jueves, 28 de febrero de 2013
miércoles, 27 de febrero de 2013
Calle elemental
Hay calles completamente desiertas, pues no lo son de verdad. Una calle desierta puede ser un caos de gente ninguna, porque los que pasan, pasan por ella como si estuviese desierta, como si fuese una razón olvidada.
martes, 26 de febrero de 2013
Milímetros
"Soy todo yo una vaga añoranza del presente, anónima, prolija e incomprendida".
"No creáis que escribo para publicar, ni para escribir ni para hacer arte siquiera. Escribo porque es el fin, el refinamiento supremo, el refinamiento temperamentalmente ilógico, de mi cultivo de estados de alma".
"Quien no tiene Dioses nunca tiene tedio".
"He naufragado sin tormenta en un mar en el que se puede estar de pie".
"La vida es un ovillo que alguien ha enmarañado".
"Es la última muerte del Capitán Nemo. En breve, moriré también. Ha sido toda mi infancia pasada la que en este momento ha quedado privada de poder durar".
Fernando Pessoa, Libro del desasosiego de Bernardo Soares, Seix Barral, 2oo8.
"No creáis que escribo para publicar, ni para escribir ni para hacer arte siquiera. Escribo porque es el fin, el refinamiento supremo, el refinamiento temperamentalmente ilógico, de mi cultivo de estados de alma".
"Quien no tiene Dioses nunca tiene tedio".
"He naufragado sin tormenta en un mar en el que se puede estar de pie".
"La vida es un ovillo que alguien ha enmarañado".
"Es la última muerte del Capitán Nemo. En breve, moriré también. Ha sido toda mi infancia pasada la que en este momento ha quedado privada de poder durar".
Fernando Pessoa, Libro del desasosiego de Bernardo Soares, Seix Barral, 2oo8.
jueves, 21 de febrero de 2013
Sueños vagos
Tuve un sueño, como Soares: "Ha sido
en un cuadro, sí, donde te he visto.
¿Pero de dónde me viene esta idea de
que te vi acercarte y pasar a mi lado
y yo seguir, sin volverme para atrás
para estar viéndote siempre todavía?
Se detiene el Tiempo para dejarte
pasar, y yo te amo cuando quiero
colocarte en la vida -o en la semejanza
de la vida.
sábado, 16 de febrero de 2013
Interludio de novelas perdidas
Uno busca, derrotado y derrocado,
su novela durante años y años, en
las calles, en la atmósfera, en el
intelectualismo, en la sombra, en el
rastro, y de repente, zas, en ese
mismo lugar por el que habíamos
pasado miles de veces, aparece con
cara de no haber roto un plato en su
vida.
jueves, 7 de febrero de 2013
Sacando conclusiones
Me levanto pronto, entre nueve y nueve
y media. Abandonando cualquier otra
lectura me encamino
hacia el Amado siglo XX,
de Francisco Umbral. Anoto esta idea:
"Si a los veinte no eres ya un
escritor lorquiano, es que no lo vas
a ser nunca. Yo respeto a los escritores
sin estilo, con carencia de fraseología.
Los respeto, pero no me dicen nada.
Andar por la vida de escritor sin
estilo es como andar por los mares sin
vocación de marinero. La manera de
decir las cosas importa mucho más que
esas cosas. Cuando se ha contado algo
sin manera es como si no se hubiera
contado nada. La cosa no existe porque
la nombremos, sino porque la nombremos
de determinada manera". Tengo que
escribir con estilo de lo que pasa hoy
y de lo que no pasa, sencillamente.
Sencillamente.
martes, 5 de febrero de 2013
Sociabilidad inteligente
No sé si fue Pessoa, si Senancour,el
que dijo esto: no hay espejo que nos
dé a nosotros mismos como fueras,
porque no hay espejo que nos saque de
nosotros mismos.
lunes, 4 de febrero de 2013
Tu regreso
En medio del deterioro de una amistad,
¿qué significa una mirada al recuerdo?
El río borra a veces los rostros en
lista de espera. «Cuándo quedamos»,
susurra el futuro en mañanas de
febrero barroco, de sol y viento. O
sea, ni frío ni calor. Así estamos.
Te lo dije una vez: "Yo, Alicia, es
que prefiero cuando regreses". Avenida
de Cantabria, uno se esfuerza con los
cinco sentidos en ver lo invisible,
aquello que dé al corazón un calor
verdadero, en levantar los ojos para
mirar a las aguas del río del ayer
a la cara. «Cuándo quedamos», dice el
futuro exhausto. Pero llueve sobre
mojado y ya nos han contado todos los
cuentos que planean en uno como un
gramófono anticipado. Como es lógico,
es angustioso saber que a veces, tras
las aguas de un río, lo que espera es
el olvido canalla y su cólera. Hay
amistades que nos parecen igual de
guapas, con en el peso de los años, pero
la vida las llena de sueños confusos.
Hay amistades que tienen días de cuchillo,
una espada de rebeldía. Pero hay más,
hay otras de altas temperaturas en las
que comprender es olvidarse de amar.
Y amar es haber amado. La dejadez
atronadora convierte entonces la actitud
en metáfora del sentimiento de soledad.
Cuando me distraigo, veo claramente. Si
te distancias como mera tiniebla, brindaré
por el silencio efervescente que cierra
todas las puertas. Así se van los días.
Y todo depende de los intereses creados
de cada cual. Por eso no conviene
desentenderse de las decisiones
personales de cada uno. Importa más
mirarse a los ojos. Aunque es difícil,
es un recurso imprescindible. «Cuándo
quedamos» susurra el eco restallante
de nuestro futuro imperfecto. «Cuando
regreses, Alicia, como el agua a las
márgenes del río del recuerdo».
jueves, 24 de enero de 2013
Invitación de último minuto
Una cosa que hay que hacer siempre
al iniciar un invierno es pasarse
una hora en el café La Corte, para
detener el reloj, o cuando menos
tres cuartos de hora. Ya que todo
está igual en este imperfecto
Universo en que vivimos y lo único
que hace la política impertinente
es continuar con la crisis, vámonos
a La Corte, ola natural de mi
ánimo, donde el frío no llega ni
el peso de los años. "Qué nos
espera / si nieva en la memoria /
de quienes fuimos" escribí no hace
tanto. Vayamos a La Corte vestidos
de mayo. Es saludable brindar por
un recuerdo verdadero o falso sin
que sepamos muy bien cómo,
solemnizar cada momento. También
lo es, según el grado de cercanía,
brindar por la otra orilla y la
ciudad baja. Por la tempestad del
viajero y las memorias de un
desmemoriado. Vamos, pequeña, a
La Corte, vestidos de madrugada,
a defender cosas indefendibles y,
al cabo de unas horas, los
pensamientos se cerrarán como una trampilla.
Somos los alrededores de La Corte,
la novela que vamos escribiendo
al aire e inconjugable. Vámonos
a La Corte al fin arbitrarios,
geniales, tiernos, relojeros,
débiles, triunfantes y arriesgados.
jueves, 17 de enero de 2013
Lorca
Lorca, exclusivo, refulgente,
definitivo, sensible, sublime sin
interrupción, porque te da la
gana. Lorca, duende, las alas del
vitalismo andaluz. Lorca, duende,
nada te mata, todo te hace más
fuerte, por tus plazas de plateresco.
Lorca, duende, que barres para
dentro, fuerza centrípeta. Y ya
regresan los sonidos negros, negros
de betún, tú quieres ser tú, la
imaginación es un hecho del alma
y rompe copas en la madrugada,
las iguanas vivas muerden a los
hombres que no sueñan. Lorca,
todo es otra cosa. Todo está
queriendo ser. Lorca, magia en la
mañana viva, hebilla luciente y
gastada. Lorca, García Lorca.
miércoles, 16 de enero de 2013
La vida en este caso
Sigo con Soares que nunca defrauda:
"Me pierdo si me encuentro, dudo
si opino, no tengo si obtuve.
Como si me pasease, duermo, pero
estoy despierto. Como si durmiese,
despierto, y no me pertenezco. La
vida, al final, es en sí misma,
un gran insomnio, y hay un
aletargamiento lúcido en todo
cuanto pensamos y hacemos". La
vida, pienso yo ahora, es ir al
Rastro en busca de algún aforismo,
ver a mi sobrino de locura Ager
riendo mientras le miro, algunos
atardeceres, la escritura de un
poema en el café Cires, mi Alicia,
Madrid y sus contradicciones,
habitar los sueños pendientes, el
mar que me salva del naufragio,
saber que no te rindes aunque el
mundo se agriete.
martes, 15 de enero de 2013
Somos
Decía Bernardo Soares lo siguiente:
"Sabio es quien monotoniza la
existencia, puesto que entonces
cada pequeño incidente tiene un
privilegio de maravilla. El cazador
de leones no tiene aventuras más
allá del tercer león. Para mi
cocinero monótono, una escena de
bofetadas en la calle tiene siempre
algo de apocalipsis modesto. Quien
no ha salido nunca de Lisboa viaja
al infinito en el tranvía cuando
va a Benfica y,si un día va a
Cintra, siente que ha ido a Marte.
