domingo, 8 de diciembre de 2013

Que venga a estar conmigo

A veces juego a estar enamorado y entonces me repito una frase de Bernardo Soares: "La suerte, si quiere, que venga a estar conmigo".

miércoles, 20 de noviembre de 2013

Por eso aprendo tanto

Somos personas de la calle que intentan comprenderse en sus contradicciones y tenemos que decir muchas cosas.

viernes, 18 de octubre de 2013

Café de los recuerdos

En el Café Riesgo encuentro a un hombre sin cara que me ofrece la memoria de Paul Auster. No me ofrece una botella de bourbon ni dinero sino cada pensamiento, cada recuerdo del autor de Nueva Jersey, la memoria de la tarde en que éste escribió El libro de las ilusiones. Y yo, estresado como estoy con mi novela, acepto encantado.

viernes, 11 de octubre de 2013

El maniquí

A media mañana me levanté, me duché, me afeité y salí a la calle. Con las llaves en las manos me fui a comprar un regalo para mi novia, que era una persona difícil de comprender. Quedé, por otra parte, con mi amiga Cristina, joven y responsable, para que me asesorara a estas alturas de la competición. Tiene que ser aquí te pillo, aquí te mato con las prendas, me dijo. Yo nunca he tenido gusto para comprar regalos. Caminé con ella pensativo. Deseaba comprar algo bonito. Cuanto gastase era lo de menos. Llegamos a Zara, una tienda que está situada en el edificio de Buenavista, a la que había acudido en otras ocasiones de emergencia y entramos por curiosear un poco. Estaba relativamente cerca de casa. Me proponía con ello evitar que me entrasen las prisas. Me gusta mirar las cosas con calma, no precipitarme, ya saben a lo que me refiero. Resultamos ser los únicos clientes pues aquel lugar estaba desierto. De repente Cristina me oyó musitar a los maniquíes: "os quiero a todos", y tuvo que marcharse dejándome solo en tierra de nadie. Vagué durante un rato por los diferentes pisos y anaqueles de la tienda y me perdí entre tanta ropa. —¿Puedo ayudarle?, me dijo la dependienta de turno. Últimamente me lo preguntan cada vez con más frecuencia, no le dejan a uno respirar. Durante unos minutos te vigilan con desconfianza y te espetan un “¿Necesita ayuda?” Al parecer, según el decir general, tienen vigilantes vestidos de calle y si ven que las dependientas no se involucran, las despiden sin miramientos. Hay que andarse con cuidado. Son tiempos convulsos. —No, gracias, solo estoy echando un vistazo, susurré con tono serio. Luego me comentó que en otra vida había conocido a Julio César, a lo cual dedicaré otro día un capítulo aparte. Seguí dando vueltas a la deriva del centro, inquieto, a sabiendas que aquí igual tampoco encontraba lo que buscaba, cuando de pronto… —Pst… —oí. El murmullo procedía de un maniquí que se tiraba un aire a Marilyn Monroe y que estaba situado cerca de la entrada por lo que, a simple vista, no se veía. —Pst…—Volvió a insistir, tras lo cual (y era aún más extraño tratándose de un maniquí de una tienda) me hizo señas con un dedo para que me acercara. ¿Se trataría de un truco electrónico de última generación para animar un poco aquel lugar desolado, tan falto de clientela? Yo sustento la teoría de que los maniquíes, por norma general, no hablan. —Quiero pedirle un favor, dijo amable y luminosa aquella Marilyn elegante, con una belleza fuera de lo común. Si era un truco electrónico no estaba nada mal. —¿De qué se trata?, dije tras la primera reacción de sorpresa. —Es que tengo un poco de prisa, ¿sabe?, contesté, pese a mi timidez. —Necesito que me lleves contigo… —¿Llevarla? ¿A dónde? —A cualquier parte, no importa dónde, necesito salir de aquí, añadió animada y somnolienta. —Mire, no puedo ayudarla, dije a regañadientes pues al hablar con ella me sentí a salvo de la realidad. Pero pensé que si llegara a oídos de mi novia que estaba hablando con un maniquí, podría molestarse. —Por favor, te lo suplico (Se puso de rodillas frente a mí). Aquel maniquí estaba vivo desde luego, era completamente real. Me parecía imposible que un maniquí se moviera y hablara con aquella naturalidad. Nunca había entrado en mis cálculos aquella situación. Era algo bien extraordinario, curiosísimo. Podía pasar cualquier cosa. Se veía que estaba deseando escapar de allí como fuera, de eso no hay la menor duda. Justo cuando ya estaba a punto de rescatarla de aquel lugar grande y misterioso, la dependienta nos interrumpió de manera súbita —¿Puedo ayudarle?. El maniquí se quedó sin brillo, inerte, como una roca. Yo me quedé sin decir nada y me fui de allí tan rápido como pude debido a la impresión, y no me dio tiempo a reaccionar con sensatez. Mientras andaba en dirección a casa con pasos torpes y pesados, intentando ordenar las ideas, sus ojos vagaban todavía en torno mío. Iba cabizbajo dando patadas a las piedras y pensando si aquel maniquí volvería algún día a cobrar vida. Al llegar a casa mi novia me dejó (al final no pude hacerme con su regalo). A partir de ahora está escrito mi destino: arrastraré una vida solitaria buscando a un maniquí como aquel entre los miles de maniquíes inertes. Vuelvo a estar soltero.

martes, 20 de agosto de 2013

Los placeres y los días

Hay muertos ambulantes, muertos sin futuro que son infinitamente generosos y me miran a la cara, conversan conmigo.

martes, 25 de junio de 2013

El palacio del azar

"En la vida, en realidad, no hacemos más que cruzarnos con las personas. Cruzarnos y siempre por azar. Y separarnos siempre" (Julio Ramón Ribeyro).

jueves, 13 de junio de 2013

La angustia de Cheever

John Cheever -se te ocurre pensar- lo leíste hace ya años. "No disimular ni ocultar nada, escribir sobre las cosas más cercanas a nuestro dolor, a nuestra felicidad". Te preguntaste siempre qué habría querido decir con eso. Te parece increíble, complejo, que un hombre pueda escribir sobre todo lo que le pasa sin ningún pudor. Subir esas escaleras de sombra interminables que conducen a la vergüenza polvorienta.1957 fue un año importante en la vida de Cheever, te dices mientras el camarero te trae otro café y un agua con gas. Dejó escrita, armoniosa y caótica, su primera novela, Crónica de los Wapshot, que le valió el Premio Nacional del Libro (National Book Award), un premio de deseo y proliferación. Está inspirada en su propia historia -la de su padre y su madre en proceso de mirar el mundo desde la gran ciudad abandonando el pequeño pueblo de Saint Botolphs. Le siguió años más tarde El escándalo de los Wapshot (1964) que continuaba la saga.¿Adónde va la felicidad, el dolor? El de Massachusets va más allá: escribir sobre el sufrimiento de Tántalo, la magnitud del desaliento entrevisto en sueños, la desesperación. Cuenta Andrés Trapiello que a quien escribe un diario le acontece la misma cosa que al fotógrafo, de cien instantáneas le sirve una solo, y todas las demás hay que tirarlas. ¿Es que hay que recordar cien momentos dolorosos y residir en uno solo? El dolor está en un orden que es un desorden. ¿El escritor ha de viajar sobre los necios túneles de la angustia, sobre el bien y el mal, todavía fuertes y erguidos? Estás en el café, reflexionando, con la lagartija del día mirándote a los ojos, lírica y fatigada. Te parece increíble que un escritor tenga que renovar sus fuerzas constantemente, dejarse transportar por la belleza del dolor.

