lunes, 15 de noviembre de 2010
Como una vieja alacena
1
Con pasajeros
miro la ventanilla,
y viajo solo.
2
Llega la noche.
Quisiera ser al menos
luz de farol.
3
Pienso en la rosa.
Viento de barlovento
que se marchita.
4
Aún París
con ojos de ventana
está mirándome.
5
Una barcaza
pasa lanzando un grito
de vapor blanco.
6
Una paloma
vuela al atardecer
y cierra el día.
7
El jardinero
está leyendo hojas
de almanaque.
Con pasajeros
miro la ventanilla,
y viajo solo.
2
Llega la noche.
Quisiera ser al menos
luz de farol.
3
Pienso en la rosa.
Viento de barlovento
que se marchita.
4
Aún París
con ojos de ventana
está mirándome.
5
Una barcaza
pasa lanzando un grito
de vapor blanco.
6
Una paloma
vuela al atardecer
y cierra el día.
7
El jardinero
está leyendo hojas
de almanaque.
domingo, 14 de noviembre de 2010
Día tras día
Siento las Obras completas de Wolfang Borchert como un libro emotivo y de una fuerza inmensa a pesar de ser conciso; y a su autor muerto a temprana edad como a un amigo, en el sentido cercano y casi entrañable de la palabra.
sábado, 13 de noviembre de 2010
Libre tránsito
Leo Tal día como hoy, de Peter Stamm: "En la Gard du Nord, Andreas tomó el tren de cercanías hacia Deuil-la-Barre. Tomaba todos los días el mismo tren. Observaba el rostro de los demás viajeros, rostros de los que no podía inferirse nada. Andreas miraba por la ventana. Veía los andenes, los edificios industriales y los almacenes, a veces algún árbol aislado, los postes para las farolas, los muros de ladrillo y hormigón cubiertos de grafitos. Sentía como si viera colores solamente, ocre, amarillo, blanco, plata, un rojo sin brillo y el azul acuoso del cielo. Eran poco más de las siete, pero el tiempo no parecía tener importancia". Y uno que es otro porque te has marchado, adivina tu sombra en el asiento contiguo. Y viaja a tu lado, con calma cándida, mientras contempla suspendidos los días que se marcharon brillando entre los andenes y el azul del cielo, sobre la nada.
Peter Stamm, Tal día como hoy, Editorial Acantilado, 2oo7.
viernes, 12 de noviembre de 2010
Al caer la tarde
Recuerdo las palabras de uno de los relatos de Wolfang Borchert que repitió, con voz ronca, uno de los viajeros en el tren de cercanías, al caer la tarde: "Están en el aire. En la noche. Oh, están en la noche. Por eso no hay quien duerma. Solo por eso. Ahí están pura y simplemente las voces, créanme, no son más que las voces". Llegamos a la estación indicada. Descendemos. Es Noviembre. Miramos alrededor temblando entre la niebla y las calles están vacías y sin deseo. Aunque se oyen murmullos viejos, sabidos por repetidos. Porque sí, "son los muertos, los muchos, muchos muertos que no saben adónde ir". Lo imaginamos. Y el caso es que continuamos con nuestro viaje a sabiendas de que, estemos donde estemos, no nos dejarán encontrar la calma ni soñar con mundos mejores, pues aún vivimos.
jueves, 11 de noviembre de 2010
La canción gris-roja-verde de la gran ciudad
Bocas rojas, que arden desde sombras grises,
arrullan una dulce patraña.
Y la luna sonríe de verde dorada
a través de un haz de niebla.
Calles grises, tejados rojos,
y en medio una luz verde.
De camino a casa, vocea un borrachín tardío
de cara rugosa.
Piedra gris y sangre roja...
Mañana temprano todo irá bien.
Mañana pasará volando una hoja verde
sobre una ciudad gris.
Wolfang Borchert, Obras completas (Traducción y epílogo de Fernando Aramburu), Laetoli, 2oo7.
arrullan una dulce patraña.
Y la luna sonríe de verde dorada
a través de un haz de niebla.
Calles grises, tejados rojos,
y en medio una luz verde.
De camino a casa, vocea un borrachín tardío
de cara rugosa.
Piedra gris y sangre roja...
Mañana temprano todo irá bien.
Mañana pasará volando una hoja verde
sobre una ciudad gris.