El viajero que ha recorrido toda
la tierra, de cinco mil millas en
adelante no encuentra novedades,
porque solo encuentra cosas nuevas;
otra vez la novedad, la vejez de
lo eterno nuevo, pero el concepto
abstracto de novedad se quedó en
el mar con la segunda de ellas".
Cierro, cansado todo yo, el
Libro del desasosiego. Así se van
los días, si monotonizar la existencia
para que no sea monótona. Pero
no es tarde. Estar vivo no es un
fracaso. Sé guerrera, busquemos
ese mar en el que quedarnos. La
isla será nuestra como nuestro es
el futuro. Habrá bengalas que nos
iluminen para salvarnos de la
escarcha y los piratas. Somos otros.
Mañana no será lo que la Monotonía
quiera.
jueves, 10 de enero de 2013
Despierto
Despierto y el dinosaurio sigue ahí.
Veo claro el argumento de mi novela.
Quince folios, con mucha ilusión
y con la sensación de que aún no existen los problemas.
Despierto, el caso es que es enero y yo te amo.
Suerte, imagino, el no deber nada a nadie,
cuidarse de la amargura,
que mi fiebre sea el optimismo,
relativizar el éxito y el fracaso
como Bogart en Casablanca .
Pasa el tiempo y no es malo,
con la sonrisa prendida en el rostro.
La prima de riesgo está por los aires.
Pero aquí estamos, entre la realidad y el deseo.
Despierto, como te digo.
Es enero y yo te amo trepando al árbol del pecado,
ése mismo en el que tallo nuestros nombres,
te busco para convencerte de que estamos a tiempo
(adhuc tempus se decían las viejas leyendas).
El futuro es nuestro. Sé que insisto mucho,
espero que me perdones, pero continuamos en el viaje.
Estamos despiertos. Ahora más que nunca.
miércoles, 9 de enero de 2013
Cartas desde el insomnio
Me entretengo leyendo, imagen
interior de mí, los diarios de
Andrés Trapiello. En esta ocasión,
temblorosa de fiebre y frío, le
toca el turno a
Apenas sensitivo (Pretextos,
2011). Me quedo lírico y preciso
en la carta futura recibida en 2003
desde el 2009 (que, digamos, es un
recurso muy literario) en la que
un amigo X le incita a que deje de
escribir su novela en marcha.
Apreciación (ganas de no hacerle
trabajar) con la que su mujer M.
está de acuerdo. Y le dice: "Estoy
de acuerdo con X, esos libros son
el proyecto de un romanticismo
suicida. Acabarás quedándote solo:
unos querrán irse de tu lado,
porque les dará miedo estar junto
a alguien que puede contarlo todo,
y no querrán compartir nada contigo,
unas veces por temor a ser
juzgados o simplemente narrados, y
otras, por el contrario, cansados
de que hables ya de todos menos de
ellos. Desde luego me apenaría que
esos libros dejaran de escribirse,
porque son nuestra vida, la tuya,
la de los chicos, la mía, y sabes
cuánto me gustan pero todas las
cosas tocan a su fin. Lo que hayas
escrito de la vida, vida será, y
nadie podrá quitárnosla ni a ti ni
a los que nos encontramos en ella".
A mí me recuerda, nada importa y
todo es repetición, a mi futura
mujer de 2019 que me llega ahora
en 2013, a mi Alicia particular.
Algo así. De momento le parece
genial y fascinante que escriba
sobre mis recuerdos o manías,
aunque haga exceso de sentimiento,
exceso de prosa, exceso de todo.
Para acabar el día escribo una "Carta
desde el insomnio", que nunca verá la
luz: "A veces en mi cuarto metafísico, /
ocupado en tachar alguna página, / he
sentido entrar por las ventanas / al
reloj de la noche. / ¿Es que nadie
conoce mi desorden, / quiero decir, que
soy / un animal nocturno? / Como odio
el lugar común, me pongo el abrigo, /
empiezo a caminar de este a oeste /
recibiendo una luna que es ajena. / Al
quedarme más solo que yo mismo /
toco el brazo / de las pequeñas lluvias
y los cielos salados, / tanta gente en
la calle que sale bien peinada / y
escribe sus historias / por crear un
autor / a la medida de su gusto. /
Hay tanta dignidad en los garitos. / La
escritura es un signo muy visible /
en estas horas frías. / Luego regreso
a casa, muy cautelosamente, / dibujo
al margen del papel, / espío en la
ventana. / Desde la habitación, a
tientas, / respiro el tornado de la
literatura".
jueves, 3 de enero de 2013
Un mal sueño
En sueños me encontré una muchacha
alta, indiferente, secreta,
atrozmente invernal que se
encaminaba hacia mí. De pronto,
intenso y breve, su rostro estaba
cerca del de Nicole Kidman y,
durante los siguientes nueve
minutos y medio, sus facciones se
transformaron en las de Cristina
Rosenvinge. Era un mundo aparte.
Se creía una persona / personalidad.
Comenzó a recitarme, para atención
del personal, lo que, según me dijo,
eran unos versos míos que discretamente
le había dedicado tiempo atrás:
"Tu rostro no es tu rostro / es un
beso que llega del pasado. /
Escribo para que me leas, / para
despertar cierto interés / a su
debido tiempo". Al acabar de recitarme
me fijé, pero ni tenía inquietudes
vitales ni sabía lo que era eso.
En sueños a veces nos encontramos
personas engatilladas y amargas que,
por tener orgullo, se quedan más
solas que la 1, en clave de frío.
Como la muchacha de anoche. Justo
cuando iba a despertarme y dejarla
atrás, me dijo que no la abandonara,
que no la dejara sola en tierra de
nadie. Sacó entonces unas líneas
de una carpeta azul, que me
recordó mucho a la del poeta
ovetense Ángel González. A veces
juzgamos con aparatosidad a los
demás. Y es que hay palabras
tranquilas que aciertan y caen,
como una piedra, en el fondo del
alma: "Que tu norte no se olvide
nunca de mi invierno", me dijo
(lo cual en absoluto es malo). De
repente su rostro volvió a ser
su rostro en mi sueño rebelador y
revelador, con be y con uve. Al despertarme,
perdido, quise regresar de nuevo
pero medité que antes de ponerse
a soñar, hay que saber donde
vamos, y cuál es el mejor camino.
Y es que, como dijo Umbral, la
amistad es más fuerte que la
familia o el amor. Según qué
amistad, claro.
miércoles, 2 de enero de 2013
Veracidad
Acto de barbarie: dejar el folio a medio camino, no perderse en el tiempo de un cuarto o no ser la herencia del recuerdo.
martes, 1 de enero de 2013
Nuestra patria es el trayecto
Es difícil influir en la realidad
en la que vivimos si somos meros
espectadores en un tiempo de descrédito.
O participamos de ella por
definición, o no somos. Pero hay
días en que me levanto con una
esperanza con mayúsculas, humana,
perfilada, refulgente, neta, si tú
me miras. Las barras de los bares,
los lugares desconocidos, la conversación
de tus estudios, la playa de S.
Lorenzo han aprendido de memoria
a convivir contigo. Tu tren vital es
maravilloso. Cuando vienen días
grises, si me veo necesitado de energía,
vienes por los raíles del tiempo hasta
mí, tan viva y con tanto presente. A
veces necesitamos saber que le importamos
al otro. Les doy la lata con los
trayectos porque pienso, a menudo, en
las sílabas de mi futuro. La verdad es
que creo en nuestra coincidencia, en
nuestro poder de decisión. Nada está
escrito.
lunes, 31 de diciembre de 2012
Próxima estación
Siempre pesan las entradas a los
próximos trenes, para bien o para
mal. Se va el 2012 sin sentir
vergüenza. Da igual. Hay que tener
el arte de saber a qué te subes
y cómo te pueden cambiar las cosas,
pero sin miedos que nos paralicen
o atemoricen, sin asustarnos como
se asustan las palomas en el
parque. "¿Va usted a coger el tren?",
me dice esta mañana una señora,
errante de sabiduría,disimulada,
voluntariosa, perdurable. "No,
señora. Este tren se va a Ningún
Sitio". Yo espero a Alicia, le cedo
mi sitio a otro, tarareo una
canción. Ella hace la vida eterna
en cinco minutos. Quiere decirse
que hay que saber parar y bajarse
a tiempo, sentarte en el andén y
esperar otro tren. Elegir tu asiento
y a tu acompañante de viajes. Y es que hay
trenes que vienen de ninguna
parte y descarrilan en ningún
sitio. Yo tengo tiempo de esperar
el mío con premura, tesón...
mientras pasan trenes como
relámpagos, otros de puntillitas,
pero mis horarios, te lo juro, los
tengo controlados. No sé si me
explico. Abandónense a su instinto,
conozcan lugares desconocidos. Yo
aún no me subo, he de comprar
unas flores y echar en falta el
color de tu jazmín. Tengo que
escribir la novela tras este año
de rumores y de titulares. Pero
si me lo permiten, me lo voy a
permitir, rechacen lo irrechazable,
propónganse exclusivamente,
exhaustivamente no dejarse llevar
por la facilidad y la inercia,
esperar su tren oportuno,
apresurándose despacio. "¿No va a
coger usted este tren?"... "¿Otra
vez?... señora, de verdad, no
insista, yo voy a esperar". Sí,
esperaré a Alicia, en el silencio
de mis silencios. El tren de Alicia.