martes, 11 de junio de 2013

Las multitudes interiores

Pizarnik me mira fijamente un buen rato y acaba diciéndome: "Yo y la que fuimos nos sentamos en el umbral de mi mirada". Yo y el que fui, pienso para mí, vemos vivir y moverse a X, sin que ella lo sepa.

martes, 21 de mayo de 2013

La Tertulia del rollo

Un hombre no es hombre hasta que no escribe una novela. Releo un par de folios de mi borrador en marcha, con espuma de utopía, como si fuera un lector X, y me encuentro con el fragmento en que Max, su protagonista, en una metamorfosis kafkiana, se transforma en pájaro. Dice: "Al despertarme me encontré encima de la acera convertido en pájaro de la idea. Esa era mi caótica metamorfosis. Aterricé en la calle Ruiz de Alarcón justo enfrente de la casa número 12, donde vivió Pío Baroja. Ignoré la casa de ladrillo rojo con su par de miradores como ignoran los pájaros todo acerca de la historia de la ciudad". Después, continúo leyendo, y el pájaro acude al Parque del Retiro, pasa a ras de la plaza del Duque de Alba y allí se topa "con músicos y mendigos que piden por pedir", casi le cae un libro encima en la Cuesta de Moyano, tropieza con bibliófilos, con Poe y Dostoiewski, tenderetes, mirones, hasta llegar al Café Gijón. Vuelto Max / protagonista, en mi novela, se pone el traje umbraliano de alter ego y entra al café dice "para sentirse algo. Alguien". Allí se encuentra con José García Nieto ("el hombre bueno a quien más debo en esta vida"), Cela, Pepe Hierro que fuma compulsivamente, y algunos otros pero que son gañanes líricos, con espantables pleonasmos, que no interesan aquí. Es costumbre, que queda muy literario, que adelante a mis lectores fragmentos de mi novela. No es nuevo, ya lo he hecho en este diario. En mi novela resucitaré por ejemplo a la Tertulia del Café Gijón o la de la revista Ínsula en la calle del Carmen. De la primera dijo el propio Umbral sobre el autor de La fundación: "Antonio Buero Vallejo tiene en el café su odiador oficial, enfermo y silencioso, que estaba en otro rincón diciendo cosas terribles del autor famoso". O de la segunda: "Recuerdo un cierto rechazo tácito de Cano hacia mis cosas. En aquella tertulia semanal, donde alguna vez vi a Celaya, nadie me hacía ningún caso, de modo que no volví". En mi novela regresarán por inercia varios de mis referentes: Gómez de la Serna, Lorca... El propio Max / Umbral tendrá una conversación profunda con su amigo Cela ("ciento quince kilos de escritor, ciento quince kilos de maestro, ciento quince kilos de tiempo", dejó dicho). El hombre siempre busca al hombre. Habrá una buena dósis de ficción en la Tertulia y así, como la habrá abstracta pero no abstrusa, en Nueva York, cuando el conductor del autobus sea Antonio Muñoz Molina (Muñoz Molina no conduce autobuses en Manhattan, corrección que hago para el tonto de la cosa). Me encuentro en mi libro reciente. Las tertulias con sus impersonalismos y las rencillas literarias siempre me han interesado. Oscar Wilde afirmó sobre Alexander Pope: "Hay dos maneras de sentir aversión hacia la poesía; la primera es tener aversión hacia ella, la segunda es leer a Pope". De Jane Austen y sus novelas dejo dichó Mark Twain que "la sola omisión de los libros de Jane Austen convertiría en bastante buena a una biblioteca sin un solo libro". El propio Max / Umbral hará guiños a la tertulia de Enrique Vila-Matas en su Viaje vertical: " Iban cayendo las palabras, los papeles. En la Tertulia había poca carnaza que echar a las fieras pero estaban muy amaestradas". Sigo con mi novela. La operación es larga y bonita. Pues hale, tome usted asiento desocupado lector, abandonemos al tonto de nuestras vidas para pintar mucho la novela y echar un buen vistazo. Siempre lo he dicho, mi novela tiene mucho que pintar. Manos a la obra.

sábado, 11 de mayo de 2013

Coherencia de chisme

Iban cayendo las palabras, los papeles. En la Tertulia había poca carnaza que echar a las fieras, mortalmente vivas, pero aún así estaban muy amaestradas.

viernes, 10 de mayo de 2013

Mis hogueras y mis días

Prendo fuegos a la impertinencia, hogueras con días, calles, fiebres, horas, pensamientos, luces, miedos. Estoy anclado en la memoria, condenado a mi pasado, sujeto a la sublime felicidad. Prendo fuego a la pluma. Sí. Hay que incendiar la pluma. A mi pluma no le va el hielo insoportablemente frío y distante. Tengo derecho. Disfrazado de metáfora amanece el día. Continúo con mi oposición de futuro, con un tema sobre la novela española en los primeros años del XX. Me detengo en Gómez de la Serna, del que se dice que "nos brinda una de las obras más prolíficas y diversas de la literatura española, en tanto observamos todo tipo de libros: reflexiones, apuntes, "teatro en soledad" y teatro representable, greguerías, efigies literarias, biografías, crónicas más o menos periodísticas, obras de crítica pictórica, artículos, ensayos, otros libros inclasificables y novelas". De él dejó dicho Umbral no hace tanto rato: "Ramón se había inventado eso de fabricar un poema en prosa a partir de una pequeña noticia del periódico". Día metaforizado. Gómez de la Serna. Fuego. Me da por rescatar su Diario póstumo y me encuentro varias greguerías verídicas y profundas: "El pájaro que no puede volar disimula ese no poder, pero siempre hay un niño que lo descubre y lo agarra". "Colas de cine: colas de hambre de fantasía". "Ningún bostezo como el que lanza la maleta cuando se abre al final del viaje". "Soy feliz, pero lo que veo es que no tiene porvenir mi felicidad". Cierro el libro pensando en lo que veo, en el porvenir de mi pasado. Día metaforizado. Gómez de la Serna. Fuego. Solo me sueña, tras la ventana del café, un hombre silencioso que soy yo mismo, extático.

jueves, 25 de abril de 2013

Lo de Machado

Alguna vez lo tengo escrito: "Tras el vivir y el soñar, está lo que más importa: el despertar", lo decía don Antonio Machado. Así que, acostumbrados como estamos a un mundo que está lleno de durmientes y en estado de dormición, despertemos, y hagámoslo por inercia, profundos, retumbantes y siempre humanos.

miércoles, 24 de abril de 2013

A través del espejo

Los libros son cualquier edad de la vida: se acuestan con nosotros por las noches a comernos en porciones, crean mundos al niño que pasó por ellos, se desperezan cada mañana en nuestras sábanas y nos van humanizando, civilizando, consiguen que aprendamos muchas cosas, que leamos a Nietzsche y nuestro 27, que gocemos a Rilke y recitemos a Lorca. Nos hermosean como un sistema de espejos que nos hacen verlo todo a la vez. Son ejemplares y hermosos. Amo su forma de hablar, su voz, su entonación entre varia y variada, su colonia metaforizante. A veces me falla la vida pero el viento de los libros, que es el viento del mundo, se lleva mi decepción.

lunes, 22 de abril de 2013

Kodaks

Buscaba y no buscaba en Madrid, a palo seco, un poco de calma, encontrar una sombra conocida, la mía propia.