Wolfang Borchert, Obras completas (Traducción y epílogo de Fernando Aramburu), Laetoli, 2oo7.
miércoles, 10 de noviembre de 2010
Sesión continua
Un buen día decidí, inapelable a la par que categóricamente, quedar con una muchacha para ir al cine. Poseía una gran belleza que dejaba sin aliento. Su perfección y su belleza recordaban a las de una estatua.
Entramos a ver una película dirigida por Fritz Lang. Era de esas pelis antiguas, saben, de ésas en blanco y negro en que hay muchos tiros y mucha intriga.
Pero por desgracia antes del final se estropeó la cinta. Entonces prendieron de súbito las luces de la sala —éramos muy pocos los asistentes—. —No es culpa de ellos—pensé. Apareció un hombre que, sin apresurarse, nos contó el final de la película “por razones técnicas”, nos dijo.
Salimos a la calle. Pese a todo me sentía feliz, y tras una breve reflexión, sugerí con timidez:
—¿Tomamos algo?. Pero no me respondió.
Acto seguido se apagaron las luces de las farolas en la calle incierta. Ella desapareció huyendo hacia Dios sabe dónde. Y una voz de ultratumba vino sin prisas a explicarme lo que uno, al fin y al cabo, ya temía...
martes, 9 de noviembre de 2010
Las horas de insomnio
1
Está a mi lado,
sentada en una cómoda,
la madrugada.
2
Le pregunté:
¿Vendrás a molestarme
todas las noches?
3
Cualquier París,
intangible y volátil,
es un perfume.
4
Sin ti, sin mí
el sol nace y se apaga.
Y soy consciente.
5
En un oasis
de bosque o arboleda
ni una hoja.
6
Solo la flor
que se derrama fiel
es flor total.
7
Ventana abierta.
Noviembre se ha instalado
en los parterres.
8
En el avión
debajo de nosotros,
cielo encauzado.
9
Me veo allí
desde donde ahora
estoy de nuevo.
Está a mi lado,
sentada en una cómoda,
la madrugada.
2
Le pregunté:
¿Vendrás a molestarme
todas las noches?
3
Cualquier París,
intangible y volátil,
es un perfume.
4
Sin ti, sin mí
el sol nace y se apaga.
Y soy consciente.
5
En un oasis
de bosque o arboleda
ni una hoja.
6
Solo la flor
que se derrama fiel
es flor total.
7
Ventana abierta.
Noviembre se ha instalado
en los parterres.
8
En el avión
debajo de nosotros,
cielo encauzado.
9
Me veo allí
desde donde ahora
estoy de nuevo.
lunes, 8 de noviembre de 2010
La disculpa
"Empujar a alguien y, sin pedir una disculpa, separarse, ¡Cuánta grosería hay en este gesto! Recuerdo a Heine que, cuando llegó a París, buscaba ser empujado únicamente para oír la disculpa". (Marina Tsvietáieva).
domingo, 7 de noviembre de 2010
17
En el tren de la mañana, a las 8:30, el tiempo se deshace en tres palabras: pasajeros, rutina, bostezos.
Lluvia
Me levanté a eso de las once. Sombría luminosidad. Viento y frío. Fuera llueve. Dentro también. "La lluvia es una cosa / que sin duda sucede en el pasado" decía Borges en un soneto. Y yo continúo pensando con Saray en nuestro París principal, y me adhiero a la humedad de los recuerdos sabiendo que el porvenir será hoy.
sábado, 6 de noviembre de 2010
16
En mí hay muchas ciudades. Pero mi ciudad principal es París. En mí hay muchos ríos pero mi río principal es el Sena.
Habita en nosotros
Marguerite Yourcenar, al hablar de su estancia en un hotel de Tokio, nos dice: "En esta habitación trivial, sin lazo alguno con el pasado (y por esa razón se es más uno mismo), en medio de un día o de una noche cualquiera, ocurre este milagro de repente, esa gracia que a veces desciende: no un instante de felicidad, pues la felicidad no se cuenta por instantes, sino la conciencia repentina de que la dicha habita en nosotros."
Marguerite Yourcenar, Una vuelta por mi cárcel, Ediciones Alfaguara, 1993.
viernes, 5 de noviembre de 2010
jueves, 4 de noviembre de 2010
Desgarradura
"Existir es un plagio".
"En el Zoo, todos los animales se comportan decentemente salvo los monos. Se nota que el hombre no anda muy lejos".
"Eternidad. Me pregunto cómo he podido articular tantas veces esta palabra sin perder la razón".
"Enviar un libro a alguien es cometer una efración, un allanamiento de morada; es usurpar su soledad, lo más sagrado que posee, y obligarle a renunciar a sí mismo para que piense en pensamientos ajenos".