Alicia al fin.
domingo, 30 de diciembre de 2012
La mirada del viajero
Cuando se deja avasallar por lo que guarda y conserva -por lo que es suyo-, mi memoria, inequívoca, se descubre la cara y regresa al Paseo de los Ferrocarriles, en El Astillero, quiere ir un poco más allá, más hondo, allá donde los árboles siguen creciendo. Los árboles, que todo lo ven y todo lo saben, suelen ser irreflexivos. O, como dice Umbral en uno de sus libros, los árboles son unos hombres que he descubierto tarde, unos amigos fijos y fieles, grandiosos. Es extraño cómo la nostalgia se ilumina y manifiesta durante mucho tiempo. No sé si somos conscientes de que escribir es reescribir, volver a vivir lo vivido por otros cuerpos que nos llevaban en tránsito, o sea, verse a sí mismo desde la distancia y desde la estatura de adulto presentándolo bajo un oro nuevo, añadiendo tal vez un rincón raro, un acento que ya es nieve, un tono de voz a media voz, que en muchos casos merece la pena ser leído. Escribir, digamos, tiene una cuarta dimensión y requiere buenas manos, como tocar el volín. Estaba, por un lado, la Ría de Solía, que era para mí, en mi vacación, en mi retiro desocupado, uno de mis sitios preferidos, una confusión de barro y atardecer rojizo, de prestado, de lo que me prestaba la vista. Mirándola de forma plácida (puede que sea una hipérboles visual), difícilmente podía uno sustraerse a tal fascinación. Desde cada recuerdo, como en éste, nos miran siempre los ojos de un fantasma por nosotros muy conocido, esos mismos ojos que nos reconocen desde las esquirlas de un espejo roto. Pero, a pesar de ello, nos encontremos donde nos encontremos, tengamos lo que tengamos, la buena memoria nunca nos llevará la contraria. Hace frío (tampoco demasiado frío), y la noche ha caído sobre el municipio, llenándolo de voces perdidas que retumban sin chocar con nadie, casi sin saberlo, pero el viajero, tal vez de mis veinticuatro o veinticinco años de edad, con mi mismo nombre y mis mismas inquietudes, sigue vagando aún por la Travesía de Orense, como navegante rendido, atraviesa las avenidas del pasado con gesto serio y las manos en los bolsillos, rumbo hacia el Mercado. La plaza del Mercado está llena de bonitos símiles. Hay algunos rincones secretos de ciudades apenas entrevistas en los que todo nos es ajeno, lugares que nos reconcilian con nosotros y permanecen en las telarañas del corazón, aunque estemos de paso. Son calles, olores, recuerdos, anécdotas, escenas sin importancia, etcétera., que uno ha amado y ama de manera invariable pues, esté donde esté, estará en esos lugares, y encontrará todas las cosas que necesita para ser feliz. Es decir, se acabarán enseguida sin agotarse nunca: Calle Rualasal de Santander, llena de fulgor, para caminar presurosos y camuflados, con sentimiento de duración; Calle Gil de Jaz, a media tarde, recuerdo que con las preocupaciones agotadas, donde dejé a uno de mis yo que más me gustaba y mis ojos se clavaban en una sonrisa (con un color fugitivo que solo existe en la memoria), que, cuando me quise dar cuenta, se perdía en el Hotel de La Reconquista, pero me quedó muy dentro; la Plaza Cataluña, junto a las palomas, desde la que se puede contemplar una Barcelona hermosa y fría, que invita a guarecerse bajo su abrigo. "Cada vez más honda conmigo vas, / como un amor hundido, irreparable. / A veces ola y otra vez silencio", para decirlo con el poeta catalán; y, sobre todo y especialmente, Calle Paseo de los Ferrocarriles, con sus abetos rojos, su cúpula al fondo y sus bancos a la espera de algún transeúnte. A veces parece que todo transcurre en esa calle donde nunca dejé de encontrar lo que buscaba. Yo escribí un día un poema titulado curiosamente "Calle Paseo de los Ferrocarriles":
Que estás en medio de la niebla y la nada,
ve a la Calle Paseo de los Ferrocarriles.
Que una sombra sigilosa te indica el camino
y no sientes más voz que la tuya,
ve a la Calle Paseo de los Ferrocarriles.
Que nada va durar y todo queda atrás,
ve a la Calle Paseo de los Ferrocarriles.
Que quieres ver pasar, ante tus ojos,
al gran teatro del mundo,
ve a la Calle Paseo de los Ferrocarriles.
Que todos los que fuiste se esfuman de repente,
ve a la Calle Paseo de los Ferrocarriles.
Que quieres volver a ese extraño lugar
en el que tal vez has sido feliz,
ve a la Calle Paseo de los Ferrocarriles.
Calle Paseo de los Ferrocarriles. El recuerdo es fiel aliado del viajero. De los cientos de paseos que le habitan, ése -ya digo- es el que prefiere. Paseo: eso que tan pocos saben hacer como Dios manda: sin rumbo, sin impaciencia y sin pensar en nada. No pretendo -o al menos así lo veo yo- hacer un retrato fiel de El Astillero. Pero el tiempo que pasé allí, según parece, reúne las mejores vivencias. Vivir en un café lleno de música y literatura. La mirada del viajero, con toda modestia, se acomoda en un rincón iluminado, repentina e inexplicable, y el adolescente que fue (y vuelve a ser a veces) se sienta junto a Julio Verne y Gustavo Adolfo Bécquer que caen de nuevo por azar entre sus manos, y los lee y los relee con una pasión inextinguible. Desde hace rato mi memoria -vuelve otra vez la frase-, se deja avasallar por lo que guarda y conserva, con la inocencia de un recién llegado. Es por eso que mi pensamiento, como un explorador entre la niebla, recorre El Astillero igual que lo hace ahora, como si en el poco ajetreo de sus calles encontrara satisfacción aunque, en realidad, permanezca suspendido como una temerosa luz. Villaespesa, Piélagos, Peña Cabarga, Guarnizo, Bahía de Santander, San Salvador. Acá y allá, cafés, dos paseos, dos estaciones, banco y caja de ahorros, Iglesia, ocho o diez taxis. Así es, por suerte, El Astillero -iluminado por la luna como linterna vieja-, marisma en la memoria que se rehace a la deriva, un mapa y una puerta al paraíso, una llave irrepetible y una débil esperanza abierta, de plumas reverberantes de realidad. O eso creo.
Que estás en medio de la niebla y la nada,
ve a la Calle Paseo de los Ferrocarriles.
Que una sombra sigilosa te indica el camino
y no sientes más voz que la tuya,
ve a la Calle Paseo de los Ferrocarriles.
Que nada va durar y todo queda atrás,
ve a la Calle Paseo de los Ferrocarriles.
Que quieres ver pasar, ante tus ojos,
al gran teatro del mundo,
ve a la Calle Paseo de los Ferrocarriles.
Que todos los que fuiste se esfuman de repente,
ve a la Calle Paseo de los Ferrocarriles.
Que quieres volver a ese extraño lugar
en el que tal vez has sido feliz,
ve a la Calle Paseo de los Ferrocarriles.
Calle Paseo de los Ferrocarriles. El recuerdo es fiel aliado del viajero. De los cientos de paseos que le habitan, ése -ya digo- es el que prefiere. Paseo: eso que tan pocos saben hacer como Dios manda: sin rumbo, sin impaciencia y sin pensar en nada. No pretendo -o al menos así lo veo yo- hacer un retrato fiel de El Astillero. Pero el tiempo que pasé allí, según parece, reúne las mejores vivencias. Vivir en un café lleno de música y literatura. La mirada del viajero, con toda modestia, se acomoda en un rincón iluminado, repentina e inexplicable, y el adolescente que fue (y vuelve a ser a veces) se sienta junto a Julio Verne y Gustavo Adolfo Bécquer que caen de nuevo por azar entre sus manos, y los lee y los relee con una pasión inextinguible. Desde hace rato mi memoria -vuelve otra vez la frase-, se deja avasallar por lo que guarda y conserva, con la inocencia de un recién llegado. Es por eso que mi pensamiento, como un explorador entre la niebla, recorre El Astillero igual que lo hace ahora, como si en el poco ajetreo de sus calles encontrara satisfacción aunque, en realidad, permanezca suspendido como una temerosa luz. Villaespesa, Piélagos, Peña Cabarga, Guarnizo, Bahía de Santander, San Salvador. Acá y allá, cafés, dos paseos, dos estaciones, banco y caja de ahorros, Iglesia, ocho o diez taxis. Así es, por suerte, El Astillero -iluminado por la luna como linterna vieja-, marisma en la memoria que se rehace a la deriva, un mapa y una puerta al paraíso, una llave irrepetible y una débil esperanza abierta, de plumas reverberantes de realidad. O eso creo.
sábado, 29 de diciembre de 2012
Diarios
"Todo diario íntimo es también un prodigio de hipocresía. Había que aprender a leer entre líneas, descubrir qué hecho concreto ha dictado tal apunte o tal reflexión. Por lo general se analiza el sentimiento pero se silencia la causa".