Yo no me entiendo a mí, cómo voy a pretender entender a Madrid.

Madrid es lo que quiera cada uno.

Ya saben lo que decía Pla, que algunos pasamos horas sumergidos en una misantropía flotante.

Me gusta San Lorenzo en abril, ancho, habitado por nuestras sombras de felicidad, que amenazan con abrazarse.

Con tu ausencia queda el ánimo como la casa vacía tras la fiesta, botellas medio llenas sobre la mesa sin horas.

Los pies reivindican el viaje, la historia real y el recorrido.

Abandonemos de una maldita vez el hábito del fracaso. La tendencia de ser un perdedor. Nada sabe de la vida quien no se enfrenta a la realidad.




viernes, 19 de abril de 2013

El buen recuerdo

"En el lugar estará siempre quien nos lo descubrió y el momento de nuestra vida en el que gracias a su mediación lo conocimos" (Antonio Muñoz Molina).

jueves, 18 de abril de 2013

Leyenda de la Tertulia Visionaria

En la Tertulia, con la puerta cerrada para muchos pero siempre abierta al personal, había algunos -los menos- que se negaban al rollo porque daban caramelos envenenados. Un rebaño de ovejas pastaba en los pasillos del café-bar con libros de viejo, todo se movía que dijera Galileo. Esto de la Tertulia era más bien el cementerio de las conversaciones sibilinas y silabeantes, en un simulacro de velocidad como ocurre con todo lo malo (esto ya lo veía yo entonces). Un lector de Kafka habría visto como personajes kafkianos a aquellos desclasados sin mucho refugio y así. Pero voy viendo que esto es tema que puede dar para mucho. Solo diré, recapitulador y optimista, que allí había mucho bombero / Farenheit que quemaba libros con ingenio. Y así les va. Esta mañana he pasado junto al café-cementerio y estaba ardiendo.

jueves, 11 de abril de 2013

El frío de la literatura

Sí. Es la literatura: ese enigma del que el escritor es rehén, que el escritor ama con su mejor amor y sin tenerle cogida la maña. A veces la literatura nos hace libres pero como un medio frío y una lucidez blanca.

miércoles, 10 de abril de 2013

Sabato y Sabina

En estos días he releído España en los diarios de mi vejez, de Ernesto Sabato, es uno de esos libros que no se abandonarán. De manera cálida y soleada, Sabato dice del cantante de Úbeda: "Anoche fuimos a casa de Joaquín Sabina. Aunque recién nos conocemos, creo no equivocarme al afirmar que él habría sido uno más entre las tertulias de nuestros viejos compositores de tango. Puedo verlo acodado a la mesa de un bar, con su vaso de whisky, hilvanando metafísica y existencialismo con el humo de su cigarrillo. Quizá porque su espíritu alegre y apasionado, disparatadamente andaluz, me recuerda, a la vez, ese trasfondo descreído, trágico e irreverente, como el de los hombres que poblaban los viejos cafetines porteños". Recuerdo que Ernesto nos ha dejado aunque su recuerdo está muy vivo. Y nosotros no sabemos si venimos o vamos pero le ponemos, como dice Joaquín, una gota de pasión a cada nota que nos queda por cantar.

viernes, 5 de abril de 2013

El embate de la crisis

Leído en María Zambrano: "Las crisis muestran las entrañas de la vida humana, el desamparo del hombre que se ha quedado sin asidero, sin punto de referencia de una vida que no fluye hacia meta alguna y que no encuentra justificación. Entonces, en medio de tanta desdicha, los que vivimos en crisis tengamos, tal vez, el privilegio de ver más claramente, como puesta al descubierto por sí misma y no por nosotros, por revelación y no por descubrimiento, la vida humana, nuestra vida. Es la experiencia peculiar de la crisis. Y como la historia parece decirnos que se han verificado varias, tendríamos que cada crisis histórica nos pone de manifiesto un conflicto esencial de la vida humana, un conflicto único, radical". Se nos enmaraña el tiempo con esta crisis, pienso yo, aunque no sé su medida, si tiene alguna.

martes, 26 de marzo de 2013

Entre la oportunidad y el halago

La Tertulia estaba plagada de odiadores oficiales (o asiduos del café) que decían cosas lamentables del autor famoso.

jueves, 21 de marzo de 2013

martes, 19 de marzo de 2013

33 primaveras


Porque las primaveras escriben, confusamente,
soledad.
Miro y veo el garito con sueño,
con inquietudes intactas,
con poemas doloridos sobre la mesa.
Uno, que solo ama palabras,
imagina estar amando democracia
cuando oye tu cuello,
cuando tu corazón es un cuerpo a cuerpo
entre dos utopías
y decididamente
somos designios verdaderos que se callan,
cuando el lenguaje
se siente todavía encendido
y la oscuridad vislumbra verbos torpes.
Somos nuestras palabras.
Nos salvan nuestras palabras.
Hoy, día de una nueva primavera,
la vida me reclama un rostro inexperto.
En mi paciencia
se encadenan las palabras,
y las emociones de cuero
apuntan a un mundo que me invita a pasar
y apoyarme en su barra.
En la tierra de nadie
las primaveras escriben soledad.
Son locales para resultar universales, 
encierran mis sueños entre paréntesis
como el libro mismo.
Porque todo regresa hacia las dudas,
igual que Astillero, los ojos y los desiertos.
Ahora,
soy un garito con sueño, confusamente,
una inquietud intacta,
con poemas doloridos sobre la mesa
que nunca se apartan de mi lado.

jueves, 14 de marzo de 2013

Perros de la memoria

Los recuerdos son esos perros pacíficos que nos persiguen a medida que avanzamos porque les dimos de comer un día y nos transportan, por una caricia, lejos del lugar en el que estamos.

martes, 5 de marzo de 2013

Poeta en Mondragón
















LA CONDENA

Estoy aquí, condenado a la vida eterna,
a vejez sin llanto.
LEOPOLDO MARÍA PANERO

Cae la nieve babeante,
los copos gimiendo como ratas rotas.
Viajo sentado, noche tras noche,
en una silla de manicomio
mártir de un frío que apesta.
La tumba sabe el claustro del ovido.
La tumba sabe el lastre de mi carne.
La tumba sabe desnudar a la flor.
Siguen gimiendo, siguen gimiendo
a la luz de las estrellas
mientras me río sin dientes
de todos los condenados
que bailan con el diablo,
como una manada de vampiros,
a lo largo de la nada.



SOMBRA

Mañana será un buen día.
Mañana será un buen día
y seré un moribundo
que se arrastra sobre la página
para desviarse del tema
y que insectos invisibles se alimenten
de mi figura humana.



LA VIDA ETERNA

Con el disparo
de la página el hombre
se cae cazado.