"Estar cansado no solamente de lo que se ha deseado sino de lo que hubiera podido desear. De todo deseo posible, en realidad".
"No, el aire no me falta, pero no sé qué hacer con él, no entiendo por qué debo respirar..."
"Todo es nada, incluso la conciencia de la nada".
"Más aún que en el poema, es en el aforismo donde la palabra es dios".
E. M. Cioran, Desgarradura, Editorial Tusquests, 2oo4.
miércoles, 3 de noviembre de 2010
Al mismo tiempo
Moritz Hermann: "Nadie se conocerá a sí mismo mientras solo sea uno mismo y no, al mismo tiempo, otra persona".
El encuentro
"Por la mañana desayuné en un pequeño bar", nos dice Zbigniew Herbert, "fresco como una bodega. Enfrente de mí se había sentado un hombre de cabello gris, sin afeitar, de ojos achinados, cuya postura me recordaba a la de un boxeador retirado. Me recordó al Hemingway que conocía de las fotografías, pero resultó que era Ezra Pound (me lo comentó lleno de orgullo el propietario del local). La persona adecuada en el lugar adecuado. El hombre impulsivo se habría encontrado perfectamente a gusto en compañía de los Baglioni".
Zbigniew Herbert, Un bárbaro en el jardín, Acantilado, 2o1o.
martes, 2 de noviembre de 2010
Urgencia de lo mejor
Si admiro tanto a John Cheever es por aseveraciones como ésta: "¿Qué debo evitar? Lo artificial, lo que carezca de vitalidad".
lunes, 1 de noviembre de 2010
La mosca
Me estaba molestando una mosca. Yo la espantaba, pero ella volvía, así que la volvía a espantar. Finalmente me dijo:
-Conque no, ¿eh? Vale, esperaré a que...
Se apartó un poco y se posó sobre un perro muerto.
-¿A qué?-pregunté.
No contestó. Y yo no insistí, temiendo conocer ya la respuesta.
Stawomir Mrozek, La mosca, Acantilado, 2oo5.
domingo, 31 de octubre de 2010
Por mi lago de tedio
1
Tarde de fuego.
Briznas de nubes fluyen
dirección sur.
2
Desde que estás
los bosques y los árboles
me traen tu olor.
3
En el asilo
un hombre envejecido
es cosa triste.
4
Esparce el mar
las olas por la arena.
El sol ya pálido.
5
Ante mis ojos
algarabía y luz.
No, es París.
6
El árbol quiere
desesperadamente
salir corriendo.
7
Tiemblan las hojas
en murmullos de plata.
Voz agradable.
8
En la ventana
miro a mi alrededor.
Todo está lejos.
9
Sobre Astillero
el cielo es una loma
que nos abriga.
10
Cuento los días
que pasan y yo paso.
Vitalidad.
Tarde de fuego.
Briznas de nubes fluyen
dirección sur.
2
Desde que estás
los bosques y los árboles
me traen tu olor.
3
En el asilo
un hombre envejecido
es cosa triste.
4
Esparce el mar
las olas por la arena.
El sol ya pálido.
5
Ante mis ojos
algarabía y luz.
No, es París.
6
El árbol quiere
desesperadamente
salir corriendo.
7
Tiemblan las hojas
en murmullos de plata.
Voz agradable.
8
En la ventana
miro a mi alrededor.
Todo está lejos.
9
Sobre Astillero
el cielo es una loma
que nos abriga.
10
Cuento los días
que pasan y yo paso.
Vitalidad.
sábado, 30 de octubre de 2010
Utopía
Una mañana temprano, taciturna mirada del sol. La noche cenicienta había vuelto a dejar una alfombra amarilla como recuerdo. Más tarde vendría un empleado a barrerla y renovaría su olvido.
Yo deambulaba; en dirección a mí caminaba por casualidad una mujer. ¿Qué la perturbaba? La conocía hacía mucho, aunque de lejos. La había visto en un banco, en una plaza o en el tren. Pero quién sabe, quizá fuese la última posibilidad de que volviéramos a encontrarnos. Vestía con elegancia y caminaba pausadamente con los ojos muy abiertos; para bien o para mal paseaba los pies cansados entre la hojarasca. ¿Para oír el crujido de las hojas? Yo la seguía de lejos, pero lo sentía sin oírlo.
Ella caminaba en una dirección, yo en la contraria. Pasó por mi lado, yo pasé por su lado, los dos nos detuvimos ante un jardín en que había un café. La veía parada, siempre imponente. Entro, confuso. Ella entra profunda y melancólica.