"La felicidad consiste en la pérdida de la consciencia".
"Vivir es resolver, es actuar, es apoderarse constantemente de una fracción de realidad".
"Los verdaderos diarios íntimos son el testimonio que penetra, se ordena y transfigura en ese ámbito profundo y muchas veces inescrutable que se denomina intimidad".
"¡Volver a París, volver a París, qué obsesión!".
"Mi situación es angustiosa. Hoy, por desesperación, vendí un pantalón y comencé a escribir un artículo sobre Wolfang Kayser".
"Durante catorce horas he escrito sin interrupción. El lapicero se me cae de las manos. La historia es trivial pero sincera, y creo haber logrado algunos aciertos de expresión".
"Yo rara vez digo la misma cosa del mismo asunto, pues para mí todos los temas son una sorpresa y me obligan a improvisar".
"Si mañana no ocurre algún milagro, me veré obligado a vender mis libros, es decir, el centenar de volúmenes que desde hace algunos años me acompañan, a través de mil peripecias, y por los que siento un amor que no me atrevo ni siquiera a describir".
"¡Se salvaron mis libros! ¿Hasta cuándo?".
Julio Ramón Ribeyro, La tentación del fracaso, Seix Barral, 2002.
lunes, 24 de diciembre de 2012
A la Nochebuena que acecha
Hago repaso de los últimos días.
Mensaje del rey. Me deshago en esta
Nochebuena en que todo te nombra
recordando el destello de tu risa,
en este frío invierno, como un
náufrago que busca su faro, ese
en el que brilla la esencia. La
Noche Buena es hierro y charla
lejana, es cuaderno secreto y
corazón de lluvia. "Donde feliz
debieras volver" me digo ahora con
insistencia, y perdón por
contradecir a menudo la paráfrasis
del maestro Sabina. Seremos otros
en otros cuerpos habitando
bares-lugares desconocidos con
motivo y motivación, dejando a un
lado el miedo patológico de la
soledad, y conspirando para hacer
nuevas huidas. Aquí estamos.
Nunca será tarde.
miércoles, 12 de diciembre de 2012
La realidad o el deseo
Ser libre empieza por uno mismo.
No se puede renunciar a la propia
identidad de uno. Confieso que soy
yo el que tiene que decidir hasta
dónde llega o no una página, el que
tiene que descubrirse a sí mismo,
ponerse en la piel pacífica del otro.
Sería difícil que yo fuese yo, por
entonces, como por ahora, la misma
persona que se pierde en bares-lugares
desconocidos, que se bebe sus
Heineken más tuyas, o se ríe contigo,
si faltara a mi autenticidad como
ser humano. Conviene tener en cuenta
que los amores pasados se van olvidando,
es bueno hablar de ellos, como vivir
sin ellos. Hemos de buscarles silla en
la memoria para intentar dar paso a
nuevas ilusiones o a otros amores. El
deseo ha de transformar y afectar a la
realidad. Se nos olvida con frecuencia
la sinceridad de un sentimiento, la
patria de una incertidumbre o la
alegría de una seducción. Parecemos
confusos, desmemoriados, etcétera.
La metáfora amiga / enemiga es una
maldición que resta sentido al
interrogatorio de la realidad. Y he aquí
que hay que buscar el equilibrio entre
lo que uno es, como un ser independiente.
No es raro que a veces sea mejor saber
ver las cosas antes de que sea tarde e
intentar bombardear hasta límites muy
dañinos la felicidad de dos almas. Creo
en el deseo pero a veces se estrella,
con un pudor discreto, en la realidad
de los juegos de palabras. Las palabras
se llenan de un calor de invierno. Las
miradas están en su sitio como las calles
que van a dar a la playa de San
Lorenzo, o a tu pelo de arena, pero
hasta las malas apuestas personales
se convierten en tristeza con el paso de
los años. Lo perdido o lo que no fue
está a veces más presente que lo que fue.
Quisiera ser hablador y anunciante,
exiliado en trance de desierto. Las
palabras persiguen a la veracidad que soy.
Estoy machacando al cerebro para buscar
mi barrio / dormitorio, la pócima que
me salve de las redes sociales y del
sistema falsificador. Este intenta
aterrorizarnos mediante el miedo. Si estoy
aislado, solitario, uno de mis trayectos
preferidos es el idioma. El caso es que
es diciembre y el futuro es quedar para
mañana o anclarse a todos los efectos
en el pasado más remoto. Las fotos y
los semáforos que palpitan ayudarán a
entender mi despedida, en mi afán de
fidelidad. Abro de nuevo mi cuaderno. No
hay historias imposibles. Te invito a
un café. Gijón se deshace en la lluvia
y la plaza te espera. Tal vez nos
marchamos del Ébano o del Tenampa pero,
como dijo el poeta, quién sabe, "queda
una luz, un grifo abierto, la sombra de
una puerta mal cerrada".
miércoles, 5 de diciembre de 2012
Atrio
Escribo este atrio después de haber
tenido un sueño intenso, como es
costumbre, como creo haber recordado
alguna vez. Mareado de ideas y
palabras para mi novela, me
encontraba, impávido, en Isla-Máster,
una isla encantada con un encanto
inigualable que, dicho sea de
pasada, parecía sacada de alguna
obra de Vila-Matas o de Paul Auster
(tipo Puerto Metafísico o Tierra del
Sueño). La prisa. Me perdía entonces
la prisa. La imaginación es un hecho
del alma y quería volver a revisar
todos los rincones, encontrarme con
la gente abandonando la virtud de la
calma. Nada es real excepto el azar.
Me topé a Ramón, ennoblecido y
balzacquiano. Me dijo con clara
irritación: "A mí me pareces un Luis
García Montero que se ha vuelto
loco". De pronto, lentamente,
estudié su cara y empecé a advertir
que su rostro se cambiaba por el de
Francisco Umbral, y me parecían
iguales su tono de voz, iguales
sus sílabas, todo: "Esta asociación,
Gómez, de dos adjetivos contrapuestos
siempre me ha parecido muy eficaz,
de mucho efecto y precisión, si los
adjetivos se eligen bien, claro, y
de hecho la ha practicado usted
bastante". Luego, añadió para mi
sorpresa: "Es indescriptiblemente
bueno". Hay quienes gritan en
público o en silencio, quienes
murmullan, quienes maldicen, quienes
se cuentan historias a sí mismos
como si lo hiciera a otra persona.
Lo que pasa con Ramón / Umbral es
que habla él solo y todo el rato.
Es el hombre / conferencia, aunque
lo que dice es interesante. Así las
cosas, empezó de pronto a llover en
aquel recinto de ensueño y la lluvia,
finalmente, nos dispersó. Se despidió
de mí, menudo y afable. Isla-Máster era
un espacio inagotable, un laberinto de
interminables pasillos, y por muy lejos
que fuera, por muy bien que llegase a
conocer sus aulas, me dejaba la sensación
de estar perdido. Me tropecé a Eduardo
pero pasamos mucho uno del otro. Hablé
con Sawyer. Sentía la necesidad de
apuntar ciertos hechos y quería
escribirlos en mi cuaderno rojo y de
humo. ¿Qué sucedería cuando ya no tuviera
sueños así? Los caminos de la vida, ya
se ve, no son muy distintos de los
caminos de la isla, con su olor a aula
y a melancolía. Como yo soy intemporal
y sueño mucho, choqué al doblar una
esquina con una mano de sombra que
resultó ser Ángela, acompañada de Elena,
siempre dispuestas a entablar una
conversación para aliviar el frío.
Entonces oímos una voz que decía:
"Sabes que puedes regresar. Aquellos
que tú admiras aún existen". Me dirigí
a la A-26, con ellas, charlando de esto
y de lo otro. Había un cartel que traía:
"Cerrado para muchos, abierto para muy
pocos". Al entrar pude ver, eso sí al
detalle, que había montones de libros.
Libros encima de las mesas, libros encima
de las sillas, libros en el suelo. Aquella
isla era un mundo aparte, la tierra que
soñó Yeats o la Illinois de Ray
Bradbury, que también era Bizancio.