CALLEJÓN SIN SALIDA

Ah pájaro desorientado
que persigues al hombre
donde no hay nadie
autoespejo de la nada.
Tú que convocas el vuelo
cruel de la certeza
y tienes la pistola en la sien
de la locura: dejas por doquier tu vientre
en la página en blanco.



LECTURA

No es el invierno,
es la ceniza terca
sobre el poema.



LA PESADILLA ATROZ DE VIVIR

Ciervo es el recuerdo, cielo es la flor
que no perdona y me asalta
como una página que acorrala mi ser.
Cae contra los hombres
disparo en la nieve
que me ladra o no me ladra
día a día, soy un silencio
que se escapa sin labios.
Ah ciervo que hiere la noche
con sus interminables siluetas
y yo me quedo solo
en la tierra cruel de la memoria.





















EL FIN DE NUESTRAS VIDAS

Muere otro loco, cae en el negro agujero.
Y otros locos arrojan piedras negras
 a la rosa cruel sobre la nada
donde ni está mi huella ni la del hombre.



NOCHE

Muda y atroz
la palabra
dentro de mí.

Y el verso es como si flotara
una noche.
Y la palabra tiene
el color de la noche.

Voz en el desierto
donde se deshace la oscuridad.



DANZA EL SEÑOR MISTERIOSO

Nombre al oído.
El Señor Misterioso
besa al demente.



HOMICIDIO

¡Navega, aspid, navega
lo que el hombre ignora!
Navega por donde todo apesta.
Página pálida por donde la vida se pudre.
Panero lo dijo,
cuando la mano termina de escribir
hay huellas de sangre en el poema.

domingo, 3 de marzo de 2013

Cuestión de distancia

Entrar en una librería de saldo es abstracto y desolado para cualquier escritor impresionable, es como la paráfrasis recelosa del olvido: en sus nichos de madera y barricada ya los libros tienen una belleza que entristece, una sombra sin color que vive y se desvive por esa ciudad de notable desentendimiento.

miércoles, 27 de febrero de 2013

Calle elemental

Hay calles completamente desiertas, pues no lo son de verdad. Una calle desierta puede ser un caos de gente ninguna, porque los que pasan, pasan por ella como si estuviese desierta, como si fuese una razón olvidada.

martes, 26 de febrero de 2013

Milímetros

"Soy todo yo una vaga añoranza del presente, anónima, prolija e incomprendida".

"No creáis que escribo para publicar, ni para escribir ni para hacer arte siquiera. Escribo porque es el fin, el refinamiento supremo, el refinamiento temperamentalmente ilógico, de mi cultivo de estados de alma".

"Quien no tiene Dioses nunca tiene tedio".

"He naufragado sin tormenta en un mar en el que se puede estar de pie".

"La vida es un ovillo que alguien ha enmarañado".

"Es la última muerte del Capitán Nemo. En breve, moriré también. Ha sido toda mi infancia pasada la que en este momento ha quedado privada de poder durar".

Fernando Pessoa, Libro del desasosiego de Bernardo Soares, Seix Barral, 2oo8.


jueves, 21 de febrero de 2013

Sueños vagos

Tuve un sueño, como Soares: "Ha sido en un cuadro, sí, donde te he visto. ¿Pero de dónde me viene esta idea de que te vi acercarte y pasar a mi lado y yo seguir, sin volverme para atrás para estar viéndote siempre todavía? Se detiene el Tiempo para dejarte pasar, y yo te amo cuando quiero colocarte en la vida -o en la semejanza de la vida.

sábado, 16 de febrero de 2013

Interludio de novelas perdidas

Uno busca, derrotado y derrocado, su novela durante años y años, en las calles, en la atmósfera, en el intelectualismo, en la sombra, en el rastro, y de repente, zas, en ese mismo lugar por el que habíamos pasado miles de veces, aparece con cara de no haber roto un plato en su vida.

jueves, 7 de febrero de 2013

Sacando conclusiones

Me levanto pronto, entre nueve y nueve y media. Abandonando cualquier otra lectura me encamino hacia el Amado siglo XX, de Francisco Umbral. Anoto esta idea: "Si a los veinte no eres ya un escritor lorquiano, es que no lo vas a ser nunca. Yo respeto a los escritores sin estilo, con carencia de fraseología. Los respeto, pero no me dicen nada. Andar por la vida de escritor sin estilo es como andar por los mares sin vocación de marinero. La manera de decir las cosas importa mucho más que esas cosas. Cuando se ha contado algo sin manera es como si no se hubiera contado nada. La cosa no existe porque la nombremos, sino porque la nombremos de determinada manera". Tengo que escribir con estilo de lo que pasa hoy y de lo que no pasa, sencillamente. Sencillamente.

martes, 5 de febrero de 2013

Sociabilidad inteligente

No sé si fue Pessoa, si Senancour,el que dijo esto: no hay espejo que nos dé a nosotros mismos como fueras, porque no hay espejo que nos saque de nosotros mismos.

lunes, 4 de febrero de 2013

Tu regreso

En medio del deterioro de una amistad, ¿qué significa una mirada al recuerdo? El río borra a veces los rostros en lista de espera. «Cuándo quedamos», susurra el futuro en mañanas de febrero barroco, de sol y viento. O sea, ni frío ni calor. Así estamos. Te lo dije una vez: "Yo, Alicia, es que prefiero cuando regreses". Avenida de Cantabria, uno se esfuerza con los cinco sentidos en ver lo invisible, aquello que dé al corazón un calor verdadero, en levantar los ojos para mirar a las aguas del río del ayer a la cara. «Cuándo quedamos», dice el futuro exhausto. Pero llueve sobre mojado y ya nos han contado todos los cuentos que planean en uno como un gramófono anticipado. Como es lógico, es angustioso saber que a veces, tras las aguas de un río, lo que espera es el olvido canalla y su cólera. Hay amistades que nos parecen igual de guapas, con en el peso de los años, pero la vida las llena de sueños confusos. Hay amistades que tienen días de cuchillo, una espada de rebeldía. Pero hay más, hay otras de altas temperaturas en las que comprender es olvidarse de amar. Y amar es haber amado. La dejadez atronadora convierte entonces la actitud en metáfora del sentimiento de soledad. Cuando me distraigo, veo claramente. Si te distancias como mera tiniebla, brindaré por el silencio efervescente que cierra todas las puertas. Así se van los días. Y todo depende de los intereses creados de cada cual. Por eso no conviene desentenderse de las decisiones personales de cada uno. Importa más mirarse a los ojos. Aunque es difícil, es un recurso imprescindible. «Cuándo quedamos» susurra el eco restallante de nuestro futuro imperfecto. «Cuando regreses, Alicia, como el agua a las márgenes del río del recuerdo».