Nos sentamos aunque separados en la misma mesa. No hablamos mucho ella y yo. Pero es como si tuviera que decirle una palabra, y me faltara esa palabra. Tomo un café. Ella sorbe un té con limón. Casi ninguna diferencia. Yo escucho voces y sonrisas entre el bullicio. Ella escucha también y son los mismos pensamientos lo que oye, quiero decir los mismos que yo, curioso. Estaba anocheciendo. —Debo irme—dije con cautela—. Salimos del café sin decir palabra. Su rostro es afligido como el mío. Entonces me alejo, ella se aleja. Con paso lento y la cabeza alta camina adelante como en un desierto. Y yo tras ella.
viernes, 29 de octubre de 2010
Avenidas de la memoria
En la Avenida Mazarredo, donde está el Guggenheim, cuando los ruidos de la calle hablan alto y el tiempo es de un azul luminoso, cuídate de la dulzura de las cosas.
jueves, 28 de octubre de 2010
Relaciones y soledades
"Mientras soñamos, ¿no seremos fantasmas en los sueños de los otros?".
"Cuando el odio se acobarda, sale a la calle enmascarado y se hace llamar justicia".
"¿Tu enemigo? El que habla mal de ti, aun sin creerse en el fondo lo que dice. ¿Tu amigo? El que le escucha atentamente y piensa: Algo de eso hay".
"Amar a una persona: por cada risa, siete lágrimas".
"El oído de la humanidad tiene una particularidad: no percibe las voces, solo los ecos".
"Cuando ya hayamos llegado a la meta, seguiremos creyendo que estamos de camino. El último error de la humanidad".
"Lo que llamamos personalidad de artista es la suma de los obstáculos que el artista debe superar para poder crear su obra".
"Si agitas un aforismo, caerá una mentira y quedará una banalidad".
Arthur Schnitzler, Relaciones y soledades (Edición de Joan Parra), Edhasa, 1998.
miércoles, 27 de octubre de 2010
Saltar del tren
Comparto los pensamientos de Zbigniew Herbert en Un bárbaro en el jardín: "¿Qué es para mí este libro? Una colección de apuntes. El relato de mis viajes. En primer lugar, un viaje real por ciudades, museos y ruinas. En segundo lugar, un viaje a través de los libros que tratan sobre los lugares visitados. Dos visiones, o dos métodos, que se entrelazan".
Aunque si alguien me preguntase cómo compongo un libro, diría algo no muy distinto de lo que dejó dicho Lope de Vega en La Dorotea:
-Leyendo,
y lo que leo imitando,
y lo que imito escribiendo,
y lo que escribo borrando,
de lo borrado escogiendo.
Siempre intentando, exaltado y sereno, saltar del tren en el momento preciso.
martes, 26 de octubre de 2010
Lo bastante viejo
Emocionante en "¡Oh, esto parece el paraíso!" la descripción cargada de poesía que su autor hace del anciano protagonista, un tal Lemuel Sears: "Era lo bastante viejo como para recordar la época en que los horizontes de su país estaban dominados por los bellos olmos en forma de copa y la mayoría de las bañeras en que uno se metía tenían patas de león. Era lo bastante viejo para recordar la promesa de los viajes en dirigible, y nunca olvidaría haber entrado a paso de marcha en una de las ciudades capitales del Sacro Imperio Romano".
Y uno que está y envejece, y trata de encontrar calma, sueña con que vuelvan los bellos olmos a cubrir la tierra, secos de sed por dentro y verdes de esperanza por fuera.
John Cheever, ¡Oh, esto parece el paraíso!, Ediciones Alfaguara, 1984.
domingo, 24 de octubre de 2010
Muerte, de Ryszard Kapuscinski
Está aquí al lado
anda por aquí
no para de dar vueltas
siempre en movimiento
con su propia lista de direcciones
tiene un corazón fuerte
no se queja del cansancio
no se deprime
no tiene tiempo para la hipocondría
un dechado de salud
tiene una vista perfecta
no se puede contar con que no sé dé cuenta
tiene una memoria formidable
no hay que esperar que puede que se olvide
es aplicada
se concentra
es muy precisa
la perfección desde todos los puntos de vista
Ryszard Kapuscinski, Poesía completa, Bartlevy Editores, 2oo8.
anda por aquí
no para de dar vueltas
siempre en movimiento
con su propia lista de direcciones
tiene un corazón fuerte
no se queja del cansancio
no se deprime
no tiene tiempo para la hipocondría
un dechado de salud
tiene una vista perfecta
no se puede contar con que no sé dé cuenta
tiene una memoria formidable
no hay que esperar que puede que se olvide
es aplicada
se concentra
es muy precisa
la perfección desde todos los puntos de vista
Ryszard Kapuscinski, Poesía completa, Bartlevy Editores, 2oo8.