Justo cuando iba a hablae con mis
compañeras puras, intelectuales, me
desperté confuso, febril y fabril, entre
ruinas dialécticas. Lo raro es que tenía
un libro brillantísimo de Octavio Paz
entre las manos, lo cual le alegró a
uno. Encontré estos versos: "El descenso /
hecho de desesperanzas y sin
consumación / nos revela un nuevo
despertar: / que es el otro lado de la
desesperación. / Por lo que no pudimos
llegar a consumar, / por aquello / negado
al amor, / por lo que perdimos en la
expectativa / el descenso continúa / sin
fin e indestructible". El descenso
continúa. Todavía hoy, con distancias
inmensas y secretas, me doy cuenta de
que no puedo dejar de mirar el
horizonte e imaginar que vuelvo a la
isla. Y cada vez que eso ocurre, ya no estoy aquí, sino recorriendo los pasillos de Isla -Máster, con Alba o Anabel, Marina o Patri, etcétera, y nada me importa más en el mundo que el ruido y la charla lejana de aquella estancia. Y es que como decía Baudelaire (me parece que era Baudelaire) siempre seré feliz allí donde no estoy.
martes, 4 de diciembre de 2012
Canción para diciembre
me tropecé
con tu rostro
de esencia,
que no tiene precio.
Él nada y pasa
y me quedo mirándolo.
Ya ves qué tontería.
Me desprendí de cosas,
entre tanto atasco,
y recogí las píldoras de aire
con la promesa de quien se sabe a salvo.
Tú traes soluciones a problemas
sin sumergirte en otros nuevos. Pero a lo que íbamos.
Eres fleco del viento en días de siempre.
Me compras el alma y yo te la vendo
en este otoño, tuyo y mío,
en que la derrota puede ser hermosa.
Ama de mar, de tienda y de belleza. Somos quienes somos.
Cuando embalamos los ratos,
los abrimos en el breve hueco de la distancia.
Tienes emociones, miradas que envuelven páginas.
Tienes mis silencios favoritos. Simplemente eso.
Yo siempre digo que tu belleza es humana
y tu ausencia es un desmayo, porque todo lo llenas,
porque haces el mundo eterno en cinco minutos
sembrando jazmines en los días largos.
Hoy regresé a ti, aunque quizá nunca me fui,
la vida es tan verdad como tus manos
conduciendo en el asfalto, que cura mi ruta,
la luna radiante de mi sueño, tanto naufragio.
lunes, 3 de diciembre de 2012
Diario secreto
En la pasión me cargo mucho
las pilas. Dentro de mi paciencia,
siempre tengo la impaciencia de
no perder el tren. Y sé qué trenes
son valiosos.
viernes, 30 de noviembre de 2012
Se va noviembre
Suerte de anhelo nuestros pasos, mi mirada
descalza, sobrevive por encima
del embate de kilómetros y de truenos
que nos separan a menudo. No he de quejarme.
Se va noviembre y te escribo, tan otoño,
de un lado para otro, porque Gijón
retrata en las olas de la playa de San Lorenzo
tu pelo de arena
donde la vida se resuelve, ése
en el que navego sin nada qué hacer o decir.
Las aguas fluyen en el Ébano, como los acertijos,
fluye la sangre de los corazones
partidos por esta crisis cruel
que trata de corromper nuestro carácter,
y recuerdo tu voz, que ahuyenta todos los miedos.
Todas las mañanas son las primeras
cuando persiguen tu perfume amable
que dibuja el lugar del espejismo
donde me siento a salvo.
El té está listo, y aquí estamos. Se va noviembre,
con su terca verdad,
soñando caballos azules como Lorca
o madrugadas eternas. Seguimos en el viaje
que es dulce y luminoso en tu sonrisa que centellea,
como un pequeño milagro de poder hipnótico.
Aún es noviembre, aunque ya termina,
y yo medito estas líneas que aún no te he escrito
tras esta tempestad, que me trae tu calma,
donde tú y yo nos encontramos.
descalza, sobrevive por encima
del embate de kilómetros y de truenos
que nos separan a menudo. No he de quejarme.
Se va noviembre y te escribo, tan otoño,
de un lado para otro, porque Gijón
retrata en las olas de la playa de San Lorenzo
tu pelo de arena
donde la vida se resuelve, ése
en el que navego sin nada qué hacer o decir.
Las aguas fluyen en el Ébano, como los acertijos,
fluye la sangre de los corazones
partidos por esta crisis cruel
que trata de corromper nuestro carácter,
y recuerdo tu voz, que ahuyenta todos los miedos.
Todas las mañanas son las primeras
cuando persiguen tu perfume amable
que dibuja el lugar del espejismo
donde me siento a salvo.
El té está listo, y aquí estamos. Se va noviembre,
con su terca verdad,
soñando caballos azules como Lorca
o madrugadas eternas. Seguimos en el viaje
que es dulce y luminoso en tu sonrisa que centellea,
como un pequeño milagro de poder hipnótico.
Aún es noviembre, aunque ya termina,
y yo medito estas líneas que aún no te he escrito
tras esta tempestad, que me trae tu calma,
donde tú y yo nos encontramos.
martes, 27 de noviembre de 2012
Mi sí a las puertas
Las puertas, por un conjunto de
azares, me han enseñado muchas
cosas de mí mismo. La primera que
atravesé me sentó regular pero me
he dado cuenta de que cada minuto
es valiosísimo. Me dejo llevar por
mis instintos. Defino sensaciones
y sentimientos. Los silencios pesan
más que cualquier ruido. Nunca vas
a saber qué hay más allá si no
atraviesas esa puerta.
viernes, 23 de noviembre de 2012
Un poema breve
De todas las mujeres, impaciente por verte todo yo,
te escojo a ti, en medio de ellas,
que recorres los versos y papeles que te debo.
A ti que te recuerdo de madrugada
y de día te recuerdo.
La memoria es una hoguera
que nunca deja de arder,
aguantando el embate del olvido,
y vivimos respirando sus cenizas,
lo dijo el poeta. De todas las mujeres, en semáforos rojos
y en llamadas de teléfono,
te elijo a ti, fragilidad de mis días,
que me haces ser ese hombre perdido
que se salva en lo que escribió, sintió
o imaginó a la luz de nuestros lugares-tardes.
El caso es que es otoño y yo te escojo a ti.
A ti, tu luminosidad adolescente,
paraíso prohibido, país aún imaginado.
te escojo a ti, en medio de ellas,
que recorres los versos y papeles que te debo.
A ti que te recuerdo de madrugada
y de día te recuerdo.
La memoria es una hoguera
que nunca deja de arder,
aguantando el embate del olvido,
y vivimos respirando sus cenizas,
lo dijo el poeta. De todas las mujeres, en semáforos rojos
y en llamadas de teléfono,
te elijo a ti, fragilidad de mis días,
que me haces ser ese hombre perdido
que se salva en lo que escribió, sintió
o imaginó a la luz de nuestros lugares-tardes.
El caso es que es otoño y yo te escojo a ti.
A ti, tu luminosidad adolescente,
paraíso prohibido, país aún imaginado.
lunes, 19 de noviembre de 2012
Más allá de los sueños
(Por la mañana). A veces me da por leer algunos libros de Paul Auster. En cuanto abro uno nuevo guardo sus frases interesantes en un pañuelo. "Para escribir sobre mí mismo tenía que tratarme como si fuera otro". "La realidad es mucho más misteriosa de lo que estamos dispuestos a creer". "He vivido años con la idea de un libro antes de escribirlo". "El azar es parte de la realidad". Cierro el libro que dejo en la mesita. Me sorprende ver en Paul Auster alguna de mis preocupaciones de posteridad. Ya las tiene en sus novelas. Hay obras que nos dan la espalda, miran a otro lado. No quieren encontrarse con nuestra mirada. No ocurre así con las novelas de Paul Auster. Pienso entonces en mi novela en marcha. Aquella que según Max, su protagonista, me hará pasarme ocho horas al día buscando palabras a ciencia cierta; mejor aún, palabras permanentes en el suelo, alicaídas, para supongo no apartarme de mi propósito. Recuerdo así las palabras de Ainara, no hace tanto: -¿Tu novela se parecerá a la peli de ese actor bajito? -¿Más allá de los sueños? -Sí, esa. -Puede que sí, le digo yo. Uno siempre tuvo algo de Chris Nielson, a uno le dio a veces por navegar los cuadros pintados y volar por los aires como el eterno Peter Pan. Uno también sería capaz de abandonar el cielo por el infierno con tal de estar al lado de Annie. Así están las cosas. Las cosas que se condensan y adensan. Los espejos aún me reflejan y el hotel de mi novela abre sus puertas. Mi novela tiene mucho que pintar. Quiero pintar mucho mi novela.
domingo, 18 de noviembre de 2012
Todo nos irá bien
Tiempos difíciles, sin duda, pero todo nos irá bien
en nuestra ciudad de torreones altos.
A ti, con tu autenticidad de mármol,
resistiendo el embate de las heladas.
A mí, que persigo tu dulce sombra,
el fiero susurro de tu presencia.
Se trata de rescatar la cercanía
atravesando nieblas y tempestades con su barro,
lanzar una bengala si hay naufragio
porque allí estaré para nadar en tus certezas.