jueves, 24 de enero de 2013

Invitación de último minuto

Una cosa que hay que hacer siempre al iniciar un invierno es pasarse una hora en el café La Corte, para detener el reloj, o cuando menos tres cuartos de hora. Ya que todo está igual en este imperfecto Universo en que vivimos y lo único que hace la política impertinente es continuar con la crisis, vámonos a La Corte, ola natural de mi ánimo, donde el frío no llega ni el peso de los años. "Qué nos espera / si nieva en la memoria / de quienes fuimos" escribí no hace tanto. Vayamos a La Corte vestidos de mayo. Es saludable brindar por un recuerdo verdadero o falso sin que sepamos muy bien cómo, solemnizar cada momento. También lo es, según el grado de cercanía, brindar por la otra orilla y la ciudad baja. Por la tempestad del viajero y las memorias de un desmemoriado. Vamos, pequeña, a La Corte, vestidos de madrugada, a defender cosas indefendibles y, al cabo de unas horas, los pensamientos se cerrarán como una trampilla. Somos los alrededores de La Corte, la novela que vamos escribiendo al aire e inconjugable. Vámonos a La Corte al fin arbitrarios, geniales, tiernos, relojeros, débiles, triunfantes y arriesgados.

jueves, 17 de enero de 2013

Lorca

Lorca, exclusivo, refulgente, definitivo, sensible, sublime sin interrupción, porque te da la gana. Lorca, duende, las alas del vitalismo andaluz. Lorca, duende, nada te mata, todo te hace más fuerte, por tus plazas de plateresco. Lorca, duende, que barres para dentro, fuerza centrípeta. Y ya regresan los sonidos negros, negros de betún, tú quieres ser tú, la imaginación es un hecho del alma y rompe copas en la madrugada, las iguanas vivas muerden a los hombres que no sueñan. Lorca, todo es otra cosa. Todo está queriendo ser. Lorca, magia en la mañana viva, hebilla luciente y gastada. Lorca, García Lorca.

miércoles, 16 de enero de 2013

La vida en este caso

Sigo con Soares que nunca defrauda: "Me pierdo si me encuentro, dudo si opino, no tengo si obtuve. Como si me pasease, duermo, pero estoy despierto. Como si durmiese, despierto, y no me pertenezco. La vida, al final, es en sí misma, un gran insomnio, y hay un aletargamiento lúcido en todo cuanto pensamos y hacemos". La vida, pienso yo ahora, es ir al Rastro en busca de algún aforismo, ver a mi sobrino de locura Ager riendo mientras le miro, algunos atardeceres, la escritura de un poema en el café Cires, mi Alicia, Madrid y sus contradicciones, habitar los sueños pendientes, el mar que me salva del naufragio, saber que no te rindes aunque el mundo se agriete.

martes, 15 de enero de 2013

Somos

Decía Bernardo Soares lo siguiente: "Sabio es quien monotoniza la existencia, puesto que entonces cada pequeño incidente tiene un privilegio de maravilla. El cazador de leones no tiene aventuras más allá del tercer león. Para mi cocinero monótono, una escena de bofetadas en la calle tiene siempre algo de apocalipsis modesto. Quien no ha salido nunca de Lisboa viaja al infinito en el tranvía cuando va a Benfica y,si un día va a Cintra, siente que ha ido a Marte. El viajero que ha recorrido toda la tierra, de cinco mil millas en adelante no encuentra novedades, porque solo encuentra cosas nuevas; otra vez la novedad, la vejez de lo eterno nuevo, pero el concepto abstracto de novedad se quedó en el mar con la segunda de ellas". Cierro, cansado todo yo, el Libro del desasosiego. Así se van los días, si monotonizar la existencia para que no sea monótona. Pero no es tarde. Estar vivo no es un fracaso. Sé guerrera, busquemos ese mar en el que quedarnos. La isla será nuestra como nuestro es el futuro. Habrá bengalas que nos iluminen para salvarnos de la escarcha y los piratas. Somos otros. Mañana no será lo que la Monotonía quiera.

jueves, 10 de enero de 2013

Despierto



Despierto y el dinosaurio sigue ahí.

Veo claro el argumento de mi novela.

Quince folios, con mucha ilusión

y con la sensación de que aún no existen los problemas.



Despierto, el caso es que es enero y yo te amo.

Suerte, imagino, el no deber nada a nadie,

cuidarse de la amargura,

que mi fiebre sea el optimismo,

relativizar el éxito y el fracaso

como Bogart en Casablanca .

Pasa el tiempo y no es malo,

con la sonrisa prendida en el rostro.

La prima de riesgo está por los aires.

Pero aquí estamos, entre la realidad y el deseo.



Despierto, como te digo.

Es enero y yo te amo trepando al árbol del pecado,

ése mismo en el que tallo nuestros nombres,

te busco para convencerte de que estamos a tiempo

(adhuc tempus se decían las viejas leyendas).

El futuro es nuestro. Sé que insisto mucho,

espero que me perdones, pero continuamos en el viaje.

Estamos despiertos. Ahora más que nunca.

miércoles, 9 de enero de 2013

Cartas desde el insomnio

Me entretengo leyendo, imagen interior de mí, los diarios de Andrés Trapiello. En esta ocasión, temblorosa de fiebre y frío, le toca el turno a Apenas sensitivo (Pretextos, 2011). Me quedo lírico y preciso en la carta futura recibida en 2003 desde el 2009 (que, digamos, es un recurso muy literario) en la que un amigo X le incita a que deje de escribir su novela en marcha. Apreciación (ganas de no hacerle trabajar) con la que su mujer M. está de acuerdo. Y le dice: "Estoy de acuerdo con X, esos libros son el proyecto de un romanticismo suicida. Acabarás quedándote solo: unos querrán irse de tu lado, porque les dará miedo estar junto a alguien que puede contarlo todo, y no querrán compartir nada contigo, unas veces por temor a ser juzgados o simplemente narrados, y otras, por el contrario, cansados de que hables ya de todos menos de ellos. Desde luego me apenaría que esos libros dejaran de escribirse, porque son nuestra vida, la tuya, la de los chicos, la mía, y sabes cuánto me gustan pero todas las cosas tocan a su fin. Lo que hayas escrito de la vida, vida será, y nadie podrá quitárnosla ni a ti ni a los que nos encontramos en ella". A mí me recuerda, nada importa y todo es repetición, a mi futura mujer de 2019 que me llega ahora en 2013, a mi Alicia particular. Algo así. De momento le parece genial y fascinante que escriba sobre mis recuerdos o manías, aunque haga exceso de sentimiento, exceso de prosa, exceso de todo. Para acabar el día escribo una "Carta desde el insomnio", que nunca verá la luz: "A veces en mi cuarto metafísico, / ocupado en tachar alguna página, / he sentido entrar por las ventanas / al reloj de la noche. / ¿Es que nadie conoce mi desorden, / quiero decir, que soy / un animal nocturno? / Como odio el lugar común, me pongo el abrigo, / empiezo a caminar de este a oeste / recibiendo una luna que es ajena. / Al quedarme más solo que yo mismo / toco el brazo / de las pequeñas lluvias y los cielos salados, / tanta gente en la calle que sale bien peinada / y escribe sus historias / por crear un autor / a la medida de su gusto. / Hay tanta dignidad en los garitos. / La escritura es un signo muy visible / en estas horas frías. / Luego regreso a casa, muy cautelosamente, / dibujo al margen del papel, / espío en la ventana. / Desde la habitación, a tientas, / respiro el tornado de la literatura".

