de clase, de aquel viejo máster de profesorado en el que las luciérnagas se escondían en los pupitres, de aquel edificio mítico y mágico donde nos buscábamos y nos desencontrábamos vagando absortos, donde alguien me decía "Ésta es tu isla, macho, aquí te quedas". La isla ligera en el aire que respiro hondamente e ilumina mi mediodía, en secreto, para no dar sospechas a los morlocks fotófobos. La isla, estamos presos en la isla y con la literatura en crisis. Parece que no tiene historia pero la tiene. Vivimos en la isla mucho más de lo queremos admitir. Quien más y quien menos guarda lugares en los que fue mejor. Vuelve la luz de una isla que yo creía apagada para siempre, regresa así, sin que necesitemos muchas más razones. En sueños mis pasos se dirigen a ella: dan un paseo por la sala de ordenadores, se pierden en la cafetería pidiendo una lenta cerveza con sabor a otras tardes y se paran ante la puerta S-26. Pero la puerta está cerrada y han cambiado la clase al edificio Norte, plagado de identidades que dicen los psicosomáticos. El tiempo es un barco que solo naufraga cuando ya no tenemos ganas de navegar en él. Lo que pasó ayer pasó hace una eternidad. A veces parece que todo transcurre allí, arrastro pedazos de madera que son recuerdo. Qué pena. Qué desaliento. Es la isla de las cosas que ya no existen pero no me importa: allí está mucha de la gente que más aprecio. Navego a mi vieja isla al otro lado de La Gesta, a mi aula que ya no es mi aula, con finos showmans y libros dialécticos, y me hundo en el mar del olvido y sé que allí está todo. Tediosa, edificante, robinsónica, imaginativa, con ojos colegiales, disparatada, dictatorial, latente (diría Freud). ¿Encalla un barco cada día? ¿Encalla un barco cada año? Miro y callo. El barco encalla de vez en cuando, de tarde en tarde y me digo: felices meses. Felices hasta que se me ahogue el barco del corazón sin llegar a ella. Por fin la isla. Sí, la isla. Una isla que amo mientras el mar me mata.

martes, 18 de septiembre de 2012

Vámonos

La casa en el campo, silenciosa en la noche, perdida y acompañada, me trae tu nombre. Ya está, pronto nos veremos, y trato de aplacar los nervios. Quiero dormir hasta estar a tu lado. Tengo ganas de verte, qué sé yo. Sé que tu presencia trae lo que un sol luminoso al verano que ahora marcha. Comienza en ti este otoño, en ti árbol abierto, que me ofrece sus ramas. Hay mujeres que dan para un libro y mujeres que son un relato breve. Tú mujer con hojas, eres Eva expulsada del Paraíso. Yo, Ulises, triste viajero que regresa. La ciudad está cerca y lejos. Aunque sepa los caminos yo nunca llegaré a Ítaca. Hay que pensar en tantas cosas: la novela, nuestra próxima huida, los sueños por habitar, buscando luciérnagas que se esconden. Vámonos, pequeña, al frío. Cada comienzo es un horizonte. Todo es un relámpago en tu risa.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Cita

Fui feliz y sigo siéndolo aunque el frío glacial se congele en mi camisa e Ítaca se vaya deshabitando.
Estos días son largos. Hago repaso de lo vivido y los recuerdos son aleteos de mariposas fugaces haciendo vuelo rasante. Todo un reto poner nombre a las puestas-atardeceres, empezar mi novela que encuentra todas las ilusiones que uno quiere. Aquí Ulises. Aquí un náufrago en busca de un hotel disparatado en que sentirse niño. Son tiempos difíciles. Mañana no estaré en el País Incertidumbre. Mañana no será lo que Dios quiera, y nos cubriremos de certezas. Me quedan demasiadas cosas por vivir y aprender. Momentos frágiles. Somos los que fuimos. O los que seremos. Qué sé yo. Cómo pasa el tiempo. Nace un amor más justo, mejor. Ése que soñaron esos otros que conformaron al yo que soy ahora. Ése que se sube predido a los trenes del futuro, a los cafés de Heineken y de risas disparatadas. Con la llama de Prometeo alumbro la vieja casa, ahuyento a los morlocks que se tercian, con libros de Paul Auster o palabras incesantes. También con veracidad y autenticidad. Te diría que sigo soñando y trabajando mis escritos y te diría bien. En esas estamos. Y ando inquieto. Con todo por hacer. Con nuestro encuentro por llegar. Estoy llegando a la cita. No queda nada.

miércoles, 5 de septiembre de 2012

La vieja casa


Terminó la mudanza,


y yo vuelvo.

Fuimos felices en el máster

con un sol cegador.



Vuelvo como un animal cansado

entre el delirio y la cordura

como James Mathew Barrie

con los hermanos Llewelyn Davies,

aunque quizá nunca me fui.



Vuelvo a Ballota, a la vieja casa,

pequeño universo desierto

perezoso, que bosteza,

regreso al roce de los acantilados

y a las nubes primigenias,

al viejo lugar

donde siempre somos jóvenes.



Trae el horizonte, vestido de septiembre,

un nuevo comienzo,

ladridos de perro al amanecer.

Palpo la escalera desconcertada,

tallo nuestros nombres en los árboles,

esos mismos que escribía en los pupitres,

mientras termino etapas y versos

preparando futuras citas.



Pero a lo que íbamos. Seguimos el viaje.

Vuelvo y huele a recuerdo la vieja casa.

Abriremos todas las ventanas.

lunes, 3 de septiembre de 2012

Luz radiante y luego oscuridad

"Estoy solo en la oscuridad, dándole vueltas al mundo en la cabeza mientras paso otra noche de insomnio, otra noche en blanco en la gran desolación americana".




sábado, 1 de septiembre de 2012

Lo que fue nuestro



A pesar de los años, o quizá por ellos, apreciamos desde la distancia la esencia de los días felices.