Yo solo sé hablarte, insomne,
prometerte lugares innombrados,
a menudo.
Sabes que estás a tiempo, aún con frío,
de buscar salidas de emergencia
o paraísos nuevos, de incendiar la mañana
con el perfume que tienes en el pecho.
Cuando viene la tristeza a buscarte
me visto de urgencia y de versos,
del modo que tienes de llamarme
y de la ciudad que siempre habitamos.
Te voy a echar de menos.
Esta semana volveremos a lo de antes.
No vivamos con miedo ni aterrados.
Todo nos irá bien, somos quienes somos,
simplemente eso, y no sé qué decirte,
solo que estoy aquí,
para darte el calor de mis días,
versos y pétalos de risa,
abrazos del recuerdo
y toda la luz renovada
de este mundo disparatado
que mece nuestras dudas. Qué ganas de verte.
en nuestra ciudad de torreones altos.
A ti, con tu autenticidad de mármol,
resistiendo el embate de las heladas.
A mí, que persigo tu dulce sombra,
el fiero susurro de tu presencia.
Se trata de rescatar la cercanía
atravesando nieblas y tempestades con su barro,
lanzar una bengala si hay naufragio
porque allí estaré para nadar en tus certezas.
Yo solo sé hablarte, insomne,
prometerte lugares innombrados,
a menudo.
Sabes que estás a tiempo, aún con frío,
de buscar salidas de emergencia
o paraísos nuevos, de incendiar la mañana
con el perfume que tienes en el pecho.
Cuando viene la tristeza a buscarte
me visto de urgencia y de versos,
del modo que tienes de llamarme
y de la ciudad que siempre habitamos.
Te voy a echar de menos.
Esta semana volveremos a lo de antes.
No vivamos con miedo ni aterrados.
Todo nos irá bien, somos quienes somos,
simplemente eso, y no sé qué decirte,
solo que estoy aquí,
para darte el calor de mis días,
versos y pétalos de risa,
abrazos del recuerdo
y toda la luz renovada
de este mundo disparatado
que mece nuestras dudas. Qué ganas de verte.
martes, 13 de noviembre de 2012
Para Ander
A ti, Ander, que recién llegas /
y la eternidad son cinco minutos, /
los mismos que te miro. /
A ti que eres explorador, /
madeja de nube, /
sonrisa radiante /
cargada de paz y de verdades. /
Cuando subes a la luna /
tienes la llama del candil /
debajo de tu piel /
que todo lo ilumina /
en este mundo que a veces naufraga. /
A ti que eres jazmín /
que trepa por la vida /
como la sonrisa ante un recuerdo. /
A ti que eres, ilusionadamente, /
sobrino de espíritu y de razón
y de locura. /
Mientras duermes, nunca sueñas con
fantasmas equívocos. /
A ti, pequeño y frágil Ander, /
como te digo. / La ciudad nos
mira con tus ojos. /
Somos lo que somos porque tú
has llegado.
lunes, 12 de noviembre de 2012
Para Ager
Te escribo, ya ves, para que
te acuerdes de mi voz a ti debida.
Te diré que tienes Sopelana en tus
bolsillos, el ruido de las gaviotas
que persiguen la playa de Ereaga,
las olas de un mar que no te deja
y suena en el hueco de tu abrazo,
el café Iruña, San Mamés que calma
la tristeza o los dolores. Te diré
eso y te diré la verdad. Eres del
camino. La vida es tan verdad como
tu cuna. Te escribo, Ager, porque
quisiera convencerte de que estar
vivo no es un fracaso. Tendrás
planes pendientes, tendrás un relato
al que dar argumento, tendrás un
viaje sin brújula y el calor de tu
gente, un lugar en el mundo desde
el que poder gritar al otro lado
de la ventana. Hoy es siempre
todavía. Eres la aurora esperando
tu mirada, rugiente e invencible,
como luciérnaga inquieta. Que no
me entere yo que no te valoran, que
alguien te desprecia, o simplemente
quiere pasarte por encima. La tierra
vasca es la tierra prometida. Hay
mucho de poética en ella. Y el
futuro nos llama con tu voz, tiene
tu aliento.
martes, 6 de noviembre de 2012
Si estuvieras aquí
miércoles, 31 de octubre de 2012
El bipartidismo y el deseo
Nos estamos portando mal con España.
Qué futuro y qué Europa queremos.
No sabemos, somos las "islas
a la deriva" de Hemingway.
El caso es que la crisis cierra
negocios y esperanzas, genera paro
y desconcierto, con un estruendo feroz
por una mala gestión que abarca
décadas. Es desolador oír hablar
a los políticos, cualquier político,
"A España no la entienden en el
mundo", se decía Umbral, "porque se
escribe con eñe, letra que no consta
en los ordenadores de la Comunidad
Económica". A España no la entiende
nadie, ni los españoles, añado yo
ahora. Estamos traicionando a España,
a la España del Partido Socialista
Obrero Español y del talante, a la
del PP y las medidas económicas, a la
de la izquierda, a la España
con escaso fondo de armario. Hay
debate de ideas e incluso de
ideales, pero seguimos sin soluciones ,
entre González y Aznar, entre
Zapatero y Rajoy, entre el
bipartidismo y el deseo, entre
tormentas mediáticas y la avaricia
del capitalismo. Las verdades en
este país, siempre acaban por
esconderse. Lo llevamos crudo.
¿Y qué diablos hicieron los
Gobiernos-partidos con el dinero,
nuestro dinero? Impuestos a cambio
de nada, Darwinismo económico,
promesas baldías, pensiones que
fueron a dar al dique del rencor y
el miedo. "Cuesta trabajo creer al
señor Rubalcaba", leo en un
artículo, "cuando critica a Rajoy
por hacer lo mismo que él hizo
hasta que perdió las elecciones.
Cuesta trabajo creer a Rajoy cuando
habla de la herencia recibida". Los
ciudadanos, así las cosas, asistimos,
impasibles e iracundos, al
procedimiento del miedo contagioso,
incesante y decidido, inteligente
y audaz. Mañana no será lo que
queramos nosotros y el futuro fue
vivir por encima de unas
posibilidades que nunca fueron
nuestras. Pagamos los errores
ajenos. Pasa el tiempo y la historia.
Lo cierto es que, no en vano, no
todo está perdido. Hay que rescatar
a los seres humanos y su
precariedad, al camarero de la
hamburguesería, a la dependienta,
huérfana y perdida, de la tienda
de ropa, al docente que sueña con
formar a futuros ciudadanos, al
subcontratado por una ETT en esta
crisis negra; y no a los bancos.
Rescatémoslos solo a ellos y que
los políticos se muerdan la lengua.
Extraigamos una brizna de aprendizaje
de la derrota, del naufragio de
la política, del mástil al que
rehusamos atarnos, de los botes
salvavidas. Relativicemos el
éxito y el fracaso. Somos el camino.
Que el hacer unas declaraciones
no se convierta en una falta de
respeto. Que subirse a un estrado
no suponga no preservar viejos
sueños, aquellos que perseguimos
en la infancia. Que la mentira no
valga la pena.
martes, 30 de octubre de 2012
Invitación al rescate
Me parece urgente mirar
cada atardecer, con nervios
e ilusión. Observar curioso barcos
absorvidos por la línea del horizonte,
cada puesta que cambia de luz notablemente,
igual que cada rostro.
Y es emocionante.
No sé qué decirte,
el alma está por los aires,
y nosotros nos miramos a los ojos.
Me sumerjo en mi estrépito de novela
como un náufrago extraviado,
hago nuevas amistades de red social
y oídos luminosos, con quienes charlo
a menudo, siendo martes y casi noviembre.
El caso es que, secretamente,
te busco en el leve surco de la vida,
que tiene aroma a comienzo.
Este otoño tan agosto que nos quema
y tú, incólume, vestida de amanecer,
buscando luciérnagas inquietas
que se esconden en lo oscuro,
mientras Gijón bosteza.
Estos son días cortos,
me recupero de las fiebres,
recito a Kavafis
sabiéndome Ulises,
preparándome nuevas huidas
en este país maltratado.
Que no se me olvide regresar.
Fuimos felices y lo seguimos siendo
sin volvernos de espaldas.
Tú, con la incertidumbre
de si realmente te escribo,
de si soy hombre de una sola mujer
o de muchas llenas de irrealidades.
Abre una puerta, y allí me encontrarás
mal disimulado.
Sabes que cada mensaje cercano
me deja una sonrisa colgada en la cara.
Sabes que soy de quien me busca,
que voy, aunque casi siempre vengo.
La crisis estalla con torpe paciencia.
Nueva York es un búnker
del que escapan viejos fugitivos,
y yo, mientras, levanto la mirada.
Hago planes, vivo, siento,
en estos tiempos de crisis financiera.
Y estoy deseando ya verte,
que me rescates.
jueves, 25 de octubre de 2012
Por fin
Casi noviembre y aquí seguimos,
el alma empapada
por las olas de una tempestad
que se retira. No es culpa nuestra. Qué sè yo.