jueves, 3 de enero de 2013

Un mal sueño

En sueños me encontré una muchacha alta, indiferente, secreta, atrozmente invernal que se encaminaba hacia mí. De pronto, intenso y breve, su rostro estaba cerca del de Nicole Kidman y, durante los siguientes nueve minutos y medio, sus facciones se transformaron en las de Cristina Rosenvinge. Era un mundo aparte. Se creía una persona / personalidad. Comenzó a recitarme, para atención del personal, lo que, según me dijo, eran unos versos míos que discretamente le había dedicado tiempo atrás: "Tu rostro no es tu rostro / es un beso que llega del pasado. / Escribo para que me leas, / para despertar cierto interés / a su debido tiempo". Al acabar de recitarme me fijé, pero ni tenía inquietudes vitales ni sabía lo que era eso. En sueños a veces nos encontramos personas engatilladas y amargas que, por tener orgullo, se quedan más solas que la 1, en clave de frío. Como la muchacha de anoche. Justo cuando iba a despertarme y dejarla atrás, me dijo que no la abandonara, que no la dejara sola en tierra de nadie. Sacó entonces unas líneas de una carpeta azul, que me recordó mucho a la del poeta ovetense Ángel González. A veces juzgamos con aparatosidad a los demás. Y es que hay palabras tranquilas que aciertan y caen, como una piedra, en el fondo del alma: "Que tu norte no se olvide nunca de mi invierno", me dijo (lo cual en absoluto es malo). De repente su rostro volvió a ser su rostro en mi sueño rebelador y revelador, con be y con uve. Al despertarme, perdido, quise regresar de nuevo pero medité que antes de ponerse a soñar, hay que saber donde vamos, y cuál es el mejor camino. Y es que, como dijo Umbral, la amistad es más fuerte que la familia o el amor. Según qué amistad, claro.

miércoles, 2 de enero de 2013

Veracidad

Acto de barbarie: dejar el folio a medio camino, no perderse en el tiempo de un cuarto o no ser la herencia del recuerdo.

martes, 1 de enero de 2013

Nuestra patria es el trayecto

Es difícil influir en la realidad en la que vivimos si somos meros espectadores en un tiempo de descrédito. O participamos de ella por definición, o no somos. Pero hay días en que me levanto con una esperanza con mayúsculas, humana, perfilada, refulgente, neta, si tú me miras. Las barras de los bares, los lugares desconocidos, la conversación de tus estudios, la playa de S. Lorenzo han aprendido de memoria a convivir contigo. Tu tren vital es maravilloso. Cuando vienen días grises, si me veo necesitado de energía, vienes por los raíles del tiempo hasta mí, tan viva y con tanto presente. A veces necesitamos saber que le importamos al otro. Les doy la lata con los trayectos porque pienso, a menudo, en las sílabas de mi futuro. La verdad es que creo en nuestra coincidencia, en nuestro poder de decisión. Nada está escrito.

lunes, 31 de diciembre de 2012

Próxima estación

Siempre pesan las entradas a los próximos trenes, para bien o para mal. Se va el 2012 sin sentir vergüenza. Da igual. Hay que tener el arte de saber a qué te subes y cómo te pueden cambiar las cosas, pero sin miedos que nos paralicen o atemoricen, sin asustarnos como se asustan las palomas en el parque. "¿Va usted a coger el tren?", me dice esta mañana una señora, errante de sabiduría,disimulada, voluntariosa, perdurable. "No, señora. Este tren se va a Ningún Sitio". Yo espero a Alicia, le cedo mi sitio a otro, tarareo una canción. Ella hace la vida eterna en cinco minutos. Quiere decirse que hay que saber parar y bajarse a tiempo, sentarte en el andén y esperar otro tren. Elegir tu asiento y a tu acompañante de viajes. Y es que hay trenes que vienen de ninguna parte y descarrilan en ningún sitio. Yo tengo tiempo de esperar el mío con premura, tesón... mientras pasan trenes como relámpagos, otros de puntillitas, pero mis horarios, te lo juro, los tengo controlados. No sé si me explico. Abandónense a su instinto, conozcan lugares desconocidos. Yo aún no me subo, he de comprar unas flores y echar en falta el color de tu jazmín. Tengo que escribir la novela tras este año de rumores y de titulares. Pero si me lo permiten, me lo voy a permitir, rechacen lo irrechazable, propónganse exclusivamente, exhaustivamente no dejarse llevar por la facilidad y la inercia, esperar su tren oportuno, apresurándose despacio. "¿No va a coger usted este tren?"... "¿Otra vez?... señora, de verdad, no insista, yo voy a esperar". Sí, esperaré a Alicia, en el silencio de mis silencios. El tren de Alicia. Alicia al fin.

domingo, 30 de diciembre de 2012

La mirada del viajero

Cuando se deja avasallar por lo que guarda y conserva -por lo que es suyo-, mi memoria, inequívoca, se descubre la cara y regresa al Paseo de los Ferrocarriles, en El Astillero, quiere ir un poco más allá, más hondo, allá donde los árboles siguen creciendo. Los árboles, que todo lo ven y todo lo saben, suelen ser irreflexivos. O, como dice Umbral en uno de sus libros, los árboles son unos hombres que he descubierto tarde, unos amigos fijos y fieles, grandiosos. Es extraño cómo la nostalgia se ilumina y manifiesta durante mucho tiempo. No sé si somos conscientes de que escribir es reescribir, volver a vivir lo vivido por otros cuerpos que nos llevaban en tránsito, o sea, verse a sí mismo desde la distancia y desde la estatura de adulto presentándolo bajo un oro nuevo, añadiendo tal vez un rincón raro, un acento que ya es nieve, un tono de voz a media voz, que en muchos casos merece la pena ser leído. Escribir, digamos, tiene una cuarta dimensión y requiere buenas manos, como tocar el volín. Estaba, por un lado, la Ría de Solía, que era para mí, en mi vacación, en mi retiro desocupado, uno de mis sitios preferidos, una confusión de barro y atardecer rojizo, de prestado, de lo que me prestaba la vista. Mirándola de forma plácida (puede que sea una hipérboles visual), difícilmente podía uno sustraerse a tal fascinación. Desde cada recuerdo, como en éste, nos miran siempre los ojos de un fantasma por nosotros muy conocido, esos mismos ojos que nos reconocen desde las esquirlas de un espejo roto. Pero, a pesar de ello, nos encontremos donde nos encontremos, tengamos lo que tengamos, la buena memoria nunca nos llevará la contraria. Hace frío (tampoco demasiado frío), y la noche ha caído sobre el municipio, llenándolo de voces perdidas que retumban sin chocar con nadie, casi sin saberlo, pero el viajero, tal vez de mis veinticuatro o veinticinco años de edad, con mi mismo nombre y mis mismas inquietudes, sigue vagando aún por la Travesía de Orense, como navegante rendido, atraviesa las avenidas del pasado con gesto serio y las manos en los bolsillos, rumbo hacia el Mercado. La plaza del Mercado está llena de bonitos símiles. Hay algunos rincones secretos de ciudades apenas entrevistas en los que todo nos es ajeno, lugares que nos reconcilian con nosotros y permanecen en las telarañas del corazón, aunque estemos de paso. Son calles, olores, recuerdos, anécdotas, escenas sin importancia, etcétera., que uno ha amado y ama de manera invariable pues, esté donde esté, estará en esos lugares, y encontrará todas las cosas que necesita para ser feliz. Es decir, se acabarán enseguida sin agotarse nunca: Calle Rualasal de Santander, llena de fulgor, para caminar presurosos y camuflados, con sentimiento de duración; Calle Gil de Jaz, a media tarde, recuerdo que con las preocupaciones agotadas, donde dejé a uno de mis yo que más me gustaba y mis ojos se clavaban en una sonrisa (con un color fugitivo que solo existe en la memoria), que, cuando me quise dar cuenta, se perdía en el Hotel de La Reconquista, pero me quedó muy dentro; la Plaza Cataluña, junto a las palomas, desde la que se puede contemplar una Barcelona hermosa y fría, que invita a guarecerse bajo su abrigo. "Cada vez más honda conmigo vas, / como un amor hundido, irreparable. / A veces ola y otra vez silencio", para decirlo con el poeta catalán; y, sobre todo y especialmente, Calle Paseo de los Ferrocarriles, con sus abetos rojos, su cúpula al fondo y sus bancos a la espera de algún transeúnte. A veces parece que todo transcurre en esa calle donde nunca dejé de encontrar lo que buscaba. Yo escribí un día un poema titulado curiosamente "Calle Paseo de los Ferrocarriles":

