LA CAÍDA
Siempre tendré una deuda con las olas
por su envite constante hacia la roca
que me clavé una tarde de verano.
Un día no será vetusta roca
sino arena que arrastra la marea,
esponjosa caricia en mi costado
que blande la memoria del tropiezo.
Sonriendo en la cima de los cielos
me hallaré cobijado en mi alegría,
vengado con la ayuda de los mares.
Siempre tendré una deuda con las olas
por encubrir la prueba del desliz.
Y mientras el mundo se derrumba, en San Valentín, un hombre espera en el desierto.