Gijón,
visto tras la terraza
de un café que no desoye tu voz,
que busca un sitio
que sueña con ser otro,
eterno y luminoso,
mientras el mundo naufraga.
Somos del paseo,
de La Buena Vida que lleva hasta tus ojos,
de la mañana tratando de salvar
mi jersey de invierno y mi rutina.
Sobrevivimos. Resistimos
a atarnos al mástil.
Es a veces el otoño un buen verano
en donde tu piel brilla.
Todas las mañanas son las primeras
cuando la derrota aún es hermosa,
cuando miras las calles de una ciudad
que es nuestra, sin relojes ni urgencias.
Andamos de un lado para otro
sin que la crisis nos doblegue.
Y aquí seguimos, ya ves, sin la tristeza
del viajero que regresa, contigo por fin.
Somos quienes somos. Aún vivimos.
lunes, 22 de octubre de 2012
viernes, 19 de octubre de 2012
Paraísos inventados
Uno se mira hacia adentro a deshora, huérfano y perdido, y con la intención de encontrar el alma o algo que lo valga. Hay que cazar los rayos de tu mirada, lejana, como Navokov cazaba mariposas. Te llamas Alicia o Almudena. Apenas te conozco pero sigo tus pasos de gacela y de tango en el teatro de mis sueños. Ya sé de dónde vienes, aunque no se sabe nada. Días de Gijón en la cabeza, de Gardel y literatura, ya está dicho, para conseguir un puñado de dichas. Aún me falta algún ensayo para oscar a mejor actor, pero espero verte de regreso, acto 2, escena primera, la tarde de un café que aún nos aguarda. Días de sueño, a estas alturas, me paso el día paseando mis deseos horas y horas, la vida es tan verdad como tus pasos. Gijón sin ti Alicia / Almudena es un puerto sin barcos ni futuro. No te falta la calma de los paisajes amables. No te conozco pero somos el destino, que no existe, somos tú y yo. Estar vivo no es un fracaso. Me miro hacia adentro, lo sé, y la mujer habita al marinero con todo su lirismo y el estrépito de su alegría. El mundo no es distancia en la textura secreta de la memoria. Creo en mí.
jueves, 18 de octubre de 2012
Futuros interiores
Regreso a tu futuro introspectivo, secreto, prohibido, maldito. Ocurre que uno tiene en su cabeza un torbellino de sentimientos y nostalgias que le mantienen insome en una siesta de libro. Fuera la vida gira como un torbellino, en esas está. Somos el acantilado que observa todos los atardeceres bellos, y le habla a las olas. Vuelvo a tu futuro preparando una huida. A veces me preguntan quién diablos me gusta y yo respondo que me encantan los soldados que se alojan en tu vientre. Vuelvo, aunque quizá nunca me fui, con mi jersey de mar y la calle que es nuestra. Paro un taxi silencioso, amor, y vuelvo a por ti, a quien adoro y perdono por estar del otro lado. Es nuestro futuro hablador y anunciante al que regreso esta tarde / noche, a tus llamadas perdidas a punta de recuerdo. Lo que todavía no entiendes es que no hay lumbre más ardiente que tus ojos. Lo que todavía no entiendes es que tu piel crea la tormenta perfecta. Salgo entonces de casa sabiendo que estás viva, aunque te hiera este otoño que encharca los pulmones, complicado como Cellini, como la aurora aquella que habitamos, tuya y mía.
jueves, 11 de octubre de 2012
Volvimos al café
Volvimos al paisaje que habitamos, que necesita un café para cruzar un océano de palabras y de futuro, el leve surco que lleva hasta tus ojos y a las ganas de verte. Aquí seguimos. Recordando las promesas que nos hicimos antes de que la crisis golpeara todo lo que parece derrumbarse. Esto es la vida. Volvimos al café y al viaje sin brújula, a la vida de las dos de la tarde. A este otoño que es el primero cuando los interrogantes nos visitan, a menudo, como quien busca escaleras de emergencia y mares primigenios. Y aquí estamos, como digo / decía, en la vida, ahora que la lluvia nos da una tregua, y paseamos el idioma de brujas sin escobas ni dudas, como el joven Potter en Hogwarts, colándose por ventanas y cielos deshabitados. En este otoño tan invierno, como el espejo del pasado, tuyo y mío. No somos peores.
lunes, 8 de octubre de 2012
El derecho a mi delirio
Regreso a mis atardeceres-lugares, que habito sin ortigas ni olvidos. En tu ausencia sé que las cosas irán bien. Trabajo la novela a ras de sueño recordando las promesas que me hice siendo un crío. Aún soy, de alguna forma, un Peter Pan pendiente de tus gestos. El mar no se retira y su mirada no se toca. Leo en André Maurois: "¿Qué va a sobrevenir? ¿El fin del mundo o al menos de nuestro mundo? ¿La destrucción de la humanidad, anunciada por Wells?". Son demasiadas cosas: la esperanza, los poemas, las oposiciones vestidas de Celestina. No todas las derrotas son feas. Velamos a septiembre. Bienvenido, otoño. Arde la vida como arden mis ganas de verte, que se cuelan por las ventanas. Te esperaré, nombrándote en la tarde que se apaga, con el derecho a mi delirio. Seguimos soñando.
viernes, 28 de septiembre de 2012
Pasión para fotófobos
Caigo en el vicio de tus ojos, disparo de la luz. Lo había dejado de tanto cambiar de lugar y casa, de casa y lugar. No me entero. Lo intenté. Lo intenté. Puede que sea la pasión, como dicen por ahí, que balancea mi corazón dormido. La pasión es un estado de ánimo aunque me lleve la contraria a mí mismo. La pasión para cualquiera que junte besos, líneas o recuerdos. Porque existe para todo el mundo que analice e interiorice, no importa dónde te encuentres ni quién seas; si eres renovado o renovable, pensante o pensado. La pasión alabeada cae sobre ti en un espacio casi imposible, y te apasiona, te ralentiza y te engulle, te salpica de luciérnagas, si hay suerte... Bendita pasión que no es baldía, de mares y de huracanes de interior, que no me entere yo que te maltratan, que alguien te ignora en el bolsillo del alma, te provoca y te estrella, que alguien te ortiga, te acorrala, te convierte en olvido o simplemente te saca del paraíso. Con tanto ruido, ya digo, no había podido escuchar el disparo de tu luz que me abre sus páginas. Y ahora concilio así un sueño que habita en mí, en el eco de mi frontera, y crece, como la cola de los parados.
miércoles, 26 de septiembre de 2012
Maquillaje exprés
Es septiembre, que a uno siempre puede resultarle fascinante. Despedimos el verano. A pesar de su marcha, o quizá por ello, el olvido golpea todo y uno, todavía escritor joven, sigue con la novela a cuestas y con las oposiciones de futuro. Somos otros, austerianos y distantes. Pero aún así no nos rendimos, aquí estamos, y, entre tanto, recordamos las promesas que nos hicimos. Es hora de cumplirlas. Empiezo para variar un nuevo poemario de desahogo, Maquillaje exprés, título por cortesía de mi querida amiga Patri, genial como siempre (uno, como snob, intenta estar a la última). Llevará poemas sin conexión aparente, sin maquillar más que lo justo (porque uno está como quien busca espejismos o salidas de emergencia). Continuamos pidiendo la paz y la palabra, siendo fieles a nosotros mismos. Qué bueno empezar nuevos libros, nuevos poemas. Ojalá que os gusten.
BILLETE PARA UN VIAJE AIR XANAX
Nunca he oído hablar de Xanax, dije.
Es una droga distinta a cuanto ha visto.
Siga las instrucciones -querrá tomarla-,
y dirá adiós a todo
y se convertirá e un vulgar zombi,
en un ser de párpados cerrados
que no llamará la atención.
Podrá, si no se resigna,
volar a través de las ciudades
y las corrientes bifurcadas
espantando a la anestesia
de días pasados.
Le garantizo que, cumplido el tiempo,
no se enterará
de que ya no sigue con los pies en la tierra.
LOS OJOS ABIERTOS
(Marguerite Yourcenar)
Tengo varias religiones, como patrias.
No pertenezco quizás
a ninguna de ellas.
CAUTELOSA MÁQUINA
La máquina,
vieja máquina de escribir,
que es nueva de alguna forma,
cicatriz siquiera,
murmullo.
Le quita el rencor a lo que pienso,
porque, contra lo que creen
los transcendentalistas del oficio
-que no expresan nada-
escribir en una máquina
es menos comprometido
que escribir la tinta.
La pronuncio.
La devoro en mi sombra.
La someto al alcance
de lo visible.
La rescato
hasta los escombros de la luz.
Estaba escrito,
sigo fiel a mi máquina,
delira,
teclea alegremente
el silencio de última hora
que está en nosotros como a nuestro alrededor.
Por tanto, la máquina,
respiración nocturna,
colchón vacío,
dice las verdades de plomo.