Que estás en medio de la niebla y la nada,
ve a la Calle Paseo de los Ferrocarriles.
Que una sombra sigilosa te indica el camino
y no sientes más voz que la tuya,
ve a la Calle Paseo de los Ferrocarriles.
Que nada va durar y todo queda atrás,
ve a la Calle Paseo de los Ferrocarriles.
Que quieres ver pasar, ante tus ojos,
al gran teatro del mundo,
ve a la Calle Paseo de los Ferrocarriles.
Que todos los que fuiste se esfuman de repente,
ve a la Calle Paseo de los Ferrocarriles.
Que quieres volver a ese extraño lugar
en el que tal vez has sido feliz,
ve a la Calle Paseo de los Ferrocarriles.

Calle Paseo de los Ferrocarriles. El recuerdo es fiel aliado del viajero. De los cientos de paseos que le habitan, ése -ya digo- es el que prefiere. Paseo: eso que tan pocos saben hacer como Dios manda: sin rumbo, sin impaciencia y sin pensar en nada. No pretendo -o al menos así lo veo yo- hacer un retrato fiel de El Astillero. Pero el tiempo que pasé allí, según parece, reúne las mejores vivencias. Vivir en un café lleno de música y literatura. La mirada del viajero, con toda modestia, se acomoda en un rincón iluminado, repentina e inexplicable, y el adolescente que fue (y vuelve a ser a veces) se sienta junto a Julio Verne y Gustavo Adolfo Bécquer que caen de nuevo por azar entre sus manos, y los lee y los relee con una pasión inextinguible. Desde hace rato mi memoria -vuelve otra vez la frase-, se deja avasallar por lo que guarda y conserva, con la inocencia de un recién llegado. Es por eso que mi pensamiento, como un explorador entre la niebla, recorre El Astillero igual que lo hace ahora, como si en el poco ajetreo de sus calles encontrara satisfacción aunque, en realidad, permanezca suspendido como una temerosa luz. Villaespesa, Piélagos, Peña Cabarga, Guarnizo, Bahía de Santander, San Salvador. Acá y allá, cafés, dos paseos, dos estaciones, banco y caja de ahorros, Iglesia, ocho o diez taxis. Así es, por suerte, El Astillero -iluminado por la luna como linterna vieja-, marisma en la memoria que se rehace a la deriva, un mapa y una puerta al paraíso, una llave irrepetible y una débil esperanza abierta, de plumas reverberantes de realidad. O eso creo.

sábado, 29 de diciembre de 2012

Diarios

En este invierno de mirada cansada en que quedo inmovilizado si te ausentas, me da por rescatar La tentación del fracaso, de Julio Ramón Ribeyro. Aquí dejo algunos de los fragmentos que más me entusiasman. Tos de diciembre. Todo te nombra:

"Todo diario íntimo es también un prodigio de hipocresía. Había que aprender a leer entre líneas, descubrir qué hecho concreto ha dictado tal apunte o tal reflexión. Por lo general se analiza el sentimiento pero se silencia la causa".

"La felicidad consiste en la pérdida de la consciencia".

"Vivir es resolver, es actuar, es apoderarse constantemente de una fracción de realidad".

"Los verdaderos diarios íntimos son el testimonio que penetra, se ordena y transfigura en ese ámbito profundo y muchas veces inescrutable que se denomina intimidad".

"¡Volver a París, volver a París, qué obsesión!".

"Mi situación es angustiosa. Hoy, por desesperación, vendí un pantalón y comencé a escribir un artículo sobre Wolfang Kayser".

"Durante catorce horas he escrito sin interrupción. El lapicero se me cae de las manos. La historia es trivial pero sincera, y creo haber logrado algunos aciertos de expresión".

"Yo rara vez digo la misma cosa del mismo asunto, pues para mí todos los temas son una sorpresa y me obligan a improvisar".

"Si mañana no ocurre algún milagro, me veré obligado a vender mis libros, es decir, el centenar de volúmenes que desde hace algunos años me acompañan, a través de mil peripecias, y por los que siento un amor que no me atrevo ni siquiera a describir".

"¡Se salvaron mis libros! ¿Hasta cuándo?".



Julio Ramón Ribeyro, La tentación del fracaso, Seix Barral, 2002.

lunes, 24 de diciembre de 2012

A la Nochebuena que acecha

Hago repaso de los últimos días. Mensaje del rey. Me deshago en esta Nochebuena en que todo te nombra recordando el destello de tu risa, en este frío invierno, como un náufrago que busca su faro, ese en el que brilla la esencia. La Noche Buena es hierro y charla lejana, es cuaderno secreto y corazón de lluvia. "Donde feliz debieras volver" me digo ahora con insistencia, y perdón por contradecir a menudo la paráfrasis del maestro Sabina. Seremos otros en otros cuerpos habitando bares-lugares desconocidos con motivo y motivación, dejando a un lado el miedo patológico de la soledad, y conspirando para hacer nuevas huidas. Aquí estamos. Nunca será tarde.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