Escépticos y optimistas
“Me encantan tus frases sobre el amor. Yo me siento identificada con esas frases”, me dice una amiga sonriente tras entrar varias veces en mi blog. “El amor humano más duradero es el amor no duradero”, me digo yo para mis adentros.
sábado, 23 de octubre de 2010
viernes, 22 de octubre de 2010
En casa
Estoy empezando "Oh, esto parece el paraíso", de John Cheever. Un libro extraordinario del gran novelista estadounidense. Terminaré sus Diarios, después de haber leído "Juegos de azar" de Stawomir Mrozek, con gran provecho, según creo.
jueves, 21 de octubre de 2010
El secreto
Stefan Zweig, El mundo de ayer (Memorias de un europeo), Acantilado, 2oo1.
miércoles, 20 de octubre de 2010
La lluvia
"Un día llegó el cartero vestido con un chubasquero de goma. Las cartas habían quedado flácidas como pañuelos mojados.
—Todo está empapado—dijo—, llega reblandecido.
Resultaba imposible leer nada. Seguramente, las palabras se habían disuelto antes de ser escritas. Entonces perdimos la esperanza definitivamente".
Andrzej Stasiuk, El mundo detrás de Dukla, Acantilado, 2oo3.
martes, 19 de octubre de 2010
Vista cansada
1
Entre la gente
se para el pensamiento.
Fragua la luz.
2
Llega la noche
y la luz es espesa
como la sangre.
3
Hoy se derrama
por la Plaza Mayor
toda la inercia.
4
Ya para siempre
en la tarde de agosto.
Aquí estaré.
5
En la penumbra
las estrellas eléctricas
susurran lejos.
6
Mientras soñamos
¿no seremos fantasmas
en otros sueños?
7
Sombra de hombre.
Las ranas asustadas
casi bucean.
8
Doy una vuelta
a través de la vida.
Vista cansada.
9
Calor punzante.
Sin sentirse la brisa
pasa de largo.
10
La brisa pasa
mientras trae el olor
de horas muertas.
Entre la gente
se para el pensamiento.
Fragua la luz.
2
Llega la noche
y la luz es espesa
como la sangre.
3
Hoy se derrama
por la Plaza Mayor
toda la inercia.
4
Ya para siempre
en la tarde de agosto.
Aquí estaré.
5
En la penumbra
las estrellas eléctricas
susurran lejos.
6
Mientras soñamos
¿no seremos fantasmas
en otros sueños?
7
Sombra de hombre.
Las ranas asustadas
casi bucean.
8
Doy una vuelta
a través de la vida.
Vista cansada.
9
Calor punzante.
Sin sentirse la brisa
pasa de largo.
10
La brisa pasa
mientras trae el olor
de horas muertas.
lunes, 18 de octubre de 2010
Otros mundos
En Fantasmas hospitalarios entra mucha gente —me comenta un compañero de Facultad—. —Pronto tendrás más entradas que García Martín en Crisis de Papel, añade. Al llegar a casa, solo y tranquilo, charlo con dos viejos amigos. Pessoa, con una tristeza de voz alta, me dice: "¡Cuántas veces yo mismo, que me río de semejantes seducciones de la distracción, me encuentro suponiéndome que sería bueno ser célebre, que sería agradable ser halagado, que sería brillante ser triunfal! Pero no consigo visualizarme en esos papeles de cima sino con una carcajada del otro yo que tengo siempre cerca como una calle de la Baja". A ésto, otro amigo, Goethe, le replica: "Las condecoraciones y los títulos evitan muchos empujones en las aglomeraciones". Y uno, que vive en Marte donde no existen aglomeraciones, y es más partidario de Pessoa que de Goethe, piensa que el mundo sigue siendo mundo, con pasajeros o sin ellos.
domingo, 17 de octubre de 2010
Detrás de Dukla
Es, a fin de cuentas, agotador extraviarse hacia el sentido de las cosas. El silencio deja de respirar, y yo lo siento como tal. Continúo leyendo “El mundo detrás de Dukla” de Stasiuk, un libro excepcional, eterno y luminoso al mismo tiempo.
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