Es cuanto necesito saber.
BILLETE PARA UN VIAJE AIR XANAX
Nunca he oído hablar de Xanax, dije.
Es una droga distinta a cuanto ha visto.
Siga las instrucciones -querrá tomarla-,
y dirá adiós a todo
y se convertirá e un vulgar zombi,
en un ser de párpados cerrados
que no llamará la atención.
Podrá, si no se resigna,
volar a través de las ciudades
y las corrientes bifurcadas
espantando a la anestesia
de días pasados.
Le garantizo que, cumplido el tiempo,
no se enterará
de que ya no sigue con los pies en la tierra.
LOS OJOS ABIERTOS
(Marguerite Yourcenar)
Tengo varias religiones, como patrias.
No pertenezco quizás
a ninguna de ellas.
CAUTELOSA MÁQUINA
La máquina,
vieja máquina de escribir,
que es nueva de alguna forma,
cicatriz siquiera,
murmullo.
Le quita el rencor a lo que pienso,
porque, contra lo que creen
los transcendentalistas del oficio
-que no expresan nada-
escribir en una máquina
es menos comprometido
que escribir la tinta.
La pronuncio.
La devoro en mi sombra.
La someto al alcance
de lo visible.
La rescato
hasta los escombros de la luz.
Estaba escrito,
sigo fiel a mi máquina,
delira,
teclea alegremente
el silencio de última hora
que está en nosotros como a nuestro alrededor.
Por tanto, la máquina,
respiración nocturna,
colchón vacío,
dice las verdades de plomo.
Es cuanto necesito saber.
jueves, 20 de septiembre de 2012
Isla-Máster
La isla. Una isla en el corazón. No es que la isla se vuelva silencio y peso con el tiempo. No, tampoco es eso. Anoche, sin nervios ni disimulo, soñé que salía de clase, de aquel viejo máster de profesorado en el que las luciérnagas se escondían en los pupitres, de aquel edificio mítico y mágico donde nos buscábamos y nos desencontrábamos vagando absortos, donde alguien me decía "Ésta es tu isla, macho, aquí te quedas". La isla ligera en el aire que respiro hondamente e ilumina mi mediodía, en secreto, para no dar sospechas a los morlocks fotófobos. La isla, estamos presos en la isla y con la literatura en crisis. Parece que no tiene historia pero la tiene. Vivimos en la isla mucho más de lo queremos admitir. Quien más y quien menos guarda lugares en los que fue mejor. Vuelve la luz de una isla que yo creía apagada para siempre, regresa así, sin que necesitemos muchas más razones. En sueños mis pasos se dirigen a ella: dan un paseo por la sala de ordenadores, se pierden en la cafetería pidiendo una lenta cerveza con sabor a otras tardes y se paran ante la puerta S-26. Pero la puerta está cerrada y han cambiado la clase al edificio Norte, plagado de identidades que dicen los psicosomáticos. El tiempo es un barco que solo naufraga cuando ya no tenemos ganas de navegar en él. Lo que pasó ayer pasó hace una eternidad. A veces parece que todo transcurre allí, arrastro pedazos de madera que son recuerdo. Qué pena. Qué desaliento. Es la isla de las cosas que ya no existen pero no me importa: allí está mucha de la gente que más aprecio. Navego a mi vieja isla al otro lado de La Gesta, a mi aula que ya no es mi aula, con finos showmans y libros dialécticos, y me hundo en el mar del olvido y sé que allí está todo. Tediosa, edificante, robinsónica, imaginativa, con ojos colegiales, disparatada, dictatorial, latente (diría Freud). ¿Encalla un barco cada día? ¿Encalla un barco cada año? Miro y callo. El barco encalla de vez en cuando, de tarde en tarde y me digo: felices meses. Felices hasta que se me ahogue el barco del corazón sin llegar a ella. Por fin la isla. Sí, la isla. Una isla que amo mientras el mar me mata.
martes, 18 de septiembre de 2012
Vámonos
La casa en el campo, silenciosa en la noche,
perdida y acompañada,
me trae tu nombre. Ya está,
pronto nos veremos, y trato
de aplacar los nervios.
Quiero dormir hasta estar a tu lado.
Tengo ganas de verte, qué sé yo.
Sé que tu presencia trae
lo que un sol luminoso al verano
que ahora marcha.
Comienza en ti este otoño, en ti
árbol abierto, que me ofrece sus ramas.
Hay mujeres que dan para un libro
y mujeres que son un relato breve.
Tú mujer con hojas, eres Eva
expulsada del Paraíso.
Yo, Ulises, triste viajero que regresa.
La ciudad está cerca y lejos.
Aunque sepa los caminos
yo nunca llegaré a Ítaca.
Hay que pensar en tantas cosas:
la novela, nuestra próxima huida,
los sueños por habitar,
buscando luciérnagas que se esconden.
Vámonos, pequeña, al frío.
Cada comienzo es un horizonte.
Todo es un relámpago en tu risa.
lunes, 17 de septiembre de 2012
miércoles, 12 de septiembre de 2012
Cita
Fui feliz y sigo siéndolo aunque el frío glacial se congele en mi camisa e Ítaca se vaya deshabitando.
Estos días son largos. Hago repaso de lo vivido y los recuerdos son aleteos de mariposas fugaces haciendo vuelo rasante. Todo un reto poner nombre a las puestas-atardeceres, empezar mi novela que encuentra todas las ilusiones que uno quiere. Aquí Ulises. Aquí un náufrago en busca de un hotel disparatado en que sentirse niño. Son tiempos difíciles. Mañana no estaré en el País Incertidumbre. Mañana no será lo que Dios quiera, y nos cubriremos de certezas. Me quedan demasiadas cosas por vivir y aprender. Momentos frágiles. Somos los que fuimos. O los que seremos. Qué sé yo. Cómo pasa el tiempo. Nace un amor más justo, mejor. Ése que soñaron esos otros que conformaron al yo que soy ahora. Ése que se sube predido a los trenes del futuro, a los cafés de Heineken y de risas disparatadas. Con la llama de Prometeo alumbro la vieja casa, ahuyento a los morlocks que se tercian, con libros de Paul Auster o palabras incesantes. También con veracidad y autenticidad. Te diría que sigo soñando y trabajando mis escritos y te diría bien. En esas estamos. Y ando inquieto. Con todo por hacer. Con nuestro encuentro por llegar. Estoy llegando a la cita. No queda nada.
Estos días son largos. Hago repaso de lo vivido y los recuerdos son aleteos de mariposas fugaces haciendo vuelo rasante. Todo un reto poner nombre a las puestas-atardeceres, empezar mi novela que encuentra todas las ilusiones que uno quiere. Aquí Ulises. Aquí un náufrago en busca de un hotel disparatado en que sentirse niño. Son tiempos difíciles. Mañana no estaré en el País Incertidumbre. Mañana no será lo que Dios quiera, y nos cubriremos de certezas. Me quedan demasiadas cosas por vivir y aprender. Momentos frágiles. Somos los que fuimos. O los que seremos. Qué sé yo. Cómo pasa el tiempo. Nace un amor más justo, mejor. Ése que soñaron esos otros que conformaron al yo que soy ahora. Ése que se sube predido a los trenes del futuro, a los cafés de Heineken y de risas disparatadas. Con la llama de Prometeo alumbro la vieja casa, ahuyento a los morlocks que se tercian, con libros de Paul Auster o palabras incesantes. También con veracidad y autenticidad. Te diría que sigo soñando y trabajando mis escritos y te diría bien. En esas estamos. Y ando inquieto. Con todo por hacer. Con nuestro encuentro por llegar. Estoy llegando a la cita. No queda nada.
miércoles, 5 de septiembre de 2012
La vieja casa
Terminó la mudanza,
y yo vuelvo.
Fuimos felices en el máster
con un sol cegador.
Vuelvo como un animal cansado
entre el delirio y la cordura
como James Mathew Barrie
con los hermanos Llewelyn Davies,
aunque quizá nunca me fui.
Vuelvo a Ballota, a la vieja casa,
pequeño universo desierto
perezoso, que bosteza,
regreso al roce de los acantilados
y a las nubes primigenias,
al viejo lugar
donde siempre somos jóvenes.
Trae el horizonte, vestido de septiembre,
un nuevo comienzo,
ladridos de perro al amanecer.
Palpo la escalera desconcertada,
tallo nuestros nombres en los árboles,
esos mismos que escribía en los pupitres,
mientras termino etapas y versos
preparando futuras citas.
Pero a lo que íbamos. Seguimos el viaje.
Vuelvo y huele a recuerdo la vieja casa.
Abriremos todas las ventanas.
lunes, 3 de septiembre de 2012
Luz radiante y luego oscuridad
"Estoy solo en la oscuridad, dándole vueltas al mundo en la cabeza mientras paso otra noche de insomnio, otra noche en blanco en la gran desolación americana".
sábado, 1 de septiembre de 2012
Lo que fue nuestro
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