La realidad o el deseo

Ser libre empieza por uno mismo. No se puede renunciar a la propia identidad de uno. Confieso que soy yo el que tiene que decidir hasta dónde llega o no una página, el que tiene que descubrirse a sí mismo, ponerse en la piel pacífica del otro. Sería difícil que yo fuese yo, por entonces, como por ahora, la misma persona que se pierde en bares-lugares desconocidos, que se bebe sus Heineken más tuyas, o se ríe contigo, si faltara a mi autenticidad como ser humano. Conviene tener en cuenta que los amores pasados se van olvidando, es bueno hablar de ellos, como vivir sin ellos. Hemos de buscarles silla en la memoria para intentar dar paso a nuevas ilusiones o a otros amores. El deseo ha de transformar y afectar a la realidad. Se nos olvida con frecuencia la sinceridad de un sentimiento, la patria de una incertidumbre o la alegría de una seducción. Parecemos confusos, desmemoriados, etcétera. La metáfora amiga / enemiga es una maldición que resta sentido al interrogatorio de la realidad. Y he aquí que hay que buscar el equilibrio entre lo que uno es, como un ser independiente. No es raro que a veces sea mejor saber ver las cosas antes de que sea tarde e intentar bombardear hasta límites muy dañinos la felicidad de dos almas. Creo en el deseo pero a veces se estrella, con un pudor discreto, en la realidad de los juegos de palabras. Las palabras se llenan de un calor de invierno. Las miradas están en su sitio como las calles que van a dar a la playa de San Lorenzo, o a tu pelo de arena, pero hasta las malas apuestas personales se convierten en tristeza con el paso de los años. Lo perdido o lo que no fue está a veces más presente que lo que fue. Quisiera ser hablador y anunciante, exiliado en trance de desierto. Las palabras persiguen a la veracidad que soy. Estoy machacando al cerebro para buscar mi barrio / dormitorio, la pócima que me salve de las redes sociales y del sistema falsificador. Este intenta aterrorizarnos mediante el miedo. Si estoy aislado, solitario, uno de mis trayectos preferidos es el idioma. El caso es que es diciembre y el futuro es quedar para mañana o anclarse a todos los efectos en el pasado más remoto. Las fotos y los semáforos que palpitan ayudarán a entender mi despedida, en mi afán de fidelidad. Abro de nuevo mi cuaderno. No hay historias imposibles. Te invito a un café. Gijón se deshace en la lluvia y la plaza te espera. Tal vez nos marchamos del Ébano o del Tenampa pero, como dijo el poeta, quién sabe, "queda una luz, un grifo abierto, la sombra de una puerta mal cerrada".

miércoles, 5 de diciembre de 2012

Atrio

Escribo este atrio después de haber tenido un sueño intenso, como es costumbre, como creo haber recordado alguna vez. Mareado de ideas y palabras para mi novela, me encontraba, impávido, en Isla-Máster, una isla encantada con un encanto inigualable que, dicho sea de pasada, parecía sacada de alguna obra de Vila-Matas o de Paul Auster (tipo Puerto Metafísico o Tierra del Sueño). La prisa. Me perdía entonces la prisa. La imaginación es un hecho del alma y quería volver a revisar todos los rincones, encontrarme con la gente abandonando la virtud de la calma. Nada es real excepto el azar. Me topé a Ramón, ennoblecido y balzacquiano. Me dijo con clara irritación: "A mí me pareces un Luis García Montero que se ha vuelto loco". De pronto, lentamente, estudié su cara y empecé a advertir que su rostro se cambiaba por el de Francisco Umbral, y me parecían iguales su tono de voz, iguales sus sílabas, todo: "Esta asociación, Gómez, de dos adjetivos contrapuestos siempre me ha parecido muy eficaz, de mucho efecto y precisión, si los adjetivos se eligen bien, claro, y de hecho la ha practicado usted bastante". Luego, añadió para mi sorpresa: "Es indescriptiblemente bueno". Hay quienes gritan en público o en silencio, quienes murmullan, quienes maldicen, quienes se cuentan historias a sí mismos como si lo hiciera a otra persona. Lo que pasa con Ramón / Umbral es que habla él solo y todo el rato. Es el hombre / conferencia, aunque lo que dice es interesante. Así las cosas, empezó de pronto a llover en aquel recinto de ensueño y la lluvia, finalmente, nos dispersó. Se despidió de mí, menudo y afable. Isla-Máster era un espacio inagotable, un laberinto de interminables pasillos, y por muy lejos que fuera, por muy bien que llegase a conocer sus aulas, me dejaba la sensación de estar perdido. Me tropecé a Eduardo pero pasamos mucho uno del otro. Hablé con Sawyer. Sentía la necesidad de apuntar ciertos hechos y quería escribirlos en mi cuaderno rojo y de humo. ¿Qué sucedería cuando ya no tuviera sueños así? Los caminos de la vida, ya se ve, no son muy distintos de los caminos de la isla, con su olor a aula y a melancolía. Como yo soy intemporal y sueño mucho, choqué al doblar una esquina con una mano de sombra que resultó ser Ángela, acompañada de Elena, siempre dispuestas a entablar una conversación para aliviar el frío. Entonces oímos una voz que decía: "Sabes que puedes regresar. Aquellos que tú admiras aún existen". Me dirigí a la A-26, con ellas, charlando de esto y de lo otro. Había un cartel que traía: "Cerrado para muchos, abierto para muy pocos". Al entrar pude ver, eso sí al detalle, que había montones de libros. Libros encima de las mesas, libros encima de las sillas, libros en el suelo. Aquella isla era un mundo aparte, la tierra que soñó Yeats o la Illinois de Ray Bradbury, que también era Bizancio. Justo cuando iba a hablae con mis compañeras puras, intelectuales, me desperté confuso, febril y fabril, entre ruinas dialécticas. Lo raro es que tenía un libro brillantísimo de Octavio Paz entre las manos, lo cual le alegró a uno. Encontré estos versos: "El descenso / hecho de desesperanzas y sin consumación / nos revela un nuevo despertar: / que es el otro lado de la desesperación. / Por lo que no pudimos llegar a consumar, / por aquello / negado al amor, / por lo que perdimos en la expectativa / el descenso continúa / sin fin e indestructible". El descenso continúa. Todavía hoy, con distancias inmensas y secretas, me doy cuenta de que no puedo dejar de mirar el horizonte e imaginar que vuelvo a la isla. Y cada vez que eso ocurre, ya no estoy aquí, sino recorriendo los pasillos  de Isla -Máster, con Alba o Anabel, Marina o Patri, etcétera, y nada me importa más en el mundo que el ruido y la charla lejana de aquella estancia. Y es que  como decía Baudelaire (me parece que era Baudelaire) siempre seré feliz allí donde no estoy.

martes, 4 de diciembre de 2012

Canción para diciembre

Hoy regresé a ti,

me tropecé

con tu rostro

de esencia,

que no tiene precio.

Él nada y pasa

y me quedo mirándolo.

Ya ves qué tontería.

Me desprendí de cosas,

entre tanto atasco,

y recogí las píldoras de aire

con la promesa de quien se sabe a salvo.

Tú traes soluciones a problemas

sin sumergirte en otros nuevos. Pero a lo que íbamos.



Eres fleco del viento en días de siempre.

Me compras el alma y yo te la vendo

en este otoño, tuyo y mío,

en que la derrota puede ser hermosa.

Ama de mar, de tienda y de belleza. Somos quienes somos.

Cuando embalamos los ratos,

los abrimos en el breve hueco de la distancia.



Tienes emociones, miradas que envuelven páginas.

Tienes mis silencios favoritos. Simplemente eso.

Yo siempre digo que tu belleza es humana

y tu ausencia es un desmayo, porque todo lo llenas,

porque haces el mundo eterno en cinco minutos

sembrando jazmines en los días largos.



Hoy regresé a ti, aunque quizá nunca me fui,

la vida es tan verdad como tus manos

conduciendo en el asfalto, que cura mi ruta,

la luna radiante de mi sueño, tanto naufragio.

lunes, 3 de diciembre de 2012

Diario secreto

En la pasión me cargo mucho las pilas. Dentro de mi paciencia, siempre tengo la impaciencia de no perder el tren. Y sé qué trenes son valiosos.